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Sobran las razones para un paro activo nacional

Inflación y caída del consumo. Aumento del desempleo y la pobreza. Despidos y precarización laboral. A pesar de la tregua, crecen las movilizaciones y la resistencia se extiende.

Eduardo Castilla

@castillaeduardo

Martes 9 de agosto de 2016 | Edición del día

Este lunes se conoció el dato de que el consumo de carne cayó un 7,8 % desde enero. No es la única cifra ni la más brutal, pero sirve para ejemplificar la creciente degradación de las condiciones de vida de amplias capas del pueblo trabajador.

Las cerca de 30.000 personas que se movilizaron este domingo, desde Liniers a Plaza de Mayo en el marco del día de San Cayetano, expresaron esa crisis social, así como la necesidad creciente de enfrentar las consecuencias del ajuste. La movilización estuvo marcada por una fuerte impronta de la Iglesia Católica, algo que quedó en evidencia desde la mañana hasta los discursos de cierre del acto.

Las movilizaciones de este domingo aparecieron como continuación de las que se desarrollaron contra el tarifazo el jueves pasado. El Ruidazo, que se volvió a ver en varias localidades, expresó el descontento de amplios sectores de las clases medias, incluso capas que votaron en 2015 por Macri.

No será la única protesta que teñirá la semana. Este martes habrá movilizaciones convocadas por la izquierda y sectores del sindicalismo combativo. La convocatoria planteará, entre otros puntos, la anulación del tarifazo y la re-estatización de las empresas privatizadas bajo control de trabajadores y usuarios; el rechazo a los despidos y suspensiones, el reparto de las horas de trabajo sin afectar los salarios; aumento de emergencia ya de 6 mil pesos para los jubilados y el 82 % móvil.

También esta semana, más precisamente el jueves, ATE convoca a un paro nacional que incluirá movilización a Plaza de Mayo para, posteriormente, participar de la ronda de las Madres de Plaza de Mayo.

Una tregua que se defiende a golpes

A pesar de la caída permanente de las variables económicas, las conducciones sindicales sostienen una tregua duradera desde hace meses.

La misma tuvo un aliciente para sostenerse en la última semana, luego de que el Gobierno acordara la devolución de los fondos de las obras sociales. Esos montos son, en este caso, una suerte de bálsamo que permite garantizar esa pasividad ante el ajuste.

Pero eso no implica que la tregua sea gratuita para la burocracia. Como lo reflejó La Izquierda Diario TV hace pocas semanas, gran cantidad de trabajadores rechaza el tarifazo y la misma pasividad de los dirigentes sindicales.

Ese cuestionamiento, cuando se hace efectivo, despierta una respuesta que se basa en los golpes. La semana pasada, cuando se cerraba el acuerdo paritario de Foetra Buenos Aires, la conducción kirchnerista de ese gremio agredió a Carlos Artacho, delegado opositor, referente de la Agrupación Violeta y dirigente del PTS, por su cuestionamiento al acuerdo que se estaba aceptando. Este lunes, la violencia de las patotas se trasladó al sur del país, cuando en Neuquén fueron agredidos trabajadores opositores a la conducción de Carlos Quintriqueo y Jorge Marillán de ATE, por el mismo motivo.

Ese cuestionamiento implica una crítica a la ubicación de las direcciones sindicales que, de conjunto, están permitiendo una firma a la baja de las paritarias, que ya permitió una caída del salario como no se veía desde 2002.

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En ese marco, y en lo que aparece como una clara provocación, ell Gobierno viene señalando, de manera reiterada que “no existen motivos para reabrir las paritarias. De allí que haya empezado a circular el rumor de un intento de negociar bonos a fin de año como garantía de que los gremios que cerraron acuerdos anuales no planteen el pedido de reapertura.

Para la burocracia sindical el factor dinero no es el único que le impone sostener la tregua. Cualquier medida de lucha seria podría implicar darle protagonismo y crecimiento a la izquierda trotskista que ocupa posiciones en el movimiento obrero, tanto en algunas conducciones sindicales como también, y esencialmente, en comisiones internas y cuerpos de delegados.

Junto a esas posiciones ocupadas, existe también una experiencia extendida en algunos sectores de los trabajadores que protagonizaron en los últimos años peleas ejemplares donde enfrentaron a las patronales, la burocracia y los gobiernos. Esa experiencia de lucha es la que temen las patronales. Así quedó reflejado en La Izquierda Diario la semana pasada, cuando informó de una consultora que seleccionaba trabajadores para la industria en la zona Norte del Gran Buenos Aires, exigiendo como requisito no haber pasado por las empresas que fueron emblema de lucha en esa región. A esos trabajadores y trabajadoras avanzadas, que pasaron por experiencias de lucha, le temen las patronales y la burocracia sindical.

El “egoísmo” y las divisiones de la clase trabajadora

Este domingo, en Plaza de Mayo, hubo cuestionamientos tibios a la tregua que sostienen los dirigentes sindicales. Una de ellas fue su espera mientras los sectores más pobres son golpeados por el ajuste. El dirigente de la CCC los tildó de “egoístas”. La crítica no falla, aunque venga de una corriente que no tuvo empacho en marchar codo a codo (literalmente) con las grandes patronales del campo, defensoras del trabajo en negro e infantil.

El sindicalismo burocrático no hizo nada (o casi nada) contra el trabajo precario en la llamada “década ganada”. Cuando fueron al paro contra el Gobierno de Cristina Fernández, sus críticas hacia la informalidad laboral funcionaron, esencialmente, como argumento complementario al eje de las convocatorias, el impuesto a las ganancias. Fue la misma burocracia la que garantizó la precarización laboral en alta escala. El ejemplo de la Unión Ferroviaria, donde fue asesinado Mariano Ferreyra, es un ejemplo manifiesto.

Este domingo, mientras marchaba junto a los trabajadores precarizados integrantes de la CTEP, Sergio Palazzo (bancarios) afirmó que su sindicato tiene un plan para dar una salida para los trabajadores más precarios.

Sin embargo, la cuestión no pasa de las palabras. Apenas un puñado de dirigentes bancarios marchó este domingo. El discurso de unidad de los trabajadores se difunde pero no practica. De ahí que no resulte sorpresivo que haya sido elegido por los dirigentes sindicales kirchneristas como su candidato a secretario general para la CGT. El doble discurso se corresponde a ambos.

La resistencia se extiende a pesar de la tregua

Según un reciente informe del Observatorio del Derecho Social de la CTA (A), en el segundo trimestre de 2016 se detectaron 239 conflictos laborales, de los cuales el 46% corresponden al sector público, 44% al privado, 4% a ambos sectores y un 6 % a trabajadores en estado de informalidad.

El mismo informe indica que “en comparación con el segundo trimestre del año anterior la cantidad de conflictos en el sector privado creció un 22%, rompiendo con la caída tendencial que se había iniciado a mediados de 2014. Por el contrario, el segundo trimestre de este año vuelve a ubicarse dentro de los más conflictivos de los últimos años”.

Esos datos indican el desarrollo creciente de la protesta social y de la resistencia al ajuste por parte de amplios sectores de trabajadores, más allá de la tregua que sostienen las conducciones burocráticas.

La crisis social, las consecuencias del ajuste y los ataques de las patronales son respondidos crecientemente. Queda en evidencia que un paro nacional activo es más que necesario.

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