Géneros y Sexualidades

OPINIÓN

¿Por qué elegí el orgullo?

Elegí el orgullo porque no elegí y no respeto a este orden social que no nos respeta, que nos oprime.

Domingo 28 de junio de 2015 | Edición del día

Elegí el orgullo porque en la escuela católica en la que confinaron mi infancia, a las niñas se les castigaba por llevar falda enseñando las rodillas humillándolas delante de una clase de niños emocionalmente lobotomizados; y se les hacía llevar una camisa distintiva para que sus iguales, muertos de miedo, se encargaran de corregirle mediante la discriminación y el ataque, al estilo de los sambenitos que la Santa Inquisición hacía llevar a las pecadoras por las que hoy elijo el orgullo.

Elegí el orgullo porque para el sistema capitalista, la escuela es una fábrica de mano de obra barata, alienada y que reproduce los odios de la burguesía, alejando a la futura clase obrera de sus propios sueños y vidas en una absoluta violencia interior. Porque ese es el escenario en que al hablar abiertamente de la propia homosexualidad con 13 años, el orgullo que elegí estaba implícito.

Elegí el orgullo porque el acoso homofóbico que se desencadenó desde entonces ya me empujaba bastante en la otra dirección, por parte de personas enajenadas y embrutecidas que no toleraban que no interiorizara mi autoinhibición tanto como ellos hacían. Porque vi a las mujeres, inmigrantes e hijos de la clase obrera en mi mismo bando, soportando esas pesadas cargas que se empeñan en normalizar los voceros de la destructiva e hipócrita doble moral burguesa.

Elegí el orgullo porque veía como las mujeres a mi alrededor odiaban sus cuerpos, deseos y sueños, tal como manda el silencioso rol que el patriarcado impone a las mujeres, el de parias de los parias. Porque en ellas sigue el sufrimiento que implica pertenecer a esa dinastía de esclavas que necesita la sociedad de clases para pervivir. Porque vi demasiadas personas vivir una sexualidad atravesada por la represión y la condena; y porque me amarga verlas vivir una vida que no es ni suya ni vida para justificarlo. Porque esa culpa y autonegación eran caminos demasiado frecuentes, pesados y normativos.

Elegí el orgullo porque cada paso de emancipación de esas mujeres es una lágrima de alegría en los ojos de millones que dejaron la vida en ello y una palabra de ánimo para millones que continúan con esa inmensa y gloriosa tarea.

Elegí el orgullo contra la represión sexual y afectiva que vi sustentar a familias patriarcales por la fuerza que se hacen daño por obligarse a seguir la norma. Y por quienes la desafiamos.

Elegí el orgullo porque era lo que sentía al empezar a hablarle a esa misma gente de huelgas y asambleas, porque empecé a conocer el trotskismo y la militancia revolucionaria, a conocer mi propia vida más allá de la alienación y el silencio.

Elegí el orgullo inspirado por todos los insultos y los ataques, pero también por las personas trans que por buscarse a sí mismas y desafiar el sagrado y opresivo patriarcado, sufren la peor parte de la homofobia con valentía, inspirado por los rebeldes de Stonewall que enfrentaron la represión policial en Nueva York el 28 de junio de 1969, marcando la fecha del Día del Orgullo LGBT, por las mujeres de la huelga de Pan y Rosas de Lawrence en 1912, por los activistas de Lesbians and Gays Support the Miners que apoyaron en una lección de solidaridad con la huelga minera británica de 1984, cuya solidaridad les fue devuelta por los mineros hace justo 30 años, por la literatura de Pedro Lemebel o Néstor Perlongher, por los obreros de Zanón, cuya hazaña me hacía fantasear de fuerza en mis primeros días de militancia, por los luchadores de Movistar, Panrico, Coca-Cola...

Por tantas personas que sufren la opresión de este sistema y creen que son una razón suficiente para salir a luchar.

Elegí el orgullo porque la dialéctica se lleva por dentro y una gran parte de la revolución sucede en nuestras cabezas, acabando con las cadenas de la moral del opresor. Elegí el orgullo porque también es orgullo lo que siento hacia mis camaradas.

Elegí el orgullo porque quiero conquistar nuestras propias vidas.

¡Viva la lucha por la total liberación sexual y contra toda opresión!







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