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CORONAVIRUS EN BRASIL

¿Qué están haciendo Lula y el PT ante la crisis del coronavirus?

Un dicho popular brasileño dice que es mejor prender una vela que maldecir en la oscuridad. La proposición dice mucho de la realidad que están viviendo en tiempos de pandemia.

Miércoles 1ro de abril | 11:12

Un dicho popular brasileño dice que es mejor prender una vela que maldecir en la oscuridad. La proposición dice mucho de la realidad que están viviendo en tiempos de pandemia. Bolsonaro aparece como representación de la oscuridad, el negacionismo completo. Los gobernadores y el Congreso, como un halo de luz. En medio de la crisis sanitaria, ese es el telón de fondo que posibilita el surgimiento de una pretensión que considera que es mejor aferrarse a los gobernadores y el Congreso que maldecir a Bolsonaro. Sin embargo, esta pretensión no es desinteresada.

Uno de los principales debates políticos planteados en la actualidad es sobre la necesidad de crear un gobierno paralelo al oscurantismo bolsonarista. Se buscan alternativas de todo tipo, y fenómenos inesperados, para decir lo mínimo, empiezan a aparecer. Incluso João Dória, gobernador de San Pablo por el PSDB, y Wilson Witzel, gobernador de Rio de Janeiro por el PSC, ambos famosos por sus inescrupulosas declaraciones y acciones derechistas, empezaron a concitar la fe por el combate a la epidemia, incentivados por sectores que se declaran del espectro de la izquierda.

Después de haber estado totalmente fuera de escena antes de la crisis sanitaria, la principal figura de oposición a Bolsonaro, el exmandatario Lula da Silva (PT) reapareció en un video en el que articula una línea política que va en ese sentido. En una entrevista grabada junto con Fernando Haddad, buscó apoyarse en el Congreso y en todos los gobernadores para articular una nueva dirección para la contienda contra e virus. Elogia la actuación de todos los gobernadores, e hizo cuestión de mencionar a los de las regiones sur y sudeste.

El expresidente busca presentarse como alguien con habilidad política para lidiar con esa crisis. En sus palabras, un presidente tiene que ser como el director de una orquesta, o sea, un director de los poderes, instituciones y especialistas, sugiriendo que, en el caso que estuviesen en la presidencia esa articulación estaría a todo vapor. Es reveladora de esas intenciones la reiterada insistencia de Haddad en recordar la crisis económica de 2008 y la capacidad de articulación de Lula como fundamental para enfrentar ese momento. Aunque lo niegue, su discurso es mucho más electoral que propositor de acciones de fondo para resolver el problema de la epidemia.

Lula dice defender la actuación de un Estado fuerte para actuar en favor de los más pobres. Defiende un ingreso básico, inyección de créditos y que ahora es el momento de gastar. Lejos de expresar cualquier radicalismo, las medidas económicas que propone no se diferencia mucho de las hechas incluso por grandes agencias e instituciones imperialistas, como el FMI, BID y Financial Times. La cantinela del Estado mínimo y del ajuste fiscal, se deshizo en el aires a medida que se propagaba la epidemia.

Esa línea vociferada por Lula es la misma que viene llevando a cabo por todo el PT. La CUT y as centrales sindicales emitieron una nota en la que piden que “el Congreso asuma el protagonismo”, proponiendo una articulación “con el Congreso Nacional y todos los gobernadores, independiente de la filiación política e ideológica”. El mismo Congreso que ellos mismos reconocen como el más conservador de los últimos años. La misma política podemos encontrar en la nota firmada por todos los gobernadores del noreste.

Mientras piden el protagonismo del Congreso, relegan a su propia suerte los trabajadores de los transportes, de los call centers, de los correos, de las fábricas, entre varios que siguen trabajando, incluso expuestos al contagio y sin medidas de precaución básicas.

La pregunta que se plantea es: la estrategia propuesta por Lula y refrendada por las centrales sindicales, que busca la articulación de todos los gobernadores con el Congreso, ¿sería una alternativa para evitar miles de muertos en Brasil?

El papel de los gobernadores y del Congreso

Ante la oscuridad de Bolsonaro, las restringidas acciones impulsadas por los gobiernos de los estados ganan mayor proyección de la que de hecho poseen. Además de las cuarentenas, medida básica para disminuir los ritmos de contagio, no fueron presentadas ninguna medida efectiva para una solución de la crisis sanitaria. En un país donde 31 millones de personas, el 16% de la población, no tiene red de agua, 74 millones, el 37% de la población, vive sin sistema de cloacas, y casi 6 millones no tiene baño en su casa, siguiendo los datos del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), debería estar fuera de discusión considerar que la restricción social en sí pueda solucionar el problema en forma eficaz.

