Política

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¿Quién maneja la SIDE de Macri?

Como si fuera una puerta giratoria, los que se fueron ayer regresan hoy.

Diego Genoud

Periodista

Martes 3 de mayo de 2016 | Edición del día

Los históricos que observan la vorágine de cada mañana en los pasillos del edificio de Comodoro Py no tienen dudas: algo está fuera de cauce. Las 4 salas de Casación que están en el primer piso, las dos salas de la Cámara Federal que funcionan en el segundo, los 12 jueces federales que se reparten entre el tercero y el cuarto piso y los fiscales que atienden en el quinto conforman una propaladora de noticias que hace mucho no se veía. Dicen los que saben que esa topografía indescifrable para legos en realidad escribe un sólo mensaje y no es el de un mani pulite aborigen. Es un alerta que tiene como principal destinatario a la Casa Rosada.

Los periodistas, los abogados y los secretarios que pasan sus horas en los Tribunales Federales no son los únicos que circulan por esos pasillos en los que están en juego la primicia y la libertad. Hay otras caras, tal vez más decisivas, que gobiernan la lógica de la Justicia y que circularon durante 11 de los 12 años del kirchnerismo en el poder. Las mismas caras que se esfumaron cuando el gobierno de Cristina Kirchner rompió su alianza de hierro con Jaime Stiuso y que -después de un año sabático- están de regreso.

A nadie escapa que los tribunales de Comodoro Py estaban conectados con el poder de turno por un lubricante que partía del edificio de la ex SIDE en la calle 25 de Mayo, a metros de la Casa Rosada. Pero el memorándum con Irán y los cortocircuitos con el kirchnerismo en retirada y descomposición expulsaron a la pieza maestra de la instalación mayor, el fantasmal Stiuso. Aldo Stiles abandonó La Casa pero la instalación sigue intacta y necesita que el lubricante vuelva a aceitar las relaciones.

Aunque se hable de lucha contra la corrupción y aunque puedan existir quizás jueces y fiscales “honestos”, lo que prima es otra demanda. Siempre en auxilio del vencedor, la comandancia de la familia judicial despliega sus cañones contra el poder político que cayó en desgracia. Es una puesta en escena, una teatralización y también una demostración de poder. Más allá de los rencores que pudieran persistir, hay quienes piensan que el desfile de kirchneristas por Retiro es sobre todo un mensaje para el gobierno de Cambiemos que podría resumirse en dos frases: “Tenés todo esto a disposición. ¿Te lo vas a poner en contra?”.

¿De dónde surgen los videos y las escuchas que aparecen de repente como piezas decisivas para causas judiciales que durante años estuvieron dormidas? ¿Es producto de los avances de jueces y fiscales o mérito del trabajo de especialistas, herederos más o menos sofisticados del protagonista de La vida de los otros? Son muchos los que destinaron días enteros a almacenar y preservar esa información que –cuando el poder político se esfuma- puede derivar en pruebas que lleven a los ingratos a la cárcel.

¿Caja negra o puerta giratoria?

La familia judicial funciona con los códigos de una logia. Mauricio Macri no da señales de ocuparse de su relación con el poder que tiene a Ricardo Lorenzetti como vértice, salvo por la vista gorda que hace ante el autoproclamado candidato a operador Daniel Angelici. Rápido, el presidente de Boca quedó fulminado en público por las críticas de Elisa Carrió. Pero no desiste de sus pretensiones. La semana pasada ganó la elección en el Colegio Público de Abogados de la Capital Federal junto al inquieto Jorge Rizzo. Angelici fue electo vicepresidente del Colegio y en su lista figura Norberto De Stéfano, hermano de Juan Sebastián De Stéfano, jefe del área judicial de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI), la ex SIDE. Como lo marcó el periodista Mariano Confalonieri en el diario Perfil, se trata de un hilo conductor entre la Justicia y los servicios de inteligencia. No es el único, claro.

La ruptura de Stiuso con el kirchnerismo a fines de 2014 desató una réplica que hizo temblar a varios, en febrero de 2015. El estudio jurídico de Darío Richarte y Diego Pirotta dejó de percibir la partida millonaria que todos los meses le facturaba a la ex SIDE para defender a los funcionarios del gabinete que habían dejado mayores flancos para que la Justicia se los llevará puesto. Amado Boudou era el primero de la lista pero no el único. Richarte y Pirotta no lo hacían por amor ni convicción y renunciaron a su misión en pocos días. Sin embargo, ahora Richarte vuelve a tener influencia en el gobierno de Cambiemos. Un hombre de su confianza, Juan José Gallea, fue designado en la secretaría de Finanzas de la AFI que -por lo que se sabe- cambió de nombre pero no de esencia. Después de ocupar el mismo cargo durante el gobierno de Fernando De la Rúa, Gallea se refugió en la oficinas del Grupo Veintitrés durante los años del kirchnerismo. Pese a la fuga de Sergio Szpolski –que dejó 800 trabajadores de prensa en la calle- Gallea consiguió conchabo con una velocidad envidiable. Elisa Carrió, Gustavo Vera y también algunos kirchneristas coinciden: Richarte, Pirotta, Gallea y Szpolski estaban subordinados a una figura mayor, el miembro de la Auditoría General de la Nación y operador judicial del kirchnerismo –hasta el 10 de diciembre- Javier Fernández, padrino que surgió en la escudería de Rodolfo Barra junto a otro personaje al que ahora se vuelve a unir, Gabriel Mihura Estrada, un ex funcionario kirchnerista que fue apoderado del Frente Renovador, es sobrino de Santiago de Estrada y ahora también recala como auditor en la AGN.

