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¿Quién es Enrique Pescarmona y por qué odia a las adolescentes pobres?

Al momento de hacer su descargo, Enrique Pescarmona explicó que al decir que "las chicas de 14 años se hacen preñar por unos mangos" había tenido un lamentable "error comunicacional". Vayamos al trasfondo de sus declaraciones.

Lautaro Jimenez

@LautaroJ_PTS

Viernes 2 de diciembre de 2016 | 09:44

El asistencialismo estatal a una familia millonaria

Su empresa creció y prosperó siempre de la mano del "asistencialismo" del Estado. Impsa logró dar su primer salto para dejar de ser un pequeño taller y convertirse en una empresa importante cuando el Estado provincial le encargó la fabricación compuertas de riego para el estratégico departamento provincial de Irrigación. Su "gran salto" fue también con el dinero público, pero esta vez bajo la dictadura genocida de 1976 que le permitió endeudarse para adquirir los gigantescos galpones que aún mantiene en Godoy Cruz y una gran cantidad de tornos de gran envergadura provenientes de Europa del Este, logrando que el estado lo contrate para fabricar la totalidad de las usinas hidroeléctricas construidas en esa época. Se sospecha que esa deuda habría entrado en la estatización de Cavallo a principios de los ‘80.

Durante el menemismo no dejó de incursionar en todos los negociados abiertos con las privatizaciones. Siendo además uno de los grandes protagonistas del defalco del Banco de Mendoza, impulsando su privatización y posterior quiebra para lograr licuar sus deudas. Producto de eso Mendoza es una de las pocas provincias que no tiene un banco provincial y paga durante años el pasivo de estos empresarios. Desde entonces sigue viviendo del dinero público, no sólo bajo el amparo de la protección estatal para arreglarle las licitaciones de los emprendimientos energéticos, sino áreas de servicios en las que su única función es precarizar el empleo público, como la recolección de residuos, siendo implacable en cobrarle al estado provincial y los municipios cada centavo que "se le debe".

Aun así, su ambición no tiene fronteras ni reparos. En el 2014, mientras aparecía en las revistas ostentando ser el único mendocino entre los 40 hombres más ricos del país con un patrimonio personal de 320 millones de dólares, llevó a la empresa de su padre al default y las puertas de la ruina. Tomó a sus obreros como rehén amenazando con despidos masivos. El Estado tuvo que salir con un salvataje poniéndole 2 millones de pesos mensuales en subsidios directos. Condicionando nuevamente al estado para que se le otorgue toda la obra pública energética en la que pudiera incursionar. Durante noviembre del 2016, unas pocas semanas atrás, con la ayuda del gobierno de Macri y los funcionarios del Banco Nación, su principal acreedor, logró zafar nuevamente de la quiebra logrando re-estructurar de la deuda que mantiene con sus acreedores.

Sin duda se trata de un especialista en hacerse del curro de la obra pública, acceder a subsidios del estado, en financiarse con bancos públicos y socializar luego sus deudas para que se las paguemos entre todos. Detrás de la insostenible etiqueta de empresario transnacional, se deja ver el vulgar burgués de provincia, atrasada y semicolonial, que multiplica sus fortunas con los beneficios del asistencialismo estatal.

Para don Enrique cada centavo que el estado destina a estas personas, es un centavo que no le paga a él. No se trata de una metáfora, no se trata de una exageración polémica. En los basurales del Borbollón las personas viven en la más infernal de las miserias, el estado no les garantiza ni siquiera el acceso al agua potable. Este año Mendoza se tiño de dolor, rabia e impotencia al ver cómo morían en menos de un mes tres bebés que vivían y morían entre la basura. ¿Quién es el único que logra hacer negocios en medio de semejante desastre humanitario? Don Enrique, a quién el estado contrata a través de su empresa Tysa para hacer ganancias con el procesamiento de residuos urbanos. Pescarmona es el capitalismo en su máxima expresión.

Esto es lo que explica el profundo odio de clase de sus declaraciones contra las personas que en condiciones de extrema pobreza perciben miserables subsidios estatales como la Asignación Universal por Hijo o por Embarazo que no alcanzan para cubrir necesidades humanitarias básicas.

El aporte a la cruzada del Opus Dei contra la educación sexual

El otro componente de sus declaraciones, fue una profunda misoginia, su brutal violencia verbal contra las mujeres, y en particular contra las adolescentes pobres, que para Pescarmona "se hacen preñar". El embarazo adolescente es un drama social profundo. En Mendoza, cada año, chicas de entre 10 y 19 años dan a luz a 5.460 bebés, esto es el 15,6% de los nacimientos que se dan en todo el territorio provincial. En el año 2006 fue creado el Programa Nacional de Educación Sexual Integral (ley N.º 26.150) que estipula el tratamiento pedagógico de la sexualidad en las instituciones escolares y la responsabilidad del Estado de concretarlo de manera sistemática, como temática curricular, transversal y obligatoria, en todos los niveles obligatorios de gestión estatal y privada, y en todas las carreras de formación docente.

Sin embargo, a pesar de haber transcurrido 10 años de su sanción, esta Ley no se aplica en la mayoría de las escuelas y clases de la provincia. La presión de la Iglesia Católica, envuelta en aberrantes casos de abusos a menores, ha sido la excusa clave de los funcionarios para explicar las limitaciones, demoras, y al fin de cuentas, incumplimiento liso y llano de esta ley.

La familia Pescarmona es una de las más estrechas colaboradoras de las instituciones del Opus Dei, como la Universidad Austral a la que han aportado fondos generosamente. Su líder, Monseñor Aguer, fue quién dio la voz de carga contra la educación sexual en las escuelas, y sus postulados que "promueven la homosexualidad" y que ofrecen una visión "neomarxista". En nuestra provincia llegaron a lograr que se quitaran de los manuales de educación sexual temas como "el mito de la primera vez" (directamente relacionado con el embarazo no deseado) y "la masturbación" porque "incomodaban a la iglesia". En el 2014 el Arzobispado local intentó incluso presionar a la Legislatura para que elimine la palabra "laica" de la Ley de Educación provincial.

Pero la influencia de los Pescarmona en la educación pública mendocina que le priva a sus niñas, niños y adolescentes de una educación sexual integral que les ayude a desarrollarse en la vida, prevenir de flagelos como los embarazos no deseados, e incluso defenderse de los abusos; es mucho más directa aún. Ya que, desde su feudo: el CEM, han intervenido permanentemente en las políticas educativas de los gobiernos peronistas y radicales, y su hija, Sofia Pescarmona, es encargada de dar capacitaciones a los directivos sobre "liderazgo" escolar.

Por todo esto, podemos ver que las declaraciones de Enrique Pescarmona, no se tratan de un "problema comunicacional" sino de otro eslabón de una larga cadena de odio de clase, violencia machista y oscurantismo, que tiene como víctimas a quienes dirigió sus insultos.







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