Economía

La ONU vota redactar una regulación para la reestructuración de deudas soberanas

Para especular con reglas claras

Por iniciativa del gobierno argentino, que enfrenta una crisis de deuda debido al fallo del juez Thomas Griesa que favorece a los fondos buitre, la ONU votó la propuesta de redactar un marco jurídico multilateral para los procesos de reestructuración de deuda soberana.

Pablo Anino

@PabloAnino

Miércoles 10 de septiembre de 2014 | Edición del día

Este martes 9 de Septiembre la ONU debatió y votó la propuesta de iniciar la redacción de un marco jurídico para la reestructuración de deudas soberanas. El debate se realizó entre los 195 países que conforman el organismo a partir de la iniciativa que impulsó el gobierno argentino a través del G77+ China. Hubo 124 votos a favor, 11 en contra y 41 abstenciones. Japón y Estados Unidos estuvieron entre los que votaron en contra. La votación es una instancia es previa a la inauguración del 69° período de sesiones de la Asamblea de Naciones Unidas que tendrá lugar el próximo 24 de septiembre con la presencia de Cristina Fernández de Kirchner.

Antes de viajar a Nueva York la presidenta pasará por Roma para almorzar con el Papa Francisco, que apoya la iniciativa de regular al capital financiero. La intención sería lograr que los nuevos mecanismos de reestructuración de deuda se terminen de establecer durante el nuevo período de la Asamblea que se iniciará el próximo 24.

Las futuras reestructuraciones de deuda corren el riesgo de verse afectadas por el fallo de Griesa que intima al gobierno argentino a pagar a los fondos buitre la totalidad del valor nominal de unos bonos que compraron por monedas. Buscando garantizar el pago a los buitres, el juez neoyorquino impidió que Argentina haga efectivo el pago de la deuda reestructurada en los canjes de 2005 y 2010 y que tiene como sede de pago a Nueva York.

Los fondos que litigan contra Argentina representan el 1% de los bonistas afectados por el default de 2001 mientras el 93% de los tenedores de bonos aceptó los canjes. La mayoría de los especuladores que aceptaron entrar ganaron un 300%, como reconoció la presidenta de la Nación. Es que al igual que los buitres que no ingresaron, los bonistas que sí lo hicieron habían comprado los títulos devaluados: al 5% o 10% del valor nominal, por lo cual a pesar de la quita que se les aplicó terminaron sacando un gran rédito. A eso se sumaron otros beneficios como el cupón PBI que aplicaba pagos adicionales en función del crecimiento de la economía.

La nueva regulación que se redactará en la ONU buscará que para las reestructuraciones se aplique un mecanismo de mayorías buscando limitar las posibilidades que un grupo minúsculo de bonistas pueda poner en jaque una reestructuración de deuda aceptada por una mayoría, como ocurre hoy con Argentina. Además, el fallo de Griesa puso en cuestión a la plaza de Nueva York como sede de pagos de los especuladores del mundo y concitó un gran rechazo.

Economistas “prestigiosos”, diarios financieros del mundo y el propio FMI, aun despotricando varios de ellos contra el “populismo” kirchnerista, se pronunciaron a favor de Argentina denigrando el fallo de Griesa. Es que el juez favoreció a los “halcones” del capital financiero, los buitres que juegan más al extremo. Argentina es un caso en un contexto de crisis mundial que tiene a muchos países fuertemente endeudados. Hay una puja entre sectores de las finanzas y plazas financieras que compiten entre sí.

Por eso la crisis de la deuda despierta solidaridad de los ciertos “amigos imperialistas”. Lo que rechaza un sector de las finanzas es que una minoría pueda jaquear a una mayoría que acepta renegociar cuando hay default.

El gobierno utiliza esos apoyos para obtener una resolución favorable en la ONU. Son apoyos simbólicos que probablemente no tengan incidencia sobre el fallo Griesa, sino que incidan en futuras reestructuraciones. Si bien para el gobierno argentino es un triunfo diplomático que le puede otorgar algo de aire en medio de la crisis de deuda y con la economía en recesión, los nuevos mecanismos para reestructuración de deuda no apuntan a un repudio de la ilegitima deuda externa ni a un enfrentamiento con el capital financiero internacional, sino a que existan reglas claras para que “nobles ciudadanos” puedan especular sin riesgos con las deudas soberanas.







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