Con los palcos de Boca como excusa, Angelici afianzó su fraternidad con xeneizes apasionados como Richarte –vicepresidente tercero del club de los amores de Macri-, los fiscales Carlos Stornelli, Gerardo Pollicita, Raúl Pleé y el juez federal Ariel Lijo, entre otros.

Mientras en los pasillos de Comodoro Py se vive al borde del éxtasis y estos desplazamientos se dan en las sombras, Mauricio Macri y sus colaboradores miran para otro lado. ¿Fingen? Casi cinco meses después del recambio presidencial, la Casa Rosada todavía no envió los pliegos de las nuevas autoridades que designó el presidente al frente de la ex SIDE, el empresario del fútbol Gustavo Arribas –sin antecedente alguno en la materia- y la dirigente del PJ porteño Silvia Majdalani, que entre 2011 y 2015 fue parte de la comisión bicameral que en lugar de fiscalizar a los organismos de inteligencia convalidó el reinado de Stiuso. Majdalani reconoce su amistad con Francisco Larcher, el santacruceño que llegó a ser el número 2 de la SIDE y cayó en desgracia a partir de 2013.

La reforma que le cambió el nombre a la SIDE establece en el artículo 15 de la ley 27.126 que las autoridades necesitan la aprobación del Senado para ocupar su cargo. Por eso, las organizaciones nucleadas en la Iniciativa Ciudadana para el Control del Sistema de Inteligencia (ICCSI) denuncian sin que nadie las escuche que Arribas y Majdalani –que actúan en comisión- debutaron con un ejercicio ilegal de la función. La ICCSI suma otros dos reclamos: que se conforme la comisión bicameral de control y seguimiento de la AFI y que deje por fin de ser la escribanía del espionaje argentino. También le pidieron sin éxito a Lorenzetti que los reciba: la Corte Suprema es la que tiene en su poder las escuchas telefónicas que pasaron de la tenebrosa OJOTA al más moderno Departamento de Interceptación y Captación de Comunicaciones (DICOM) que preside el camarista Martín Irurzún. ¿Formalidades?

El fuero Contencioso Administrativo Federal donde se destaca el camarista Sergio Fernández –hermano del poderoso Javier-, camaristas como Irurzún y Eduardo Farah, jueces como Luis Rodríguez, Sebastián Ramos, Sergio Torres y miembros de la Cámara de Casación como Mariano Borinsky directamente son señalados desde el kirchnerismo como empleados de la SIDE. Aunque a grabador apagado, los ex funcionarios del gobierno de Cristina tienen autoridad para decirlo: fueron los administradores del lubricante que salía de 25 de Mayo hacia Comodoro Py durante 11 largos años. También partir de la reforma de la ley de inteligencia, la SIDE se quedó sin excusa para “colaborar” en las investigaciones criminales. No pasa nada.

Para la mayoría de los mortales, la ex SIDE sigue siendo una caja negra. Pero para los entendidos se parece más a una puerta giratoria en la que los que se fueron ayer regresan hoy. No todo es igual: hay empleados con distintos grados de autonomía y hay esclavos expuestos a detonar. Entre los últimos figuran los que tienen un secreto que esconder y no pueden estar tranquilos. Aunque haya quedado inmortalizado como uno de los jueces de la servilleta de Carlos Corach y tenga los peores antecedentes –el libro Justicia era Kirchner de los periodistas Pablo Abiad y Mariano Thieberger sigue siendo insuperable para entenderlo- Claudio Bonadío no es ni lo uno ni lo otro. En Comodoro Py lo definen más bien como un depredador que huele sangre y va en busca de un pedazo de carne que le garantice la sobrevida. Por eso, con la causa de dólar futuro puede hacer cualquier cosa, incluso algo que no beneficie a Macri, como sería llevar a la cárcel a Cristina Kirchner por el tema que menos la compromete.

El Fino y Jaime

Entre los nombres que acompañan a Arribas, Majdalani, Gallea y Destefano en la ex SIDE circularon otros que tampoco ofrecen credenciales para entusiasmar a nadie: el nuevo director de Contrainteligencia, Diego Dalmau Pereyra, un oficial de Inteligencia del Ejército que fue profesor de la Escuela Nacional de Inteligencia durante 15 años.

En la División de Criminalidad Económica Financiera, Arribas designó al ex fiscal general adjunto Eduardo Miragaya, un mendocino que trabajó junto a Angel Agüero Iturbe y Nicolás Becerra, que ocuparon el cargo de procurador general de la Nación durante los años del menemismo.

El periodista Claudio Savoia, autor del libro Espiados, escribió en Clarín que el encargado del área de Crimen Organizado, comisario retirado Edgardo Aoun, no sólo fue ex director de Defensa y Protección al Consumidor porteño sino que además está ligado al ex comisario federal Jorge “Fino” Palacios. Desde el gobierno, salieron a relativizarlo.

El Fino Palacios y Jaime Stiuso fueron dos enemigos históricos. El macrismo apeló en su pubertad a los servicios del primero pero hoy parece a merced del segundo. En la pelea política que se traduce en trastornos problemas judiciales, Stiuso revolcó a Palacios, que terminó procesado por encubrimiento del atentado a la AMIA y deberá ir a juicio oral el año próximo en la causa por el sistema de espionaje con pinchaduras que tenía origen en el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

El regreso del todopoderoso Stiuso es indisimulable. Parece difícil que la capacidad de acción y la sed de venganza que le atribuyen puedan ser desactivadas por un gobierno que no habla de uno de los temas que se llevó puesto a su antecesor. Es un campo minado al que se suele subestimar hasta que todo vuela por los aires. Y ya no hay tiempo para nada.







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