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Piazzolla, los años del tiburón: un material inédito del archivo familiar

El documental de Daniel Rosenfeld hace un retrato del gran músico con material inédito e íntimo familiar. Fue estrenado el 30 de agosto y aún puede verse en salas.

Gustavo Grazioli

@Discolo1714

Domingo 9 de septiembre de 2018 | Edición del día

A partir de la serie televisiva Los Simuladores, la cual tuvo su fecha de estreno en los primeros años del convulsionado cambio de milenio, la música de Astor Piazzolla logró conectar con el nuevo siglo. El director de la serie y de la exitosa película Relatos Salvajes, Damián Szifron había decidido que la música de estos capítulos, que se ajustaron a dos temporadas, provenga del disco Persecuta (1977). Gracias a esa decisión, consagró a una escucha más popular los temas Cite tango – que ofició de cortina del programa – y Pia Sol La Sol.

Con este disparador como excusa, en la escalada de seguir tras los pasos de un artista que rompió estructuras, se desprende un documental que teje el universo de Piazzolla. Daniel Rosenfeld, responsable de la dirección de Piazzolla, los años del tiburón, abre el archivo familiar del bandoneonista y desnuda a una de las personalidades que más detractores supo ganarse en el tango. A través de un material que se nutre de los diálogos grabados en cinta por su hija Diana, más el anecdotario de su hermano Daniel y las distintas grabaciones que logró obtener el director, se construye una hora y media de película que se podría describir como una especie de Piazzolla x Piazzolla.

“Si no puedo tocar más el bandoneón es que no puedo sacar más un tiburón y viceversa: si no puedo sacar más un tiburón no puedo tocar más el bandoneón. Tengo que sacar una fuerza impresionante para las dos cosas”, dice la voz en off de Piazzolla, enmarcada en un primer plano que muestra la cinta desde donde salen disparados aquellos diálogos íntimos de padre a hija, que tenían como fin un libro biográfico que nunca llegó a escribirse porque Diana falleció antes de hacerlo. El trabajo de Rosenfeld pone a disposición del lego y del tangófilo no solo los secretos musicales. Desde esta comparación que Piazzolla hace entre el tango y la pesca, se deja entrever su amor por la caña y la carnada, con la cual tuvo grandes momentos en las costas del Atlántico.

El cineasta y productor, hace eje en artistas que padecen la incomprensión en su país de origen y consiguen éxito en Europa. El antecedente en su filmografía que podría versar en esta categoría de “músicos por fuera del canon” es del año 2000. Allí su debut como director con Saluzzi, ensayo para un bandoneón y tres hermanos. Pero bien: en lo que refiere a Los años del tiburón, lo que se ve son las características de un artista que tuvo que lidiar con las duras críticas de la ortodoxia tanguera en cuanto a su ritmo, melodía y orquestación. Ni a un taxi se podía subir. Cuenta que en uno de sus regresos al país, un chofer lo reconoció y se bajó del auto al grito de “usted es un comunista”. En medio de esa verba desenfrenada que lo ninguneaba por su cantidad de arreglos y su falta de empatía con aquellos que disfrutaban de bailar la música del 2 x 4, el autor de Libertango y Adiós Nonino, entre otros, no claudicó a sus muestras de compositor de excelencia y se terminó sellando justicia sobre su nombre, envuelto en lágrimas, cuando un Teatro Colón repleto terminó en plena ovación.

Rosenfeld, sin entrar en una posición crítica sobre Piazzolla, cuenta los distintos pasajes de una vida que se construyó a base de rigideces por parte de un padre – Nonino – que le cultivó su pasión por el estudio y la música (ayudado por algunas palizas). Se ordena el archivo familiar y el material audiovisual a disposición, se atan los hilos de una historia que, según cuenta, lo tiene a Astor pululando y peleando con algunos bravucones de la ciudad de Nueva York o poniendo sus pies en Paris. También aparecen sus momentos con Carlos Gardel y se lo ve muy jovencito, actuando como canillita en la película El día que me quieras. Reconocido por “El zorzal criollo” como un buen ejecutante del bandoneón, no lo impide salvarse de sus críticas. “Tocas muy bien pero para los tangos pareces un gallego”.

El anecdotario está signado por rupturas, formaciones que pasaron de quinteto a octeto y por un carácter que se distinguía por ser mordaz y un tanto ególatra. Algunas de sus rabietas le valieron años de silencio con su hijo Daniel y algunos intercambios con su hija Diana, que nunca le perdonó que se haya sentado a almorzar con Jorge Rafael Videla. Ni tampoco aceptó ser portadora de apellido para gozar de beneficios.







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