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Se dispara la pobreza y en la Ciudad hay largas filas por un guiso

Largas fila por un guiso. La postal se repite en el barrio de Congreso, Once y Floresta entre otros. Mientras, la pobreza es récord y el Gobierno dice que "confirma el rumbo económico".

Tomás Máscolo

@PibeTiger

Viernes 29 de marzo | 00:00

Personas de todas las edades, hasta pibes que laburan en Rappi, hacen largas filas para poder comerse un guiso en el barrio de Congreso. La imagen se repite en Floresta, Once y otros barrios porteños. "Ni siquiera nos dan un pedazo de pan", se queja uno.

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"Contigo cebolla", porque pan ya no hay. Las personas se pelean, la Policía los provoca para que "no molesten" a la gente que está en la parada de colectivo. Como si ellos eligieran tener hambre, como si fuera una molestia esperar por un plato de comida. Un guiso sin carne porque su precio está por las nubes, un tenedor de plástico y el agua que se roba de algún bebedero de la plaza de turno.

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Esta semana también se conoció un informe de Unicef que revela que cuatro de cada diez niños son pobres. En esas filas están ellos, no están en una casa arropados ni pudiendo jugar, están esperando la caridad de alguno. "En los merenderos y comederos de las comunidades visitadas se ha incrementado el número de asistentes y se observa una mayor dependencia de comida, producto de la ausencia de alimento en los hogares. En paralelo, niños, niñas y adolescentes manifestaron ’sentir hambre’, de forma somática, la cual se expresa en trastornos del apetito, dolores de cabeza, entre otros", afirma el informe de Unicef Argentina.

El ajuste tiene nombre y apellido

Mauricio Macri y les gobernadores provinciales llevan adelante el brutal ajuste. Intentan ser el alumno ejemplar del Fondo Monetario Internacional. Como ya informó La Izquierda Diario "el Gobierno espera con ansias los dólares del organismo para contener nuevos saltos del tipo de cambio que probablemente se acelerarán en los próximos meses por la incertidumbre electoral. Millones para financiar la fuga de capitales que representan una hipoteca que pagará el pueblo trabajador".

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El hambre de ganancias del capital financiero se sacia con el hambre del pueblo pobre y trabajador. Es necesario dar vuelta todo, y como decía la vieja canción de la revolución española, que los pobres coman pan y los ricos mierda mierda.







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