Cultura

ESTRENO DOCUMENTAL // HAMDAM

¿Quién habla de victoria? El resistir lo es todo

Hablamos con Martín Solá, director de “Hamdan”, película que narra un fragmento de la vida de Hamdan Alí Mahmoud Sefan, un importante dirigente palestino quien, luego de una fallida misión en los años ‘70, permaneció 15 años encerrado en las prisiones israelíes.

Jueves 5 de marzo de 2015 | Edición del día

En un artículo sobre la utilización del sonido en el cine de Bresson, el crítico Serge Daney, advertía sobre el efecto nocivo que en la televisión, en el cine etnográfico y en el militante tenía la “…subordinación del espacio sonoro al espacio visual, con el primero como verificación y garantía del último. Esto – sosténía- supone olvidar que los dos espacios son heterogéneos. Los lugares y los momentos de su conjunción deberían dar lugar a una descripción y a un vocabulario más preciso (…). La voz en off es el lugar de todos los poderes, de todos los arbitrios, de todos los olvidos. (…)
Es el lugar del poder ilimitado. No se sale de este círculo vicioso sino cuando la voz en off arriesga algo y lo arriesga en tanto voz por la desmultiplicación, y sobre todo por su singularización.”

Este rodeo antes de comenzar la entrevista, viene a cuenta que uno de los méritos de la tercera película de Martín Solá es recordarnos que en el cine la cuestión política es, primordialmente, una cuestión de forma. Su personaje es rico, intenso, un representante significativo de la resistencia palestina a la ocupación israelí pero los méritos de “Hamdan” no recaen, únicamente, en la elección del protagonista, sino, sobre todo, en la puesta en escena (en su sentido más literal) que el Director y el equipo de trabajo hacen de su relato en la utilización de los medios cinematográficos para generar discurso. Entre esos medios, ahora sí, está la expresiva utilización de la voz en off que, como dice el director, no busca un anclaje que grafique lo visual, sino trasmitir un estado, un clima.

Hamdan, es Hamdan Alí Mahmoud Sefan, uno de dirigentes de la organización palestina Al-Fatah a principios de los años ‘70, hasta que en 1973 un golpe fallido, narrado en la película, en 1973 terminaría constándole 15 años en una cárcel israelí.

¿Por qué elegiste a Hamdan como protagonista y como llegaste a él?

Él había sido líder en la cárcel, se hizo líder ahí. Me quedó grabada una frase que nos dijo: “Yo estuve preso de los 20 a los 35 años. La edad en la que se hace un hombre.” Ahí se hizo líder. Para mí, lo que tiene de interesante Hamdan es que es un personaje que te ubica en un lugar conflictivo. El, en su momento, accionó y pago las consecuencias de su acción. Te ubica en un lugar difícil porque uno sabe que hizo lo que explica en la película.

Llegamos a él gracias a un amigo mío palestino, que vive acá y que nació en la misma aldea que Hamdan. Pudimos contactarlo, fuimos a Palestina y nos reunimos. Ahí no nos dijo ni que sí, ni que no. Nos escuchó y nos hizo dos preguntas: cuál era la extensión geográfica de Argentina y cómo era nuestro clima. Nos dijo que nos iba a contestar dentro de 10 días. ¿Qué hizo en esos 10 días? No sabemos.

Seguramente averiguó quienes éramos. Nos volvimos a encontrar con él, nos pidió que le expliquemos de nuevo qué es lo que queríamos hacer. Nosotros le explicamos que no queríamos hacer un documental institucional, o el típico documental que suele hacerse sobre Palestina, que nos interesaba centrarnos en él. Lo entendió rapidísimo. Una vez que nos dijo que sí, ya no nos preguntó más nada y empezamos con la película

¿Me contás un poco más qué es lo que le dijeron cuando les pregunto qué película querían hacer?

Al principio nos planteó “¿Por qué yo y no otros?” Lo que nosotros le explicamos es lo que suele suceder con las películas sobre el tema. Palestina tiene cuatro grandes problemas: los presos políticos, los refugiados, el problema del agua y el muro.

