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Para los pibes, la represión

El nuevo protocolo que impide las manifestaciones es una legitimación a las represiones acometidas contra la lucha de los trabajadores y la juventud.

Sábado 20 de febrero de 2016 | Edición del día

Fotografía: Vierja Ph // Enfoque Rojo

No es casual que la juventud sea con frecuencia el rostro de los asesinados por la represión. Pero también la juventud pudo ser el catalizador para forjar una unidad junto a los trabajadores en las calles para enfrentarla.

Desde que asumió Cambiemos es claro que las fuerzas de seguridad y policía de todo el país se envalentonaron no por motus propio, sino porque fue la línea política e ideológica desde el vamos. Los primeros ejemplos empezamos a ver en Jujuy con la criminalización de la protesta, Catamarca, tirando a mansalva contra chicos de la murga en Buenos Aires, el desalojo brutal en Merlo y el asesinato de Oscarcito en esa misma localidad, así como las bandas fascistas en Mar del Plata, por nombrar algunas muestras.

Patricia Bullrich con la implementación del nuevo protocolo para desalojar cualquier manifestación social busca avanzar decididamente contra el derecho a la protesta, encabezando la aplicación de las represiones a los cortes y manifestaciones que hace años diferentes sectores amagaron con implementar, algunos ya lo hacían de hecho, como vimos en la Panamericana de Berni contra los trabajadores de Lear.

Para tener éxito en esta empresa, el gobierno nacional junto a los provinciales –ya que no es sólo el macrismo, sino también el FpV como pudimos ver en Santa Cruz- necesitan avanzar sobre una relación de fuerzas ya que el accionar represivo fue tan brutal en nuestro país que sigue siendo repudiado por grandes sectores de la población, como vimos en diciembre el caso de Cresta Roja.

Este conflicto ilustra con claridad la política de precarización laboral que profundizo el kirchnerismo durante 12 años afecta a los jovenes trabajadores. Las condiciones de tercerización laboral, como ser contratados permanentes, son las que ahora facilitan el trabajo sucio del macrismo que ataca con despidos. En particular, la juventud ha sido, fue y será uno de los principales objetivos del avance represivo, junto a los trabajadores.

Rosariazo y Cordobazo: la juventud en los 70

Uno de los hechos más emblemáticos de nuestra historia, que mostraron la unidad de obreros y estudiantes desafiando al gobierno dictatorial militar de Onganía fue el Cordobazo.

El Cordobazo marcó la apertura de un proceso revolucionario en la Argentina, donde las grandes acciones de los trabajadores junto al desarrollo importante de una vanguardia en la juventud fueron las protagonistas, obligando a la burguesía, luego del fallido desvío con la vuelta de Perón, a exterminarlas a sangre y fuego con la Triple A y el terrorismo de Estado instaurada por la dictadura de Videla.. Sus principales objetivos fueron fundamentalmente los obreros organizados, y la juventud: un movimiento estudiantil muy efervescente y combativo; una combinación que les podía dar por tierra con sus planes.

No fue suficiente con 30.000 desaparecidos, la mayoría de ellos eran jóvenes trabajadores que no superaban los 25 años de edad –aunque algunos protesten contra esa cifra ahora, no hacen más q hundirse en la humillación de ganarse todo tipo de repudios-. Esta dictadura, ya enclenque en su último año, muestra nuevamente su objetivo mandando especialmente a los jóvenes y de bajos recursos económicos, como carne de cañón en la sangrienta Guerra de Malvinas.

Pero no es sólo bajo dictaduras militares y bandas fascistas que el aparato represivo del Estado se cobra sus muertos entre las filas de los más jóvenes. La denominada "vuelta a la democracia" no implicó que los jóvenes dejaran de ser el objetivo predilecto de las fuerzas represivas, así como contra los trabajadores que luchaban contra la mega desocupación que azotó en los ’90.

La “década ganada” que no fue para los jovenes asesinados por luchar

La salida del gobierno de la Alianza, integrada por el mismo radicalismo que hoy forma Cambiemos, producto de la crisis de Diciembre 2001 no impidió que el régimen peronista provisorio tomara la iniciativa de volver a reprimir brutalmente los piquetes, de la mano de Duhalde y Aníbal Fernández. Los asesinatos despiadados de Darío y Maxi por parte de la Federal conmovieron un repudio muy sentido en todo el país, más aún por el intento de encubrimiento “se mataron entre ellos” o “la crisis causó dos nuevas muertes”. Era fresco el recuerdo en las ciudades. Donde se venía de encontrar la unidad en las calles entre clase media en crisis y clase obrera desocupada en los piquetes y asambleas.

