Mundo Obrero

"Profe, estaba haciendo la tarea pero cayó un rayo en mi casa"

Este es uno de los tantos mensajes desgarradores que recibimos los docentes en esta cuarentana. Cuando la precaridad profundiza la enorme desigualdad existente.

Lunes 27 de abril | Edición del día

Matías me contaba, en una misma frase, que se le había quemado la heladera, la computadora e internet y que no podía entregarme el trabajo. Un retrato de lo que pasa todos los días en los hogares de muchos chicos y chicas de los barrios rosarinos en los que la cuarentena no se parece en nada a la de aquellos que se imaginaba Alberto Fernández que le hacían dibujitos.

Esta es la realidad de la mayoría de los hogares, en los que hacer galletitas y pintar mandalas no entran en escena. Resolver problemas ante la lluvia, donde la casa en la que se “quedan” las familias muchas veces se cae a pedazos. Muchos otros viven la angustia de que sus padres se quedan sin trabajo o incluso cómo tienen que ayudar en los comercios familiares que tienen sus padres en el barrio.

"Profe no tengo wifi", "me quedé sin datos", "se me rompió el celu", "mi mamá fue a trabajar y me lo presta cuando vuelva para hacer la tarea", "lo hago para mañana porque tengo que compartirlo con mis hermanitos". Estas son solo algunas de las frases que recorren las decenas de mensajes, mails, audios, videollamadas, y tantos otros medios de comunicación que los docentes vamos inventando para que los chicos, por lo menos, accedan a las tareas, al vínculo con sus profes y compañeros. Esto es para ellos, algo muy importante en medio de tanta angustia.

Tener una computadora, una tablet, un televisor, un celular todo terreno, queda para aquellos que pasan a ser privilegiados en la pandemia. Los dichos de Trotta y de Cantero, de que hay que mantener las clases virtuales, resulta una hipocresía en este contexto. No solamente no garantizan las condiciones de alimentación básicas para un niño y joven y se justifican en que la pandemia se los impide, sino que además pretenden que estos niños aprendan sin acceso a internet.

Los docentes, receptores de la angustiosa realidad social de los sectores mas vulnerables, también nos encontramos muchas veces sin tener los medios necesarios para trabajar. Los que tienen pocas horas hacen malabares entre pagar el alquiler o internet para mantener las horas que tienen.

Los reemplazantes, por ejemplo, vienen dando una pelea porque no están cobrando ni teniendo obra social desde que se inició la cuarentena. Este es el trato que les da el Estado a los maestros que, por ejemplo, van a los comedores a repartir los bolsones (si los hay) y contienen cotidianamente a los estudiantes.

Pero esos mismos docentes son los que se organizan para pelear por sus derechos, van al Ministerio a exigirle a Perotti un salario de emergencia y que se garantice la comida en las escuelas. Ante esta crisis social, el caso de Matías se multiplica por miles, y los docentes somos un engranaje fundamental para organizar por miles la bronca de las y los trabajadores y que no sigamos pagando los platos rotos.







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