Muchas veces en una hora y media, las películas, quieren tocar los cuatro temas y aparte, como en su mayoría son películas hechas por europeos con complejo de culpa, quieren también mostrar el lado israelí y el sufrimiento israelí, que obviamente existe. Nosotros le dijimos a Hamdan que no queríamos hacer una película que toque todos estos temas y, que finalmente, no se entienda ninguno. Nuestra idea es centrarlo en una persona, tocar un tema y que a partir de eso cada uno tenga su lectura. A mi me parece que, cuando hay conflictos tan difíciles como este, para tener una visión completa de esta situación es mucho más interesante ver diferentes películas de diferentes directores que tocan distintos temas. Ahí, uno como espectador, genuinamente, puede hacer una visión global. Pedirle eso a una sola película es un collage demagógico. Estoy cansado de ver películas sobre el tema que te muestran el dolor palestino, el conflicto del soldado israelí, de un lado, del otro, como que quieren quedar bien con todos. Eso es demagogia. Él lo aceptó.

Hamdan figura como co-guionista y se nota que hay un trabajo literario con su relato. ¿Cómo lo hicieron?

Lo primero que hicimos fue grabar entrevistas con él, sin filmar. En realidad no era una entrevista, le pedimos que nos cuente su vida, y ahí nos contó todo. Él estuvo preso muchas veces, lo intentaron envenenar, le han pasado mil cosas. Cuando terminó de contarnos dijimos: “Tenemos que elegir un fragmento. Necesitamos ir a lo ínfimo porque sino la película va a durar 15 horas.” Le dijimos a Hamdan que nos interesaba el fragmento de su historia que va desde que él recibió la misión en Siria, entró los explosivos, entrenó a Omar y sus años de prisión. Él estuvo de acuerdo.

Nos volvió a narrar, en entrevistas, esos momentos con lujo de detalle. Ahí todavía no habíamos filmado nada. Con esa información empezamos a reescribir el guión con él. A tomar frases para que después las recite. A partir de reescribir la parte de su vida que nos interesaba fuimos a buscar los lugares para filmar. Esa fue la estructura de trabajo.

La voz en off, a partir de la forma de recitar de Hamdan, parece como si estuviese contando un cuento milenario. Esa manera de hablar ¿es la que tiene naturalmente o ustedes trabajaron eso con él?

Nosotros sabíamos que la voz en off iba a generar el clima en la película. Pensamos la voz en off no como una cuestión de anclaje que grafique lo visual, sino que queríamos que transmita un estado, un clima. No es que él normalmente habla así, fuimos buscando el tono. Una vez que teníamos el guión, íbamos repitiendo las frases para poder alcanzarlo. A veces hay gente que siente como racional y fría la manera como él cuenta lo que pasa, pero ellos tienen otra relación con el dolor, muy distinta a nosotros. Además, hay que entender que, tanto Hamdan como todos los que aparecen en la película, son médicos, ingenieros, licenciados en literatura, gente muy formada que tiene mucha racionalidad sobre lo que han hecho. No es que fueron un grupo de adolescentes que dijeron: “Nosotros nos vamos a levantar, a resistir.” Está todo muy pensado. Por eso cuando Hamdan narra, siempre está ese tono.

Recién hablabas del vínculo entre las entrevistas previas y la búsqueda de imágenes. Es interesante que la película empieza con la voz en off sobre la imagen en negro y, luego, vemos el rostro de Hamdan en silencio. Una disociación que permite una conexión a otro nivel. Mi percepción es que la voz combinada con la imagen funciona (por los lentes que se usan, por los tipos de plano, los movimientos de cámara) como si te transformases en él. Como que entras en su punto de vista. ¿Eso es lo que buscaron?