Las jornadas del 19 y 20 de diciembre, dejaron más de 40 muertos a causa de la represión (ver Bullrich), y junto al asesinato de Maxi y Darío fueron factores que, unidos a la deslegitimación de las fuerzas armadas provenientes del terrorismo de Estado, lograron una relación de fuerzas que repudia la represión a la protesta social.

Aunque quisieron imponer que fue el “gobierno de los ddhh” entre los asesinados en represiones los casos que más resonancia tuvieron, desmintieron este discurso. El maestro Carlos Fuentealba, asesinado en la ruta de Neuquén por las fuerzas de Sapag que reprimieron a los docentes en lucha. Luciano Arruga, que se negó a robar para la policía bonaerense y por ello fue torturado y desaparecido durante años para luego encontrarlo asesinado. La lucha su aparición puso en la escena nacional la cantidad de pibes en los barrios víctimas de gatillo fácil, y la impunidad que rodea a las malditas Policía Federal, Bonaerense y provinciales sin excepción desde hace décadas.

Mariano Ferreyra, militante trotskista del Partido Obrero, asesinado por la burocracia sindical de Pedraza, con la complicidad de la policía y el Ministerio de Trabajo, por luchar contra la tercerización laboral, uno de los pilares estructurales del “modelo kirchnerista”.

La muerte de Mariano fue una noticia que conmovió nacionalmente, siendo un joven militante universitario que se aliaba en la lucha a los trabajadores, abrazando la causa de la revolución comunista, despertó una profunda indignación en decenas de miles de personas, especialmente la juventud y trabajadores, que llenaron las calles repudiando un hecho que significaba una crisis sobre el gobierno de Néstor.
Hubo más represiones, más heridos, más caídos en luchas como Lear o como el pueblo Qom de Formosa. Pero estos rostros son algunos de los que marcaron a fuego dos generaciones de la juventud, muertes que sentimos de nuestra clase, de nuestros compañeros de lucha, que nos hicieron salir más convencidos a enfrentar a la clase dominante y sus perros guardianes.

Tomar las calles, junto a los trabajadores: su miedo, nuestra fuerza

La juventud a través de la historia reciente en nuestro país fue catalizadora de grandes movilizaciones populares, que unieron a trabajadores, sectores populares y estudiantes para enfrentar patrones, gobiernos y represores, demostrando por qué buscaban reprimirnos y considerarnos el “enemigo interno”: es la unión que puede y debe torcerles el brazo.

Los rostros de los principales casos de muertos en represión que conmueven masivamente fueron son y serán de pibes como nosotros, por laburantes, por reclamar derechos de los trabajadores, por pobres, por militar políticamente contra este sistema. Buscando debilitarnos, no lo han logran, ni con el exterminio de una generación entera, porque aca estamos para seguir la pelea, y hoy cada represión tiene la potencialidad de impulsar movilizaciones enormes, que se graban en la historia de nuestro país y se suman más a levantar estas banderas codo a codo con nosotros.

Ahora cuando salimos a las calles contra cada intento de represión, contra el protocolo de Bullrich, el Código Penal de Onganía q la legitima, lo hacemos con la fuerza de mantener en la memoria a los caídos por luchar -de los cuales solo mencionamos unos ejemplos- entendiendo que son ellos los que tienen miedo de la gran pelea que les podemos dar, la unión de trabajadores, la juventud, las mujeres y todos los sectores populares. Y triunfar.

El próximo 24 de Febrero vamos a enfrentar los despidos con el paro nacional convocado desde ATE para nuclear todos los sectores que están siendo afectados con despidos en el sector público y privado, la devaluación y el tarifazo que licúa nuestro salario, el techo a las paritarias que quieren pactar, y rechazando con miles en las calles la implementación del protocolo para reprimir las manifestaciones.

A 40 años del golpe genocida del ‘76 vamos a marchar contra la impunidad de ayer y de hoy, por los 30.000 desaparecidos y contra la vuelta de la “teoría de los dos demonios”, llenemos las calles contra el cercenamiento al derecho a la protesta, la criminalización de la protesta, la represión a las manifestaciones y a la juventus, y enfrentemos el ajuste que quiere descargar el macrismo sobre los trabajadores, la juventud, las mujeres y los sectores populares.







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