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Relojero: la eterna vigencia de un clásico

Una obra de Discépolo en el teatro Regio hasta el 26 de junio.

Miércoles 21 de junio de 2017 | 08:31

Sobre Discépolo:

La obra de Discépolo (1887-1971) está estrechamente ligada con la condición humana, tocando temas tan atemporales pero estupendamente abordados como lo es el choque entre generaciones. Desde su acertado ojo crítico, sus obras tienen una carga dramática con sello propio, mostrando los personajes más significativos del teatro grotesco: hombres, mujeres jóvenes, viejos frustrados, postergados humillados. Muestra en sus obras, una serie de eternos dilemas de la humanidad, o de las personas, desde un lugar ocurrente y como sólo él supo abordar, con tintes absurdos y profundamente cómicos sin trivializar la realidad, pero tal vez para mostrarla un poco menos dolorosa, si se quiere.

Si el sainete resulto ser el reflejo de los patios del conventillo alegre y picaresco, el grotesco entra en las habitaciones de los mortales inquilinos y desnuda, revela, cada historia que se encerraba en esas cuatro paredes que cobijaron esperanzas y decepciones de familias en búsqueda de una mejor calidad de vida. De allí su merecido nombre de: "el padre del grotesco porteño".

Su labor como dramaturgo se inicia a comienzos de la primera década del siglo pasado, donde Pablo Podestá célebre actor y director de la época se interesa por la obra “Entre hierro”. La pieza se estrena en el teatro Marconi, con un estupendo éxito, así es como la prosa de Discépolo tomo vida por primera vez en los escenarios porteños donde ya han transcurrido más de cien años de su estreno y la pluma de autor de Stefano continua con la frescura y la vigencia de antaño.

La obra.

Casi en su totalidad las obras de Discépolo han tenido un espacio de difusión en las salas oficiales razón por la cual desde comienzos de mes en el teatro Regio el público puede disfrutar de su última obra “Relojero” escrita en 1934 donde luego el dramaturgo hace un cierre, como hombre de letras abandona el oficio de escritor, se aleja de este rol para abocarse a la dirección teatral.

"Relojero" más que un grotesco es una comedia trágica en donde los deseos y las frustraciones juegan un rol fundamental y donde las ganas de querer "ser alguien en la vida" y salir a enfrentar al mundo, son más fuertes que los mandatos familiares.

Daniel es un trabajador que repara relojes. No ve más allá de su mundo en el que se forjó. No acepta los cambios que se avecinan, sino que los cuestiona desde una óptica retrograda. Según él, antes todo era diferente, todo tiempo pasado fue mejor, la honestidad y la buena moral se convirtieron en materia vieja.

Del otro lado están sus hijos:

Nene (Laura Grandinetti) una joven perdidamente enamorada de un hombre con una posición económicamente acomodada, cuyos deseos pasan por tener un marido, un hogar, continuar con su pasión que es la música, su único cable a tierra en un hogar gris y rutinario. Su hijo Carlos (Martin Urbaneja), acorralado por los mandatos paternos, se niega a continuar con el mismo oficio de su padre y se enfrenta ante la disyuntiva de echar raíces en su casa o ser un gran comerciante. Para concretar sus deseos deberá alejarse de las alas de su familia.

Lito (Federico Salles), un joven a punto de recibirse de médico, es un hombre con ciertos aires de grandeza que mira un tanto por arriba de los hombros a su hermano por hablar siempre desde lugares comunes y adora a su hermana por su belleza porque "nadie puede triunfar si no es bello", piensa.

La vida allá afuera está difícil, pero ellos tres, poseen la fuerza de la juventud. La realidad que les toca vivir en un Buenos Aires, convulsionada por la crisis de la década del 30. Si bien son tiempos de vacas flacas, para esta familia el tema central se enfoca en la mirada y los sermones del jefe de familia que cuestiona la desfachatez del mundo actual constantemente, la falsa moral que se impone, un juicio de valores medido desde una vara muy alta y prejuiciosos también sus hijos le cuestionan sus conductas arraigadas al pasado.

Los conflictos entre los hermanos quedan al descubierto enfrentados entre sí en circunstancias límites cuando cada uno decide tomar un rumbo diferente. Presagiando su futuro soñado.

"Hay que enseñarles a volar- sentencia Daniel, interpretado por un notable Osmar Núñez- observarles las alas y cuando éstas estén crecidas, ponerlos en fila y que se vallan, que vuelen a ganarse el pan, a buscar un macho o una hembra y ya está cumpliste como padre si alguno viene a tu árbol, no reconocerlo, mi hijo? No. mi competencia, viene a sacarme algo fuera, fuera." Rivalidad y humillación se hacen presentes en dos generaciones en donde el autor no toma partido por ninguno en este crucial duelo de ideas.

A estos soñadores empedernidos, la moralidad de su padre no los paraliza, están dispuestos a enfrentar y luchar por sus principios.

Discépolo plantea que nadie tiene la verdad absoluta y que todos debemos perseguir los sueños cueste lo que cueste.

Todo este sin fin de humillaciones y búsqueda de sueños toman vida en el escenario del teatro Regio bajo la dirección y adaptación de Fedra García quién realiza una estupenda puesta, que es sumamente acertada, entretenida, sin fisuras, que se complementa con la sensatez y el logro de escoger un elenco de actores que se ajusta a la altura de lo que requiere el texto. Se sumaron a este viaje discepoliano Osmar Núñez, Horacio Roca y Stella Galazzi aportando la experiencia de actores de tradición que completan el magistral elenco. Un tridente de jóvenes actores con una temprana experiencia en las tablas como: Federico Salles, Martín Urbaneja y Laura Grandinetti, sin desentonar un minuto, un instante de esta magistral obra con categoría de clásico.

Daniel .Osmar Núñez.
Bautista.Horacio Roca-
Nene. Laura Grandinetti.
Andres. Martín Urbaneja.
Lito. Federico Salles.
Irene Stella Galazzi.
Escenografía Rodrigo González Garillo,
Vestuario .Paula Perez .
Dramaturgia y Dirección. Analíaa Fedra García.







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