Política

TRIBUNA ABIERTA

Randazzo visitó Salta buscando mostrar envergadura nacional

Cual hermano celoso Florencio Randazzo busca que la presidenta se disuada de apoyar a Scioli, para lo cual arribó a la primera provincia que tendrá elecciones ejecutivas en el año y se paseó con la fórmula oficialista local compuesta por Juan Manuel Urtubey y Miguel Isa.

Franco Hessling

Corresponsal Salta

Viernes 20 de marzo de 2015 | Edición del día

Un clásico de las campañas políticas es la demagogia, envalentonada por las ampulosas rúbricas visuales de alguna obra pública estridente o un aparato excelso. En ese sentido, aquella invención que zanjaba para siempre el pasado del transporte a mediados del siglo XIX, el ferrocarril, todavía le sirve como insumo a los gobernantes –o aspirantes a serlo- de turno.

El ministro del Interior y Transporte de la nación, quien no escatima en vociferar sus apetencias presidenciales, llegó a la provincia de Salta para re-inaugurar el famoso ramal Belgrano Cargas. Un dato menor, que deja al desnudo el uso de esos actos pero la falta de ejecución, es que es la tercera vez que el kirchnerismo hace semejante anuncio; la primera fue Néstor Kirchner, luego su esposa y sucesora Cristina Fernández –hace cosa de 4 años atrás- y ahora el bueno de Florencio.

En el itinerario de Randazzo por la provincia se destaca también la puesta en funcionamiento de la Comisión Nacional de Regulación del Transporte sede Salta (CNRT), la cual tendrá la responsabilidad de fiscalizar el uso de los subsidios nacionales, los que actualmente en Salta son controlados por la Autoridad Metropolitana de Transporte (AMT), quien hace la vista gorda –por la denodada convivencia entre el poder político y el económico- de las ejecuciones espurias que hacen los empresarios del transporte público.

La cuestión no distará mucho, sin ser pesimista ni mucho menos, ya que la CNRT más que agudizar los controles, hará la “correcta” distribución de fiscalización que se adecue a los acuerdos políticos contingentes. Es decir, AMT podrá seguir siendo el órgano de influencia para tutelar los subsidios provinciales, y por ende para aceitar, ajustar o romper las relaciones políticas del Gobierno provincial con empresarios del rubro, mientras que la CNRT hará lo propio con el ámbito nacional en la provincia. Se dividen el quiosquito –hablando de “estatización”, “nacionalización” o “federalización”-, porque cuentas claras mantienen los amigos, y ciertamente Randazzo se mostró muy amigo del gobernador Juan Manuel Urtubey.

No es del todo intempestivo suponer que el ministro vino a la provincia a buscar un acompañante para su aventura electoral, un compañero de fórmula, todo dependerá también de la fuerza que muestre Urtubey en lo que serán las primeras elecciones del año, en abril próximo. Si bien se anticipa que la venia de Cristina será para Daniel Scioli, Randazzo parece estar dispuesto a debatirse ese madrinazgo hasta las últimas consecuencias.

Con ese fin puede que se haya acercado al primer gobernador oficialista del país que deberá mostrar fuerza en la sucesión de elecciones de 2.015.
“Me parece que soy un poco más audaz que Scioli, él es un tipo más conservador”, expresó Randazzo, aunque al ser interpelado sobre temas como los desmontes en Salta, la explotación mega-minera a cielo abierto o el desplazamiento de las comunidades de pueblos originarios, ostento más mesura que audacia. Su perorata cansina pero entusiasta, ciertamente más colorida que la de Scioli, no consigue horadar el conservadurismo demostrado en los últimos pasajes del ciclo K, en el que están igualmente identificados ambos pre-candidatos.

Un kirchenirsmo que da estertores sin justificar acciones, o falta de ellas, en temas sensibles de la sociedad como la carencia de empleo, la violencia contra la mujer, el Código Penal represivo, el desdén al medio ambiente, o la simbiosis entre el Poder Político y sus homólogos el Judicial y el Económico. Un pre-candidato que ya no busca distanciarse de la derecha más rancia del país, sino que trata de mínimamente ganar adeptos internos que hagan que la presidenta dude de si darle la mano al contrincante suyo dentro del mismo frente o extendérsela a él. Un kirchnerismo apocado, muy venido a menos.







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