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SE TENÍA QUE DECIR

¿Por qué la ciencia ficción asalta la pantalla?

Para la columna de hoy , elegí este tema que me viene dando vueltas hace rato y que explotó en la cuarentena: La ciencia ficción. Pero vamos a adoptar la forma de las novelas “por entregas”, o las actuales “series” y abordaremos la temática en varios capítulos.

Laura Vilches

Concejala PTS - FIT Córdoba. Legisladora provincial PTS-FIT (mandato cumplido) | @VilchesLaura

Martes 12 de mayo | Edición del día

¿Por qué la Ciencia Ficción asalta la pantalla? - YouTube

Cuantás veces hemos escuchado en estos días la frase “parece una película de ciencia ficción”, “me siento en una película de ciencia ficción”.

Creo que no me debe haber pasado solo a mí, haber estado consumiendo con hambre voraz, todas las series películas de ciencia ficción sobre pandemias, epidemias, virus, y huéspedes monos, murciélagos, ratas que encontré online, obviamente con la ayuda del algoritmo.

Pero resulta que la pregunta que me surgía era: por qué toda la ciencia ficción que me asaltaba en las pantallas (al menos desde las pantallas de Hollywood o las cadenas Netflix, Flow para el consumo masivo) era ciencia ficción distópica, con centro en las epidemias y los contagios por agentes patógenos y no ciencia ficción que desplegara utopías.

Pero, ¿qué es la ciencia ficción ?

La “ciencia ficción” (por traducción literal del inglés) o ficción científica para ser más precisos en la lengua castellana, es un género que se asienta en tomar un aspecto del desarrollo tecnológico o científico y especular, imaginar que ocurriría sí ese factor presente en la realidad (tiempo y espacio) de quien escribe la novela, cuento o guión de una película se desarrollara como tendencia hasta el final. Eso puede permitir finales más o menos felices (es lo que se consideran utopías) o finales desastrosos (lo que llamamos distopías). Esto tiene que ver con la historia del género, algo que por el momento no vamos a desarrollar.

Las distopías, utopías son modos de “clasificar” los relatos de ciencia ficción. También están las ucronías (suena parecido a utopía, que significa, literalmente un no-lugar, un lugar que no existe; del mismo modo que la u-cronía, el no tiempo, significa imaginar un tiempo que no existe y parte de imaginarse el “que hubiera pasado si” algún hecho o acontecimiento histórico (por ejemplo, el asesinato de Trotsky, la muerte de Nestor Kirchner o la llegada de Cólon y a América) no hubiesen existido y en su lugar, hubiera ocurrido otra cosa.

Aclarado esto, volvemos a la ciencia ficción que nos asalta desde las pantallas, sugeridas por la “big data”. La pregunta que me asaltaba es por qué la mayoría de las ficciones científicas eran distópicas. Esto, se combinaba en los primeros momentos de la cuarentena y ante la expansión del COVID-19 en el continente, con un importante grado de paranoia global que indagaba sobre si el virus era de origen chino o estadounidense, sobre armas biológicas, e inclusive con la desconfianza generalizada porque cualquiera puede ser portador transformada en proliferación de líneas telefónicas para denunciar al vecino o a familiares. Allí fue que me encontré preguntándome qué puntos de contacto había entre ese género que nos recomendaba el algoritmo y lo que ocurría fuera (o dentro) de la matrix.

El crítico y escritor Ricardo Piglia, señala que el relato moderno como modelo es una ficción paranoica. ¿Y por qué? Piglia dice que el relato policial se convierte en modelo de la ficción porque de alguna manera escenifica el paso en toda narración del no saber al saber. Hay en la ficción, como artefacto, una búsqueda de la verdad. El relato policial es el modelo porque construye una estructura narrativa orientada a eso, e inclusive, inventa un personaje, el detective, encargado de hacer ese recorrido que guía el paso del no saber al saber, y descubrir al autor del crimen. Es paranoica, porque además, la ficción se llena de pistas que leer, marcas ara descubrir dónde está el sentido, y el enigma se desparrama sobre toda la estructura textual.

