Política

SE TENÍA QUE DECIR

¿Quién defiende al bolsillo?

Mientras la crisis sanitaria continúa, el debate que ya se está dando y cada vez más, es qué va a pasar con la economía. El futuro ya llegó. En un mundo y un país en crisis, ¿quién la va pagar? No es algo lejano.

Jesica Calcagno

@Jesi_mc

Jueves 17 de septiembre | Edición del día

¿QUIÉN DEFIENDE EL BOLSILLO? La economía, una crisis que ya llegó y la disputa por la salida - YouTube

Mientras la crisis sanitaria continúa, el debate que ya se está dando y cada vez más, es qué va a pasar con la economía. O mejor dicho, en un mundo y un país en crisis, ¿quién la va pagar?. No es algo lejano.

¿Cuántos ya empezamos a ver golpeado nuestro bolsillo, ir al supermercado y que cada vez alcance menos? Y lo vemos en la calle: con la mayor apertura de la cuarentena hay más vendedores ambulantes que intentan ganarse el pan en la informalidad, las bicicletas de las y los pibes de las Apps que están precarizados, y familias sin techo durmiendo en las esquinas. Sin ir más lejos, la toma de Guernica con más de 2500 familias con 3000 niños y niñas es también la expresión de muchos que ya no pueden pagar el alquiler y no tienen donde vivir. Se quedaron sin trabajo.

El futuro ya llegó. La crisis está. Entonces la pregunta es ¿quién defiende el bolsillo del pueblo trabajador?

Esta realidad que vivimos en carne propia en nuestra economía o la vemos todos los días, se refleja en estadísticas. Ayer el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) ninformó los datos sobre la inflación: 40,7 % de los últimos 12 meses. Y en lo que va del 2020 es casi un 19 % más caro vivir que el año pasado. ¿Y a vos te aumentaron los ingresos en la misma proporción?

Con paritarias congeladas en la mayoría de los gremios o por debajo de la inflación, los despidos que siguieron corriendo a pesar del decreto, las suspensiones con rebaja salarial, y la enorme cantidad de trabajadores y trabajadoras que están en la informalidad, responden la pregunta. Aunque el gobierno de Alberto Fernández asumió diciendo que venía a terminar el ajuste del gobierno de Macri, y en medio de la pandemia lo repita, la realidad de millones de trabajadoras y trabajadores ya está cada vez más alejada de esa premisa. Hay informes que dan cuenta que el insuficiente monto de $ 10.000 de Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) para una familia viene retrasado en dos meses, además de haber dejado a muchos otros afuera, y ya anunciaron que dejarán de pagarlo. Y el ATP (Asistencia para el Trabajo y la Producción) también ya fue recortado.

El verdadero dilema en todo esto es qué fuerzas sociales van a entrar en acción en la disputa de cuál será la salida a esta crisis.

Porque la contracara de la crisis económica y social, son unos pocos que vienen ganando millones en la pandemia. Las 50 familias más ricas del país concentraron en 2019 46 mil millones de dólares. Los bancos que, sólo la primera mitad de este año, ganaron en promedio 647 millones de pesos por semana. A las grandes empresas de telecomunicaciones. Las cámaras empresarias como la Asociación Empresaria Argentina (AEA), donde está Techint, los bancos, Clarín, que frente al proyecto de aporte extraordinario de las fortunas responden amenazantes defendiendo la propiedad privada y contra cualquier “impuesto confiscatorio”. Los que hacen enormes negocios inmobiliarios teniendo más de 2 millones de viviendas vacías en countries o Puerto Madero mientras se suman al coro del gobierno y la oposición de derecha para tildar de delincuentes a los que pelean por un pedazo de tierra con chapas y lonas porque la única alternativa es alguna vereda frente a esas casas vacías.

Esta minoría de ricos y poderosos le viene marcando la cancha al gobierno. Sí frente a medidas limitadas como intentaron con Vicentin el gobierno retrocedió. Sí frente a la deuda externa retrocedieron de algo tan elemental como investigarla, y piensan pagarle al FMI la deuda contraída por Macri que se fue a la fuga y la especulación.

¿Cómo no van a creerse estos sectores con mayor poder para imponer su agenda? ¿Cómo se explica sino el retraso en el proyecto de impuestos a las grandes fortunas? ¿Cómo se explica que ese impuesto no incluya a los bancos, o a las grandes empresas que operan en el país y tienen domicilio en el exterior? ¿O a las viviendas ociosas con la crisis habitacional que hay? ¿Qué explica todo esto?

En una crisis de la magnitud que estamos atravesando, que la pandemia aceleró y agravó, no es posible dar respuesta a los problemas estructurales y más acuciantes del pueblo trabajador si no es afectando esos intereses. Lo mismo pasó con el decreto para regular el precio de las telecomunicaciones, que no se aplicó y a todos nos llegó el aumento igual aunque decía que se suspendían. Fue hace muy pocas semanas esto, y ya parece prehistoria.

El drama del país es que estas fuerzas minoritarias sean las que impongan su rumbo a costa de las mayorías. Muchos votaron el año pasado con la legítima expectativa de terminar con el ajuste de Macri, pero el problema es creer que eso va a resolverse porque un presidente o un funcionario lo diga en una conferencia de prensa. Tampoco va a resolverse con medidas parciales. Dirán algunos que la pandemia cambió los planes. Por supuesto, pero lo que no cambió es que hay ganadores y perdedores también en la pandemia como en todas las crisis.

Lo más peligroso y dramático para las grandes mayorías del pueblo trabajador es delegar en otros el rumbo de la crisis. Delegar en dirigentes sindicales que negocian a nuestras espaldas y entregan la calle. Delegar en decretos y leyes que están hechos para que los ricos no las cumplan, como ya viene sucediendo, y que además no apuntan a cambiar los problemas estructurales de vivienda, precarización, inflación y saqueo.

El drama es que prevalezcan los intereses de esa minoría de ricos, que sólo se escuche la voz de la derecha en la calle con sus audis, y no a la mayoría trabajadora.

Preguntarnos ¿quién defiende nuestro bolsillo? es preguntarnos por nuestras condiciones de vida. Nadie más que nosotros puede defenderlas. Para eso hay que hacer valer el lugar privilegiado de la clase trabajadora que maneja los grandes resortes de la economía. Y hacer valer la mayoría como fuerza social, que no entiende otro idioma que el de la lucha y la calle.







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