Sociedad

CONFLICTO SOCIOAMBIENTAL

Represas del río Santa Cruz: desprendimiento de suelos alerta sobre la geología del terreno

Ante la noticia de una grieta en un talud de contención de los trabajos para desviar el río, la empresa desmiente y ambientalistas vuelven a la carga para tratar de frenar el proyecto.

Laura Borse

Periodista | @lauraborse

Viernes 15 de noviembre | 16:28

El pasado martes 5 de noviembre el portal Econojournal dio la noticia de una “enorme grieta en uno de los taludes de contención” de los trabajos para desviar el río Santa Cruz, en el polémico proyecto de las megarrepresas chinas. Esto habría significado una reprogramación de las obras, la modificación del proyecto y un gran desembolso de dinero que culminó con la renuncia del gerente de proyectos de IEASA (Integración Energética Argentina) Alberto Brusco.

Las represas sobre el río Santa Cruz son resistidas desde hace años por las comunidades originarias y ambientalistas. A pesar de las denuncias de irregularidades y estudios de impacto ambiental que entienden insuficientes, más los continuos incumplimientos de las leyes por los Estados nacional y provincial (como la consulta previa, libre e informada a los pueblos originarios del Convenio 169 OIT), este proyecto, que fue licitado y comenzó bajo la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner y continuó con envión bajo la era macrista, parece que por ahora ninguna grieta le hace demasiado daño.

Sismos inducidos y deslizamientos de tierra

Consultado por La Izquierda Diario, Mariano Musso, director de relaciones institucionales de Represas Patagonia, afirmó: “En tareas de excavación de canal de desvío se detecta características geológicas que provocan deslizamientos. No se produce ninguna grieta en talud de contención. La característica geológica solo hará que se modifique la ubicación de algunas obras. Cambios que ya están presentados y en etapa de definición”.

“Se realizaron los estudios correspondientes para la reubicación de las obras, evitando la zona con la posibilidad de deslizamiento dentro del mismo polígono de la obra”, señaló Musso. También agregó que las obras están en etapa de movimiento de suelo y excavación, y que el deslizamiento se produjo sobre una parte de la ladera de la montaña por lo que evitarán esa zona, y se desplazarán hacia abajo para poder continuar.

La Izquierda Diario también dialogó con el geólogo investigador superior Dr. Jorge Rabassa del CADIC-CONICET Ushuaia (que no fue consultado por la empresa constructora ni es parte del proyecto de las represas). Rabassa le informó a este medio sobre los riesgos asociados a geomorfología y represas en general. Explicó que los embalses producidos por la construcción de represas generan sismos inducidos, ya que el agua hace presión sobre las grietas del suelo y las laderas circundantes funcionando como “lubricante”, que en algún momento liberan toda esa energía contenida y generan movimientos en la tierra.

Además, la construcción de estas presas erosiona la base de las montañas y, como consecuencia, se producen deslizamientos y desprendimientos de detritos y rocas al agua embalsada que generan oleajes. La clave de la seguridad es el cálculo que los constructores realizan en base a la hipótesis del “peor escenario posible”, considerando la sismicidad del terreno y los desprendimientos de rocas que podrían ocasionar que el agua del embalse suba y traspase el coronamiento de la presa.

En este sentido, el Dr. Rabassa informó que las empresas constructoras realizan mapas de ultra detalle de la zona de cierre de la presa, mapas del embalse, mapa regional y cálculos sobre el margen de seguridad y cota de coronamiento a la cual se podría llegar sin que rebalse la presa y colapse el sistema.

Pedido para frenar nuevamente las obras y que se realicen nuevos estudios

La preocupación de la comunidad y ambientalistas desde el principio fue que los estudios ambientales y sismológicos no fueron suficientes. Por esta razón en 2017 interpusieron una medida cautelar y lograron que los estudios de impacto ambiental fueran nuevamente realizados, aunque persisten las controversias sobre éstos.

LID también se comunicó con el geógrafo Alejandro Schweitzer, académico de la Universidad Nacional de la Patagonia Austral, quien participó de los estudios de factibilidad para la represa La Leona -proyecto finalmente descartado-, sobre la naturaleza de los suelos de la región y la posibilidad de que eventos de desplazamiento de suelos puedan poner en riesgo la obra, a los trabajadores y el ambiente.

Este especialista coincide en que los estudios sísmicos y geomorfológicos necesarios para estas represas no fueron suficientes o fueron directamente mal realizados, ya que -según explicó-, se tomaron datos sísmicos a 500 km de distancia y no se realizaron en el tiempo correspondiente, que era de tres años según el estudio de prefactibilidad del año 2005 realizado por la Universidad de Patagonia Austral.

También recordó el sismo de magnitud 7.9 en la escala de Ritcher del año 1949 (datos INPRES), con epicentro al oeste de la isla de Tierra del Fuego, que se sintió con fuerza al sur de la provincia de Santa Cruz. Aclaró que estos eventos son impredecibles, pueden suceder en cualquier momento, con cualquier magnitud y es imposible saber de antemano las consecuencias que eso podría generar en un río obstaculizado por una represa. Incluso los daños a la estructura misma, como sucedió con la represa Potrerillos en Mendoza o sucede actualmente con la megapresa Hidroituango en Colombia, que sufre graves desperfectos a causa de los movimientos de las montañas donde se emplaza.

Por su lado, Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN), parte de la coalición ambientalista que se opone a la construcción de las represas de Santa Cruz, presentó un pedido de acceso a la información pública para obtener precisiones sobre el deslizamiento-grieta y además exigir que “frente a la reubicación de la estructura de hormigón, debe aplicarse el principio precautorio y frenarse la obra hasta tanto se presente un análisis exhaustivo de los riesgos que involucre estudios ambientales sobre el ecosistema, la flora, la fauna, las formaciones geológicas y el paisaje”.

Los especialistas coinciden en que los deslizamientos de tierra y los sismos son y serán habituales y constantes. La incógnita de los ambientalistas es sobre qué cálculos se han hecho en las mediciones y denuncian que los técnicos y organismos especializados no han tenido el suficiente tiempo para realizar los estudios pertinentes con el objetivo de minimizar los riesgos, que existen y no son menores. El conflicto continúa, agravado por la continua exclusión de la ciudadanía en el acceso a la información precisa y la toma de decisiones sobre este proyecto, lo que no facilita el ejercicio democrático de la justicia socioambiental y la discusión social sobre la producción de energía y sus costos.







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