No por casualidad, el filósofo marxista Daniel Bensaid señalaba que el propio libro de El capital, de Karl Marx, estaba estructurado como una novela policial, (como la novela negra del capitalismo), hay un crimen por develar allí: ¿quién se robó el trabajo ajeno?

Entonces, ¿ qué tienen en común las películas como la clásica “Epidemia” (1975) esa con Dustin Hoffman y Morgan Freeman, la coreana “Virus” o “El huésped” (The Host) del mismo director de Parásitos (Oscar 2020), Bong Joon Ho? ¿cuál es el crimen? ¿quiénes son los culpables?

En primer lugar, podríamos decir que en las “películas de la cuarentena” ocurre un contagio masivo desatado por un agente patógeno del que hay que descubrir cómo actúa, pero también su origen. A partir de allí surgen especulaciones sobre su origen artificial o natural y cómo se relacionan a la vida humana, y vemos que tienen que ver con el comercio ilegal de animales salvajes (como en Epidemia), la extensión de la actividad humana sobre espacios aún vírgenes del planeta.

Pero también observamos en estas películas y series, la actuación de los estados (y en particular del imperialismo nortemericano) que ocultan información valiosa a la población cuidándose de la opinión pública, defendiendo intereses ya sea políticos en relación con potencias que le disputan su poderío, como económicos al servicio de las corporaciones. Esto puede observarse en Epidemia pero es muy claro también en la película sur coreana Virus. En el caso de El huésped (al que no voy spoilear porque es una escena inicial) vemos la intervención de un médico o científico norteamericano que le ordena a su ayudante vaciar residuos contaminantes a uno de los principales ríos de Corea del Sur provocando mutaciones, lo cual evidencia el desprecio de estos actores por otras poblaciones y la naturaleza misma.
En este caso, el crimen y el descubrimiento de la verdad gira en torno a los responsables de propagar virus y/o contaminaciones, pero también cuáles son, como vimos en la realidad de la pelea contra el coronavirus, los “héroes” de la salud, médicos e investigadores especialistas que advierten sobre los peligros de las pandemias, apenas detectan lso primeros síntomas, y son desoídos por las burocracias estatales, menospreciando, negando el problema u ocultándolo.

El rol que juega a su vez, fuerzas policiales en el control de la población, y la represión que desatan, algo común a estas obras también, sobre todo cuando las personas de los sectores populares, en su mayoría se rebelan al descuido de su salud, la restricción a sus libertades democráticas o simplemente a las condiciones de miseria a los que ya están expuestos y se agravan con las epidemias.

En el relato de ciencia ficción, hay entonces (al igual que en la narración policial de cuyas estructuras se nutre) crímenes, que son crímenes sociales porque se trata de muertes y hechos dañinos evitables y hay un develamiento de los responsables de esos crímenes ya sea a través de una investigación o por el desarrollo mismo de la trama. Hay un paso del no saber al saber sobre estos crímenes que de un modo u otro terminan poniendo en vilo a la humanidad.

Yo sugiero, entonces, para esta primera entrega, mirar si aún no vieron algunas de estas obras mencionadas: un clasicazo como Epidemia (Outbreak, 1975) – EEUU; la surcoreana Virus (Flu- 2013) de Kim Sung-su, El Huésped (The Host, 2006) que tiene, inclusive, elementos de burla o “parodia” del género y es del director Bong Joon- ho ganador del Oscar por su película Parásitos; y la anticipatoria “docuserie” estrenada por Netflix en enero de 2020, Pandemia.

Una de las cosas interesantes que nos abre como puerta la ciencia ficción, que muchas veces tiene un carácter anticipatorio, es pensar qué pasa si no cambiamos el curso de las cosas. Por eso, la intención de las próximas entregas es detenernos pensar qué pasa y por qué proliferan las ficciones distópicas, por qué podemos encontrar tan poca “utopía”, así como hacernos de algunas otras herramientas que nos permitan a reflexionar sobre la ciencia ficción para quienes disfrutamos tanto de este género, más allá de si se trata de distopías o utopías. Siempre con la perspectiva de que se nos abra la posibilidad de pensar otros mundos posibles.







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