ROSARIO

“Recuperemos la tradición setentista, venguémosla. Este #24M volvemos a las calles”

Tenemos una estrategia, esta juventud es la continuidad de una generación combativa, quiero contar por qué.

Martes 20 de marzo de 2018 | 14:47

Tan solo cuatro años tenía mi viejo cuando los milicos lo arrancaron de los brazos de su mamá. Se la llevaron a un centro clandestino y después de estar unas semanas desaparecida la mandaron a la cárcel de Devoto. Muchas veces pienso en ese momento, en realidad lo imagino en la noche, cuando me invade el insomnio y no puedo dormir. Se me viene una mezcla de sentimientos que se anudan acá, en el pecho, mezcla de sufrimiento y de desesperación.

Esa noche, mi papá estaba con su hermanita de menos de un año. Esa madrugada, un megaoperativo con faros, perros guardianes y agentes armados hasta los dientes interrumpieron el sueño de ellos para llevarse a mi abuelita, a Nora. Los oficiales llevaron a mi viejo y a su hermanita con unos vecinos, ahí empezó una infancia de visitas periódicas a la cárcel de Devoto, de crecer con la obligación de negar la existencia de sus padres, de mentir diciendo que a mi abuelo lo chocó un camión y no que lo fusilaron los milicos por querer una sociedad mejor. Mi papá se tuvo que aguantar que su entorno y hasta en la escuela le digan que sus padres eran unos subversivos, unos terroristas y hasta ese despreciable: “Algo habrán hecho”.

Días antes a su detención, yendo a hacer mandados, mi abuela se había encontrado con un amigo de Eduardo, su compañero. Ella no sabía que el amigo de mi abuelo también militaba, que era de Montoneros. Él sí sabía y ni bien la vio se largó a llorar y el abrazo fue muy fuerte. Le dijo que él había visto todo. Que entraron a la casa donde estaban reunidos rompieron todo y no dejaron a nadie vivo. En esa reunión estaba mi abuelo Eduardo. Mi abuela le pregunto si tenía miedo, él le respondió que sabía que lo iban a buscar, pero que no se lo iban a llevar vivo ni en pedo. A él no le importaba dejar su vida por una causa que iba más allá, que era por un futuro mejor. Tenía un plan, cuando lo busquen iba a detonar una bomba y se llevaba con él a esos hijos de yuta. Y así lo hizo.

Como estas historias hay muchas, desde que tengo uso de memoria que mi abuela me transmitió recuerdos, valores, ideas, que no son propiedad de un individuo, o no deben serlas. Son marcas en la historia que dejó toda una generación combativa. Una juventud que se comprometió de lleno a luchar contra este sistema. Que se cansó de que las crisis económicas siempre las paguen los trabajadores, y que cada vez haya más pobres. Se dieron cuenta de que este sistema no tiene nada para ofrecernos y que hay que organizarse para enfrentarlo porque otra vida si es posible. Toda una generación de adolescentes, jóvenes, adultos, estudiantes, obreros, docentes, intelectuales, que se la jugaron por luchar por otra sociedad, una sociedad sin explotación, donde la mayor parte de nuestro tiempo en la vida la podamos dedicar a nuestro disfrute, al arte, a la cultura, a la ciencia, a romper con todos los límites del desarrollo humano.

Esa generación enfrentó al sistema. Y por esto los poderosos, los mismos que hoy justifican la muerte de Santiago Maldonado o de Rafael Nahuel, en complicidad con las fuerzas armadas, empresarios como Blaquier y la misma Iglesia llevaron a cabo el genocidio y dictadura más terrible de nuestra historia.

Previo al 24 de Marzo quería escribir mi historia, la de mi abuelo peronista y luchador, mediante las experiencias que mi abuela me transmitió, que es lo que hizo que hoy en día esté militando para cambiar el mundo. No es cualquier 24 de marzo, los ataques del Estado se agudizan, así como se agudiza la resistencia. Quieren barrer con las conquistas, que nos caguemos más de hambre, que haya más precarización, más jóvenes arruinados y es importante entender que la única forma de que esto no siga pasando es organizándonos, sacando conclusiones de las victorias, pero principalmente de las derrotas, estudiar la historia de nuestra clase que siempre luchó para liberarse, para de una vez por todas liberar a toda la humanidad.

Tengo 20 años, estoy comenzando la carrera de Ciencia Política en la UNR, trabajo precarizado como delivery de una pizzería y roto constantemente en trabajos inestables, vivo en un barrio de zona norte. Me organizo con mis compañeros de la facultad. Yo no soy peronista, milito y me organizo en el PTS en el Frente de Izquierda. Nosotros estamos vivos, existimos, somos la juventud que llenó todas las calles el último 8 de marzo e hizo temblar la tierra por las demandas de las mujeres como el derecho al aborto. Somos la juventud que se plantó en la represión con LEAR, PepsiCO, Liliana, la que acompaña a los trabajadores del Hospital Posadas. Somos los que repudiamos los actos de odio por orientación sexual y por eso marchamos por la absolución de Higui. No somos ignorantes, no somos ingenuos y tenemos una estrategia.

El #8M tembló la tierra porque las mujeres dijeron ¡basta!. Este 24 de marzo tenemos que hacer que los poderosos vean que estamos dispuesto a ir por todo y que no les vamos a dejar que nos sigan matando como a Facundo, el niño de 12 años asesinado por la policía con un tiro en la cabeza, no queremos que nos maten como a la brasilera Marielle asesinada por su activismo. Recuperemos la tradición setentista, venguémosla y sigamos el trabajo que empezaron. Este #24M volvemos a llenar las calles por mi abuelo Eduardo, por los 30 mil, por Rafita, por Santiago Maldonado, por Marita Veron, la Pepa Gaitan, Sandra Cabrera, por Mariano Ferreyra, por Dario y Maxi, por Facu y por Mariele, por los cientos de jóvenes asesinados en la provincia que lidera el ranking de gatillo fácil, dejando banderas con nombres propios como Franco Casco, Jonatan Herrera y Pichon Escobar y por todos los que se llevó el capitalismo. Un solo mensaje: #NoPasarán.







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