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Salta: “No sentimos la temporada en nuestros salarios, la sentimos en nuestros cuerpos”

Ayer hicimos entrega de la primera parte de una entrevista a trabajadores gastronómicos de la ciudad de Salta que denuncian las condiciones laborales. En la edición de hoy publicamos la segunda parte.

Martes 19 de julio de 2016 | Edición del día

Contanos, ¿cómo es tu trabajo?

S: Soy cocinera, hace unos 8 años, trabajo hace unos meses en este lugar donde estoy, somos un grupo pequeño de cocineros que tenemos que garantizar que esté toda la comida hecha para cuando venga la gente. Trabajamos 9 horas por $ 6500. Estamos en negro la mayoría, no se nos reconocen los feriados y el patrón te dice que si no te gusta, te podés ir. Pero si nos vamos no hay otro lugar mejor, todos los lugares te pagan poco y te hacen trabajar un montón de horas. Ni siquiera podemos reclamar en el sindicato (UTHGRA, NdR) porque lo que no estamos en blanco somos trabajadores que no existimos. Para el gremio sólo importan lo que están en blanco y ni eso, mis compañeros dicen que el sindicato nunca ayuda a los trabajadores.

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¿Cómo es el trabajo en esta época de temporada?

S: Acá donde estamos viene todo el mundo a pasear, es la Plaza 9 de julio, así que imagínate que todo el mundo que pasa por acá en alguno de todos los restaurantes de por acá se queda a comer, y no nos dan las manos, somos las mismas personas para muchísimo más trabajo. Y si le pedís que traigan más gente el patrón te dice que no hay producción porque nosotros desperdiciamos el tiempo, nos estamos quedando horas extras y no las pagan, no nos reconocen los feriados.

Nos tratan como humanos de segunda, ni siquiera podemos sacar agua fría del dispenser, la dueña nos obliga a tomar agua de la canilla. Quiere que le demos fideos con salsa todos los días a los empleados, ni siquiera tenemos derecho a comer bien cuando es plata que nos descuentan del sueldo. Hemos pasado más de 10 horas trabajando parados sin poder ir al baño. Nosotros no sentimos la temporada en nuestros salarios, la sentimos en nuestros cuerpos. El dueño no sólo no nos paga lo que nos corresponde, se la lleva toda la plata, mientras nosotros volvemos con los cuerpos cansados y los bolsillos vacíos.







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