Mundo Obrero

INFLACION Y (DES) EMPLEO

Recesión: cuando la CGT oficial ya no puede ocultarla

Tras la difusión de los indiscutibles datos de recesión económica, los dirigentes de los sindicatos alineados con el gobierno salieron a hablar de la situación del empleo y la inflación.

Lucho Aguilar

@lukoaguilar

Miércoles 15 de octubre de 2014 | 10:53

Foto: DyN

El deterioro de la economía se palpa en la calle. En el bolsillo, el supermercado, en la agencia de trabajo, en los vestuarios. Pero hasta hace poco en los despachos de algunos dirigentes, que parece no viven igual que sus representados, el tema sólo se comentaba en secreto.

La recesión y el malestar entre las bases, que ya lleva varios meses, llevó a algunos dirigentes cercanos al gobierno a hacer declaraciones sobre la situación.

La UOM advirtió que en la industria fueguina peligra uno de cada cinco puestos de trabajo. No les renovarían los contratos a más de 3 mil metalúrgicos, lo que además revela la precariedad del empleo en una de las industrias mimadas de la última década.

Además de la preocupación por el empleo, la situación del salario no puede ocultarse. Hasta Gerardo Martínez (UOCRA) se dio cuenta: "¿De qué sirve conseguir un aumento salarial del 40% si a los tres meses se te pulverizó? No es lógico, algo hay que hacer entre todos para bajar este nivel de inflación". Y eso que cobra más de 100 mil pesos por mes en el gremio y jamás hizo equilibrio en un andamio (ni para llegar a fin de mes).

"Hoy en la construcción tengo 430.000 trabajadores, pero si hay una situación inflacionaria de descontrol absoluto volvemos para atrás y pierdo 100.000 puestos” (Clarín). 100 mil puestos de trabajo es un dato concreto que ayuda a entender lo que puede suceder si la recesión económica se profundiza. ¿Qué sucedería si la desocupación avanza a ese paso?

En Smata, tras negarlo por meses, reconocieron que los mecánicos afectados por suspensiones eran más de 13.000 y que durante el año hubo 800 despidos. Como demostró La Izquierda Diario, la pasividad ante las suspensiones, y la complicidad con los despidos, es bien retribuida por las multinacionales automotrices.

“La única verdad es la realidad”, decía el hombre que inspiró a todos los dirigentes de la CGT. Y la realidad es que mientras los sindicatos oficialistas apoyan las políticas del gobierno y acallan cualquier resistencia, los despidos y suspensiones crecen a ritmo tan calmo como sostenido. Según el relevamiento de la consultora Tendencias Económicas, que releva desde 1986 las denuncias sindicales publicadas en medios gráficos del país, “en el promedio de los primeros nueve meses de 2014 los despidos se multiplicaron casi por tres y las suspensiones por más de seis veces” (Infobae).

A esto la inflación y la preocupación por el empleo, hay que sumar la precariedad laboral que afecta las condiciones de vida de millones de trabajadores. El Ministro de Trabajo Carlos Tomada quiso evitar su difusión, pero durante su presencia en Perú la Organización Internacional del Trabajo (OIT) difundió un informe que revela que casi la mitad de los trabajadores está en la informalidad. La informalidad, más allá del término estadístico, repercute en la vivienda, en la salud, en los aportes y la vida cotidiana de más de 8 millones de trabajadores. El informe, elaborado en base a información de la Encuesta Permanente de Hogares del Indec, revela que entre los jóvenes de entre 15 y 24 años, esa tasa supera el 61%. Divino tesoro.

Los dirigentes de los sindicatos opositores han hablado antes de esta situación. Es cierto. Incluso han debido convocar medidas de fuerza. Pero ni bien han podido han vuelto a sus despachos. Tan cómodos y blindados a la realidad como los de las centrales oficialistas.

Han sido otros dirigentes, y otros trabajadores, los que han denunciado ante millones que los empresarios se estaban excusando en la recesión para suspender ilegalmente, y perseguir a los sindicalistas combativos.

Lejos de los despachos, los duros conflictos de Lear, Donnelley, Valeo, Calsa o Liliana, denunciaron los que las cúpulas gremiales quisieron ocultar, y enfrentaron lo que estas no quisieron enfrentar.

Millones de trabajadores ya saben de ellos. Y no es poca cosa.







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