Cultura

9º MUESTRA DOCA

Pibe Chorro, construir una nueva imagen

Hoy, jueves a las 21hs en el Cine Gaumont, se proyectará “Pibe Chorro” abriendo oficialmente la “IX Muestra DOCA”. Hablamos con Andrea Testa, directora del documental y Gloria Viedma, parte del equipo de investigación y producción.

Jueves 19 de noviembre de 2015 | Edición del día

“Pibe Chorro” empieza con un plano general de una televisión perdida en un espacio vacío. Allí se emiten, pareciera que hace mucho tiempo, las imágenes de un joven pobre que ya, desde el montaje, la música y el tratamiento característicos de “Policías en acción” está catalogado como “chorro” y peligroso. La sociedad del espectáculo, y vaya si ese programa televisivo es un fiel representante, nos cataloga y ubica en lugares fijos y estancos. “Pibe chorro”, ya desde su nombre provocador, busca interpelar a esas construcciones que no pertenecen únicamente al pensamiento conservador, sino que también nos atraviesan como parte de la sociedad.

Es curioso, porque luego de ver “Pibe chorro” y su propuesta de collage donde conviven la imagen fílmica en 16mm, el video HD, el mini DV y las grabaciones de celular; donde habita la poesía, el dibujo, las entrevistas callejeras (en un radical foco invertido, es decir poniendo el foco no en los rostros sino en el contexto), y los seguimientos de personaje; nos parece haber accedido a una verdad mucho más profunda (por compleja) que la que TV nos muestra siguiendo de manera hiperrealista a policías interviniendo en diferentes situaciones violentas. El cine, como todo arte, es una experiencia estética y el acercamiento a la verdad se logra con una poética que cada film deberá abordar particularmente. La potencia del plano de la TV es justamente ese, poner en evidencia el sentido de representación de las imágenes (aún, o sobretodo, aquellas hiperrealistas) que día a día van construyendo nuestra subjetividad, para luego, a través de diferentes estrategias, repensar formas nuevas de abordar nuestra realidad.

Quien escribe, hay que decirlo, fue parte del equipo de la película como asistente de dirección. Esta entrevista, sin embargo, no parte de las certezas que puede tener quien estuvo en el proceso, sino de los interrogantes y nuevos sentidos que siempre uno encuentra con la película terminada, sentidos que incluso escapan al autor y que hacen del cine un arte siempre en movimiento.

La película se llama “Pibe Chorro”, sin embargo no muestra a chicos que delinquen, incluso casi no muestra a pibes y cuando lo hace están mediados: a través de una televisión, filmaciones en Mini DV con una textura particular, e incluso voces de chicos sin imágenes ¿A que se debió esta decisión?

ANDREA: En principio nos dimos un dogma que nos fue ayudando a ir recortando el trabajo, que era no generar imágenes que sigan estigmatizando a los chicos, por eso una de las primeras decisiones fue: no queremos ver a chicos encerrados, no queremos ver chicos en situación de pobreza, marginados, no queremos seguir alimentando esa imagen. Después nos pasó que con el grupo de chicos con el que habíamos empezado a trabajar, por el paso del tiempo y por varias situaciones que se van a ver en la película, o por lo menos quedan esbozadas en ella, se desintegró como grupo. Ahí fue cuando la realidad se interpuso en la línea narrativa y estética del documental. Y volvimos, de alguna manera, a los orígenes del proyecto: mostremos a los que estamos siempre queriendo hablar sobre esos chicos, pero no por negarles la voz a ellos, o negarles su imagen, sino porque nosotros también estamos construyendo esa imagen, ese estigma. La película, entonces, habla del concepto pibe chorro, no de los chicos que comenten delitos.

GLORIA: Fue, también, hacernos cargo de qué sector de la sociedad nosotros ocupamos y de qué manera poder contar esa historia. Y en realidad, justamente, los chicos están en el relato de los que construyen todo el tiempo esa política publica, ese estado, esa educación, ese territorio, esas medidas de lucha, y esa criminalización también.

