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Saquen una hoja

Publicado recientemente en Argentina, Facsímil, del autor chileno Alejandro Zambra, usa como estructura uno de los exámenes de multiple choice que durante la década de 1990 medía las “aptitudes académicas” de quienes pretendían ingresar a la Universidad en Chile.

Ariane Díaz

@arianediaztwt

Miércoles 8 de abril de 2015 | Edición del día

La llamada “Prueba de Aptitud Académica” ya no está vigente en Chile –aunque la han reemplazado mecanismos similares–. Sin embargo, parece haber dejado marcas en quienes la debieron atravesar, entre ellos, el mismo Zambra. Tal es así que en diversas entrevistas el autor destaca que los estudiantes conocían mejor el “género” –y las trampas– de ese tipo de examen que los temas lingüísticos o literarios que se pretendían evaluar.

El tipo de ejercicios que esa prueba incluía parecen ser una buena imagen de la herencia dictatorial que recién quedaba atrás en el vecino país: exclusión de términos, tachar oraciones que no correspondan, elegir bien las ilaciones entre enunciados, ordenar correctamente los componentes de un relato. Con esas premisas divide el autor los capítulos de su libro, un relato configurado como una serie de ejercicios a resolver que emulan los de esa prueba de aptitud en lengua –de hecho, la edición chilena contiene al final la clásica hoja para marcar las opciones elegidas–, que requieren de la intervención del lector.

Cinco son los tipos de ejercicios. El primero indica marcar la palabra que no tenga relación con el enunciado, por ejemplo, con “Educar”: las opciones son enseñar, mostrar, entrenar, domesticar, programar.

El segundo versa sobre los planes de redacción, y pide indicar el mejor orden para una serie de cláusulas que componen un relato, apenas unas oraciones que van inquietantemente modificando sus sentidos al leerlas en otro orden.

El tercero requiere completar las oraciones con los elementos sintácticos faltantes. Allí se intercalan varias que aunque gráficamente presentadas como de múltiples opciones, admiten solo una: “Los estudiantes van a la Universidad a estudiar, no a pensar”, “Y si les quedan energías, para eso está el deporte”. Son frases de Pinochet que en un ejercicio siguiente puede presentar variantes como “Y si les quedan esperanzas, para eso está la realidad”, o “Y si les quedan piedras, para eso está la policía”.

La cuarta exige eliminar oraciones “que no agregan nada”, con opciones que pueden implicar borrar buena parte o todo el relato, pero también con enunciados que parecen dirigirse del narrador al autor, como “Qué fácil es reírse de mí. Culparme, compadecerme. No tiene mérito literario”.

El último es comprensión de lectura, donde a breves relatos reúnen algunos de los problemas entrevistos en los anteriores, seguidos de preguntas con opciones que apuntan a distintos puntos de vista y encontrados posicionamientos políticos.

Uno de estos ejercicios finales tiene, a diferencia de los otros, una única respuesta posible: “A ustedes no los educaron, los entrenaron”. Imposible no relacionar la aparición de este libro con la discusión que en los últimos años se lleva a cabo, a partir de la lucha estudiantil de una nueva generación “sin miedo”, sobre una necesaria reforma educativa. La literatura, en este caso, aportará a ello una reflexión sobre los contenidos y la forma de esa educación: es que la herencia pinochetista no es solo la privatización, sino también toda una concepción de lo que es y se debe aprender.

Si dichas formas revelaban más un formateo que un aprendizaje crítico, el autor parece haber decidido utilizarlas para lograr aquello que dichas formas no permitían: un ejercicio textual que cuele entre los casilleros numerados de esa prueba las distintas voces, el contexto, los conflictos sociales e individuales y la creatividad literaria.

El conjunto del “examen” no se limita a la educación, los estudiantes y docentes, sino que se entromete en otras de las instituciones sociales en que se basan cierto ordenamiento social, especialmente, las relaciones familiares: entre padres e hijos, entre hermanos, o en el matrimonio, siempre en el tono de una ironía de efectos cómicos pero que no dejan de mostrar las profundas marcas sociales y personales profundas dejadas por la dictadura.

Alejandro Zambra ha escrito poesía, cuentos, novelas y ensayos, por los que ha recibido numerosos premio en su relativamente corta trayectoria. Los comentaristas se han preguntado, y le han preguntado al autor, en qué genero podría encajarse este libro. No es fácil definirlo, y el autor no lo ha querido hacer tampoco. Probablemente tenga algo de todos los géneros que trabajó antes, pero en todo caso deja en este experimento, de pocas páginas y fragmentario, una poderosa impresión del período postdictadura en Chile y algunos elementos para apreciar por qué era tan necesaria, persistente y encarnada la lucha de los “pingüinos” chilenos.







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