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HISTORIA DEL MOVIMIENTO OBRERO

¿Qué fue la Masacre de Pacheco?

A 5 años exactos del Cordobazo, el local del PST de El Talar (General Pacheco) fue asaltado por un grupo parapolicial fuertemente armado, eran unos 15. Secuestraron a 6 camaradas.

Domingo 27 de mayo | Edición del día

El 29 de mayo de 1974, a 5 años exactos del Cordobazo, el local del PST de El Talar (Gral. Pacheco) fue asaltado por un grupo parapolicial fuertemente armado, eran unos 15. Secuestraron a 6 camaradas. Las 3 mujeres fueron liberadas poco después y los 3 jóvenes acribillados a balazos eran Oscar “Hijitus” Meza, de 26 años, obrero y delegado sindical de Astarsa, Antonio “Toni” Moses de 24 años, obrero de Wobron y Mario Zidda, Tano, de 22 años, estudiante del Industrial de Tigre, hoy Escuela Técnica de Tigre, y trabajador textil.

Fue el primer asalto de las Tres A a un local de un partido legal que había participado de las elecciones pocos meses antes. El Partido Socialista de los Trabajadores ya había sufrido ataques con bombas a sus locales, que se multiplicaron ese año y en 1975.

El 1º de mayo, sólo 4 semanas antes de la Masacre, en el acto de Plaza de Mayo el Gral. Perón había expulsado al peronismo combativo y a los Montoneros, y defendió a la burocracia sindical. Perón dijo sobre esos traidores, que sostenían el Pacto Social, que eran “sabios y prudentes dirigentes de organizaciones sindicales…compañeros que han visto caer a sus dirigentes asesinados sin que todavía haya sonado el escarmiento” culminando esta frase con dureza militar y tono amenazante. Los que hoy siguen reivindicando al líder del justicialismo sería bueno que vieran ese video. El Brujo López Rega a su lado aplaudía a rabiar. Era el grito de guerra, era la incitación a perseguir y matar a los activistas sean peronistas combativos o de izquierda. Menos de una semana después de este brutal discurso, el obrero y activista metalúrgico del PST en la zona norte, Inocencio “Indio” Fernández era asesinado de un escopetazo cuando se dirigía a su trabajo.

El local de Pacheco del PST era utilizado por sectores activistas, de luchadores que ahí se organizaban para enfrentar a las patronales, a la burocracia sindical y al Pacto Social y para apoyar las luchas en curso. Poco tiempo antes, en marzo, el triunfo de los metalúrgicos de Villa Constitución que habían derrotado a la burocracia de la UOM y al gobierno de Perón en una huelga con ocupación de las acerías, era un aliciente en todo el gremio para elegir nuevos delegados y comisiones internas para enfrentar a la traidora burocracia de Lorenzo Miguel.

A su vez Perón, a comienzos del 74, había dado un “golpe de estado” en Córdoba con Navarro, el jefe de la policía, al destituir al gobernador peronista Obregón Cano y su vice Atilio López, dirigente sindical y del PJ. El llamado Navarrazo, una especie de antiCordobazo, venía a terminar de una vez con la Córdoba de “obreros y estudiantes, juntos y adelante”, la de las barricadas que con los 2 levantamientos (el del 69 y el 71) derrocaron a la dictadura de Onganía y abrieron una sucesión de ”azos” en muchas partes del país. Esa Córdoba levantísca, con sus sindicatos combativos, como Luz y Fuerza o Smata, seguía siendo una amenaza que había que terminar como fuera.

La situación revolucionaria iniciada en mayo del 69 seguía abierta. Perón era consciente que para asentar su gobierno y garantizar el Pacto Social debía derrotar a los sectores combativos del movimiento obrero que como los obreros del Villazo amenazaban el poder de la burocracia adicta.

En la zona Norte había que pegarle al PST. Por eso lo matan al Indio Fernández y 3 semanas después hacen la Masacre.

El repudio al asesinato de los 3 compañeros fue enorme. En el multitudinario acto en el local central del PST en Once entre los oradores estuvo el diputado Ortega Peña, del peronismo de base. Él decía que había sido el propio Perón el que ordenó el asalto. Su valiente actitud le costaría la vida poco después en un operativo de las 3 A en pleno centro de Buenos Aires.

En ese acto Nahuel Moreno, máximo dirigente del PST, llamo a enfrentar en forma unida a las bandas fascistas planteando la necesidad de conformar comités de autodefensa. Esa política era correcta ante el avance cada vez mayor de las bandas parapoliciales cobijadas por el Estado. Pero la mayoría de las organizaciones de izquierda o combativas la desecharon y el PST dejó de plantearlo como una necesidad imperiosa.

Una de las compañeras sobrevivientes denunció en el juicio a Julio Yessi, dirigente de la JP-RA, expresión juvenil de la extrema derecha peronista, como auto material de la masacre. Hoy Yessi está condenado (con sentencia apelada) y tiene con sus 80 años, prisión domiciliaria.

Este martes 29 de mayo, a las 17.30 hs en la Plaza de El Talar, haremos un homenaje a los compañeros asesinados y colocaremos sendas cerámicas con sus nombres en dicha plaza y donde estaba el local del PST, en Las Heras y Belgrano.

El acto no será una mera recordatorio sino para redoblar el compromiso militante para que se conozcan y se condene a los responsables de esa masacre. Será también una forma de que las nuevas generaciones de estudiantes, docentes y obreros que hoy se organizan para luchar conozcan las luchas que los precedieron y sus mártires y que el genocidio cívico-militar no pudo borrar.







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