Lo que nosotros intentamos con la voz en off, es que el espectador tenga la sensación de estar adentro del pensamiento de él, como si navegaras por su pensamiento. Los travellings ayudan a eso, ciertos paneos de cámara. La idea principal, insisto, es que vos puedas acceder a sus pensamientos, a sus recuerdos, y navegues por ellos. También nos interesaba que el tiempo en la película, el tiempo físico, sea más vago. Que no tenga tanto anclaje con la realidad, ni con el pasado ni con el presente, sino que esté más diluido. Queríamos que la película tenga un relato universal, si bien es un preso palestino, mucha gente que estuvo presa en diferentes países, en dictaduras, se reconocía en Hamdan. Buscamos poder generar una situación universal sobre lo que le pasaba a un preso político.

Eso está muy logrado. Da la sensación como que uno arribará a los lugares que filmás en la película después de una catástrofe.
Relacionado con esto, ustedes llegaron a Palestina que, según los relatos a los que uno accede, es un lugar muy bullicioso, lleno de gente. Sin embargo, trabajaron a la inversa. En la película casi no se ve gente, los sonidos son muy precisos y minimalistas ¿Cómo fue ese trabajo y por qué decidieron abordarlo de esa manera?

Eso que decís es así, tanto en Palestina como en cualquier ciudad árabe. Pero hay que tener en cuenta que nosotros vivimos casi tres meses en la aldea en la que vive Hamdan. Ahí es muy distinta la vida. El tiempo y el ritmo ahí son otra cosa. Por otro lado, lo que nos parecía interesante de esos lugares vacíos es que, muchas veces, reflejan ese estado de ánimo de pérdida de lo familiar que viven los palestinos presos, ese aislamiento y esa separación de la familia, que es un quiebre muy importante en la cultura árabe. Por eso para nosotros fue importante que esté la madre en la película, porque en su cultura la madre es clave. Es un pilar esencial. Es muy difícil que resista alguien sin su madre. De alguna manera, esos espacios vacíos evocan esa pérdida.

¿Los lugares que se ven son los que efectivamente Hamdan narra?

El caso de la celda, es la celda. Un lugar que se mantiene intacto desde esa época, como si la memoria hubiera quedado retenida ahí. Pero en general son los lugares que nos evocaban eso. El camino que él describe es la frontera Siria-Palestina que no la pudimos filmar, no hay manera de filmarla. Ahí surge algo interesante del documental, él nos llevaba a veces a una cárcel donde había estado preso, pero ahora esa cárcel es para presos comunes y está bajo la órbita de la autoridad palestina, y la verdad que esas cárceles que vimos estaban en buen estado. Yo le decía: “pero esto no se parece a lo que vos me decís”, y él se reía: “esto es un hotel 5 estrellas en comparación de donde estábamos”. Si fuéramos periodistas eso tenía un valor documental, de documento. Porque el estuvo preso ahí, pero si nosotros planteamos que somos cineastas y queremos que la película tenga un valor emocional, a veces es mucho más interesante, filmar algo que no era exactamente lo que él había hecho, pero que emocionalmente nos trasladaba a eso. Lo que privilegiamos muchas veces, es el valor emocional por sobre el documento.

Es como la anécdota de Eisenstein. Él cuenta que cuando estrenó “El acorazado Potemkim” en Ucrania, donde sucedieron los hechos, tuvieron un juicio de un tipo que le pedía parte de los derechos de autor porque decía que él, como se ve en el film, era uno de los marineros que iba a ser fusilado y que había estado bajo la lona en el momento en que sus camaradas se niegan a disparar y comienza la rebelión. La cosa toma estado jurídico hasta que Eisenstein explica, que en el Potemkim real a nadie se lo tapó con una lona, que la lona iba debajo de los fusilados para no manchar la cubierta con sangre, pero que en la película era mucho más dramático que la lona este sobre ellos. Es decir que buscaron captar la verdad emocional antes que la documental.

Antes me habías dicho que estuvieron cerca de tres meses allí ¿Qué idea tenías del conflicto y cómo se fue transformando estando en el lugar?

Yo me había informado bastante sobre el conflicto. Estuve con mucha gente palestina y con israelíes más cercanos a la negociación, no con la parte más dura, sionista. Tenía una visión del conflicto bastante amplia, pero mucho más intelectual que lo que pasa cuando estás ahí que es mucho más físico. Lo que me impactó son cosas más humanas. Las ganas de vivir que tienen los palestinos es impresionante.