El equipo de trabajo que eligieron para abordar el documental es un equipo interdisciplinario, hay gente que no se dedica al cine pero tiene conocimientos de la temática como trabajadores sociales y como militantes políticos y sociales, trabajando en común con otros que sí se dedican específicamente al cine. ¿Cómo nace el proyecto, cómo se conformó el equipo y cómo fue que trabajaron?

A: La idea surgió desde siempre como un trabajo interdisciplinario. En lo personal, el proyecto surgió de la violencia que me genera la liviandad con la que el sentido común trata este tema, con la liviandad que se plantea linealmente “si robó tiene que pagar” y la estigmatización con la que se condena a los jóvenes pobres. A partir de eso lo primero que pensé fue ir a buscar a mis amigas, compañeras, trabajadoras sociales para hablar sobre el tema. No surgió como: “bueno, hagamos una película”, surgió como: “¿qué podemos hacer con todo esto?”. Esto de que compañeros sean militantes me ayudó un montón a no sentirme sola, porque a veces los realizadores estamos un poco solos llevando adelante y cargando la mochila de un proyecto.

G: El aporte nuestro, como trabajadoras sociales, tenia que ver con poder conceptualizar algunas cuestiones de la niñez, poder enmarcarlo en leyes de protección vigentes, poder discutir las leyes de conflicto con la ley penal de los pibes que aun siguen vigentes y que todavía no abordan de la mejor manera la conflictividad que atraviesan los chicos. Varias son las cosas que se discuten acerca de la niñez, la adolescencia, los pibes en conflicto con la ley. No es demasiado lo que se muestra desde una óptica como la que nosotros queremos mostrar: problematizar las situaciones del contexto del cual vienen estos pibes.
Fue un proceso colectivo sumamente interesante, de pensar, de repensar, de discutir. La verdad que haber integrado un equipo de estas características me parece que nos hizo crecer a todos. A mí, particularmente, me dio la posibilidad de pensar a mediano y largo plazo, estar cinco años haciendo una película es muy distinto a la urgencia con la cual generalmente intervenimos en nuestro trabajo.

Si bien la película está enmarcada en la actualidad en un contexto social determinado, siento que hay una decisión estética, que se traduce al relato, de no definir un espacio ni temporalidades concretas. Hay una docente, un abogado, una militante pero nunca podemos definir del todo, donde están, de donde provienen. Es como si la película escapase a cierta definición coyuntural, y tratase de abordar el tema como una cuestión más epocal. ¿Lo sienten así? ¿Fue una decisión consciente?

A: Esto que decís tiene que ver con el identikit del pibe chorro que abre la película. Ese identikit que universaliza y estigmatiza ese rostro y que buscamos desintegrarlo a lo largo del film. Cuando surge esa idea del identikit nos preguntamos ¿por qué no construimos identikits de todos los personajes? Entonces ahí se decidió filmar todo en un primer plano, que sean los rostros los que hablen. Esta decisión estética generó esta descontextualización. Pero no estamos frente a entrevistas clásicas, sino que vemos a esos primeros planos en acción, se registra ese primer plano recortado en un espacio determinado, en el estudio del abogado, en la Universidad, en una reunión de delegados de una organización barrial, etc. Buscamos que la película aborde el tema desde un lugar más conceptual, más político.

La película asume el desafío de incorporar el lenguaje poético de Vicente Zito Lema al lenguaje cinematográfico. Quiero decir que no sólo trabajaron con su texto sino que también a través de los espacios que él transita o a partir de la intervención de la imagen, buscaron una plástica poética de la imagen. ¿Cómo lo pensaron?

A: Fue algo que se fue construyendo. No es que desde un comienzo dijimos: vamos con poesía. Hay una imagen que, se darán cuenta cuando vean la película, no podíamos traer al presente, ahí inevitablemente salió el lugar del arte y de la representación. Luego fue reflexionar cómo hacer para que esas poesías sean parte de la película, era difícil pensar la puesta en escena de esos textos. Lo hablamos también con Vicente que, entre otras cosas, es director de la universidad de los trabajadores del IMPA y al ver esa fábrica con espacios derruidos, nos parecía que hacía referencia a su poesía de manera sensorial.

