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IGLESIA Y POLÍTICA

Procesión del Milagro: la Salta profunda concentrada en una imagen

Hace más de tres siglos, cada 15 de septiembre las calles salteñas se ven colmadas por la más antigua y tradicional manifestación de fe católica local: la procesión de la Virgen y el Señor del Milagro.

Martes 20 de septiembre de 2016 | Edición del día

La procesión de este año movilizó, según los datos de la policía, a más de 800 mil personas, que llegaron desde Metan, Cachi, San Antonio, la Puna, Santa Victoria entre otros lugares de la provincia. Dejando así una postal impactante de miles de devotos rezando y recordando el “milagro salteño” tras el temblor del 13 de septiembre de 1692, que destruyó la ciudad de Esteco.

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Vale mencionar que analizar eventos populares como éste desde una perspectiva de izquierda y, consecuentemente, atea no significa perder el respeto a las creencias de los cientos de miles de peregrinos que llegan a pie, caballo y bicicletas desde todas partes de Salta y del país para rezar y celebrar su fiesta.

¿Quiénes marchan junto al Señor y la Virgen del Milagro?

Si bien la movilización es masiva, pocos feligreses tienen acceso o el privilegio de caminar junto a las imágenes del Señor y la Virgen del Milagro. No cualquier “devoto común” puede siquiera tocar las figuras de veneración, ya que existe un vallado alrededor creado por la Policía de Salta en conjunto con la Gendarmería Nacional. De más está decir que quien se atreva a querer cruzar ese “corralito” poco trato misericordioso recibirá.

Dentro de él se ubican las principales autoridades salteñas como el gobernador Juan Manuel Urtubey, el intendente capitalino Gustavo Sáenz, ministros y secretarios provinciales junto a los empresarios más poderosos y las principales figuras del clero nacional y provincial.

La foto que acompaña esta nota muestra a las claras la “santa alianza” que existe entre los funcionarios del gobierno, la Iglesia Católica, los empresarios y las distintas fuerzas represivas del Estado.

En Salta esa unión ya no es “misericordia y perdón”. Muy por el contrario ese acuerdo espiritual y material entre esas “fuerzas vivas” de la comunidad salteña se materializa en persecución a los jóvenes, en ataques a los derechos de las mujeres y represión a los trabajadores que salen a luchar por sus derechos.

La imagen permite entrever la arquitectura colonial de los valores que se viene construyendo hasta nuestros días a través de la fe católica. La iglesia y los gobiernos buscan así conciliar a los trabajadores con las patronales para sostener los grandes negocios en los ingenios, la actividad petrolera, el tabaco y actividades como el turismo.

Dichos y ausentes en el discurso de monseñor Cargnello

En el acto que se dio en medio de la procesión el arzobispo de Salta Mario Cargnello se dirigió a los empresarios presentes y los llamó “a pensar su vocación de administradores de talentos recibidos por Dios para favorecer el desarrollo de todos con el compromiso por una economía al servicio del hombre y no de la especulación financiera que mata a tantos pobres, y a los hombres de la política a sacrificar sus vidas en el servicio al bien común".

Por un lado el líder de la Iglesia salteña dejó en claro, casi sin quererlo, que en este “bien común” se naturaliza la contraposición de intereses que existen entre los empresarios y los trabajadores. Y por otro lado, Cargnello deja a meced de la voluntad de esos “administradores” la posibilidad de que “tantos pobres” dejen de morir, coincidiendo con la concepción capitalista de que quienes no poseen la riqueza y los medios de producción son poco menos que material descartable.

El rol que jugó la Iglesia en el reciente conflicto de Tabacal fue de "mediador”, siendo Monseñor Gustavo Zanchetta el presidente del “comité de crisis” que tuvo un papel decisivo para “conciliar” intereses de los trabajadores y la multinacional Seaboard Corporation.

En todo su discurso con motivo de las celebraciones del Milagro, el arzobispo Mario Cargnello omitió toda referencia a las represiones, con balas de plomo incluidas, a los trabajadores por parte de las patronales en El Tabacal el pasado 24 de agosto.

Tampoco hizo alusión a las amenazas sufridas por el Sindicato de Trabajadores del Azúcar (STA) de parte del Ministerio de Trabajo provincial durante el mismo conflicto y que continúan actualmente.







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