La fortaleza que tienen, con las cosas tremendas que les han pasado en lugar de estar cabizbajos están más fuertes. La cárcel en un palestino produce lo inverso que en cualquier persona en cualquier parte del mundo. Salen más formados y más enteros que cuando entraron. Es asombroso. Tienen una cuestión de contención social entre ellos, dentro de la cárcel, que hace que un palestino de 20 años que entra a la cárcel salga más formado que si fue a la facultad. ¿Cómo hacen? No lo sé.

Otra cosa que me impactó, y que el Corán lo grafica muy bien en la frase “la hospitalidad con el peregrino si no sos atacado”, es que no tienen nada y te ponen un plato de comida a vos antes que a ellos.

Después, lo que se vuelve muy duro, es el estado de prisión en la que viven. Nosotros, a veces, íbamos a un hotel cerca del pueblo a bañarnos, porque teníamos problemas de agua donde estábamos. En este hotel, además había un consultorio médico. El chico que atendía, un médico de 30 años que había nacido allí, también trabajaba limpiando el hotel porque sino no llegaba a fin de mes. Un día estábamos en la terraza del hotel, y desde allí se veía el mar, pero estaba separado por el muro.

Él tenía 30 años y en su vida nunca pudo pisar el mar que veía todos los días. Eso te grafica cómo viven. No me vengan con retórica, un pibe que hace 30 años que ve el mar todos los días y que no lo puede pisar. Yo no justifico la agresión contra nadie, ahora… se hace insoportable vivir así Eso lo ves.

¿Cómo fue filmar a un dirigente de una organización tan importante y con la situación particular en la que se encuentra esa organización? ¿Qué cuidados tuvieron que tener?

Hamdan nos contó todo, excepto dos cosas que le preguntamos: ¿Dónde se había entrenado en Siria? ¿Y cual era el objetivo final de la misión? Lo que él nos dijo fue: a mi los israelíes me torturaron durante tantos años y no les dije nada, no se los voy a decir a ustedes.

En su forma, tan distinta de lo que se espera, “Hamdan” es una película radicalmente política ¿Vos te planteas algún objetivo en relación al público que la va a ver?

Desde el vamos, al decidir poner la cámara de un lado y no del otro, se evidencia una cuestión política clarísima. Pero más allá de esto, que es bastante obvio, la película es parte de una trilogía que empezó en Palestina, va a seguir en Chechenia y después en el Tibet. Son lugares ocupados por una potencia y que no son reconocidos como país. Esta trilogía se va a llamar: “¿Quién habla de victoria? El resistir lo es todo”, porque a mí lo que me interesa de Hamdan es esa postura de decir no y resistir sabiendo el carácter precario de cualquier victoria.

Yo no estoy tan preocupado por la cantidad de gente que vaya al cine a verla. Lo que sí deseo es que si van 50 personas a una función les genere algo, que no se vayan indiferentes de la película. Por eso para mí el personaje de Hamdan es tan interesante porque es alguien que no te deja indiferente. Para mí ese es el valor de una película. Si yo te muestro una víctima de un lado, una víctima del otro es como que te dejo tranquilo porque vos volvés a tu casa y decís: “la humanidad está loca, se matan entre ellos y ya; no se puede hacer nada.” Por eso me parece interesante cuando un personaje, o una película, te deja en un lugar intermedio, cuando te deja pensando. Permitir una reflexión es lo que humildemente espero.

Por otra parte, además pretendo que tengan una experiencia estética. Nosotros hacemos cine y nos interesa narrar audiovisualmente: tenemos el tiempo, el montaje, el sonido, la luz. Intentamos narrar con eso. Consideramos que el documental no es un género menor, el documental puede tener un desarrollo artístico y cinematográfico como cualquier otro género.

“Hamdan” puede verse en el Cine Gaumont a las 15:50 y 20:45, o los viernes a las 20hs en el MALBA.







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