Doria viene haciendo videos y mostrándose al lado de hospitales de campaña, como los de Pacaembu y Anhembi. Por supuesto que la creación de nuevas camas son elementales, pero algunos cientos más o alcanzarán para salvar la vida de miles que están amenazados. Mientras promueve acciones con impacto mediático, no hay agua, jabón, barbijos y alcohol en gel a disposición de los trabajadores del transporte de la mayor metrópoli del país.

En otros momentos sería aterrador el elogio de Lula a las acciones de los gobernadores como Doria, Witzel, Leite (de Rio Grande do Sul) y Zema (de Minas Gerais). No debería ser difícil imaginar que nada de progresista puede venir de quienes nunca escondieron su odio por los de abajo.

El PT prefiere el protagonismo de los gobernadores y el Congreso que el de los trabajadores

Es un hecho que ni Lula ni los gobernadores del PT del Noreste proponen medidas que podrían ser eficaces en salvar vidas, buscando evitar atacar las ganancias y el interés de determinados grupos económicos.

Para nombrar solo algunas de esas medidas que se escapan del horizonte de actuación del petismo. Empezando por el testeos masivo, sin el cual no es posible ninguna planificación seria de enfrentamiento a la pandemia, como muestra la experiencia de Corea del Sur y Alemania. El complejo hotelero, viviendas e inmuebles ociosos, deberían ser inmediatamente destinados a abrigar a quienes están contaminados, sean asintomáticos o con síntomas leves, bajo la asistencia de especialistas y nutricionistas.

Para eso, se necesita la contratación masiva de profesionales de la salud. Los sectores industriales, con capacidad para producir equipos para las unidades de terapia intensiva como respiradores, o equipos de protección individual, como barbijos y alcohol en gel, deberían ser reconvertidos inmediatamente para ese fin, sin cualquier indemnización. También los sistemas de salud deberían ser centralizados de inmediato, poniendo fin a la división entre público y privado. La producción y distribución masiva de alimentos y elementos de higiene básicos debería estar ocurriendo hace mucho tiempo.

Articulado con esto, la prohibición de despidos, suspensión del pago de agua, luz y alquiler y aumento de la asistencia alimentaria de emergencia para que la población no muera de hambre.

Los recursos para todo esto existen y pueden ser puestos a disposición de inmediato, no solo las reservas en dólares como defiende Lula, sino un impuesto a las ganancias de los bancos, de las grandes fortunas y de una completa reorganización de los gastos del Estado con el fin del pago de la deuda pública. Como ilustración de la magnitud de estos recursos, solo el Itaú registró ganancias por 26.583 mil millones de reales en 2019. Así, solo con las ganancias de grupo económico, se podrían hacer 354 millones de tests, mucho más que toda la población de Brasil.

El problema es que las medidas como esta atacan directamente el interés de los capitalistas. Solo con la cuarentena en curso, ya vimos la insensatez capitalista de algunos sectores empresarios. Para implementar las medidas mencionadas, la resistencia de los empresarios sería infinitamente mayor, y la aparente unidad que parece haber entre los distintos partidos burgueses volaría por los aires. Es justamente esa falta de disposición y enfrentamiento lo que ni Lula ni el PT quieren generar.

Sin embargo, ese choque de intereses se produce no solo por las intenciones de tal o cual actor político, sino por antagonismos de clase, y cómo la realidad internacional viene mostrando, tarde o temprano se impondrán también en Brasil. El PT, como partido que ya tuvo su lugar al sol en la administración del Estado capitalista brasileño, nunca se propuso y nunca se va a proponer esta tarea. Al contrario, su papel histórico siempre fue el de contener las reivindicaciones de las masas en los estrechos límites del régimen capitalista. Por eso no alientan que el protagonismo de los trabajadores en la solución de esta crisis, relegando la tarea a los gobernadores y al Congreso. Por eso confían y apuestan a Doria y Maia y no en los trabajadores autoorganizados.

El PT cierra los ojos a importantes acciones obreras que empiezan a ocurrir en todo el mundo, como en Estados Unidos, en el Estado español, Francia y la más contundente hasta ahora, la huelga general impuesta por los trabajadores italianos. Estas acciones obreras que exigen bien fuerte que “nuestras vidas valen más que sus ganancias” debería ser punto de apoyo para cualquier salida a la crisis.

Peor aún, dirigiendo la mayor parte de los sindicatos del país, están en contra de alentarlas. Mientras tanto, imploran al Congreso de los golpistas y enemigos de los trabajadores, artífices e implementadores de la reforma previsional y laboral, entre tantos otros ataques, que asuman la delantera en la crisis.

Retomando el dicho popular, la línea genocida de Bolsonaro es utilizada por otros actores burgueses que buscan presentarse como un farol en medio de la oscuridad. Sin embargo, vistos de cerca, no pasan de ráfagas que lo único que hacen es producir sombras. El apoyo de Lula a los gobernadores y el Congreso es un aporte fundamental a que de las sombras ganen renovadas fuerzas los viejos enemigos de los trabajadores y el pueblo pobre.







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