G: Vicente tiene la capacidad construir un relato que transciende lo coyuntural y te facilita el ejercicio de la abstracción desde un abordaje filosófico e histórico más allá de la situación específica. Ese ejercicio te permite entender algo tan complejo como su primera hipótesis de que: “Los pibes nacieron muertos y por eso matan”. Si no se hiciese desde un abordaje filosófico sería difícil de entender.

A: Él, con su poesía, lleva el conflicto al lugar más crudo. A una instancia donde pareciera no haber salida, pero cuando tocamos ese fondo decimos: hay que repensar todo. Tirar todo a la mierda y volverlo a construir. Eso es lo que te moviliza de su poesía.

Pienso en lo que decía Gloria de la abstracción. Siento que la película tiene un procedimiento que va combinando cierta abstracción o teorización con lo concreto material. Empezamos con una clase universitaria y terminamos con una militante barrial en el territorio discutiendo el precio del pan y el temor de las madres de que sus hijos salgan a robar para comprar lo que ella no pueden darle. Con el tratamiento poético me pasó lo mismo: partimos de un no-lugar, un espacio derruido filmado en 16mm y hacia el final su poesía dialoga con una imagen grabada de celular de un linchamiento o, finalmente, un chico que primero es dibujado como identikit y luego se vuelve rostro. Todo se empieza a volver más material como si la película transformase esas ideas en algo vivo.

A: Ese identikit e incluso el mismo título de la película están ahí para luego desvanecerse y ¿Qué es lo que lo desvanece? La realidad. De hecho en la película hablamos de un Pibe chorro que nunca robó. Se desvanece eso concreto que todos tenemos como una construcción y surge la necesidad de decir: lo tenemos que pensar desde otro lugar, desde lo real y material. Mecha, como representante de ese último tramo del film (más material), llega a lo más hondo del tema: los pibes se están muriendo ¿de qué estamos hablando? Se están muriendo. Y ahí, la realidad tan dura, interpela al arte. ¿Cómo hacemos sentir esa realidad tan dura que se vive todos los días en un sector social del cual nosotros estamos alejados? Es difícil esto de ellos y nosotros… pero sí, hay una diferenciación social y tenemos que hacernos cargo de eso.

La película no plantea una solución a la temática. Obviamente entendemos que Mecha plantea la organización y la lucha, pero no parece haber un camino muy claro de cómo enfrentar esta situación.

A: Mecha lo dice: yo tengo en claro lo que está mal y cuáles son los enemigos, pero nos tenemos que juntar a pensar qué hacer. Siento que en la película todos los personajes pueden abrir un espacio para plantear su frustración. También lo dice Silvia, la profesora universitaria que hacía talleres en el Agote, “me parecía un fraude ir a hablarles de derechos humanos a los chicos privados de su libertad”, es decir que se replantean su propio lugar.

G: El equipo y los personajes que participan, en términos generales, opinamos que en esta sociedad no se van a resolver los problemas de los pibes de los sectores populares. Después creo que las respuestas son complejas. Necesariamente nos tenemos que plantear otra sociedad para que esta desigualdad, esta explotación, discriminación, criminalización de la pobreza, termine. La película no se plantea ser una herramienta para dar una respuesta más cerrada pero sí para interpelar a esos sectores que tienen estas prácticas de estigmatización, y apelar a otra consciencia y construcción. Y creo que también nos lleva a preguntarnos ¿Qué estamos haciendo con los pibes? ¿Por qué, como sociedad, los estamos matando? Mostrar cruelmente la realidad para que haya algún clic en la gente que pueda ver la película. Atacar la pasividad y generar reflexión y crítica.

A: Espero que la película funcione para violentar el sentido común y esos lugares pasivos que todos tenemos. Todos reproducimos esto de alguna manera. A mí me pasa, hicimos esta película pero después pienso en la realidad concreta de cuestiones que transitamos en el proceso de hacer la película y digo: me meto la película en el culo. Necesitamos violentarnos a nosotros mismos y preguntarnos ¿Cómo transformamos esto?







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