Política

EDITORIAL DE EDITORIALES

Su relato y nuestras banderas

La tinta, pareciera ser de las pocas mercancías que no sufre los efectos restrictivos de la inflación, la recesión o el cepo al dólar, y en consecuencia, a la importación. Sin límite alguno, fluye caudalosa si ésta se destina a exagerar hasta el grotesco alguno de los dos personajes que componen el binómico relato: corpos vs gobierno.

Domingo 14 de diciembre de 2014 | Edición del día

Clarín, que durante la semana vuelve en adalid de la moral y las buenas costumbres a Bonadío, el juez amigo de Corach, adelanta las vacaciones a sus editorialistas. La Nación, simplemente refrita lo que ya se ha rumiado hasta el hartazgo, y Morales Solá se regodea, sal en mano, aplicando su dosis sobre la herida oficial de Boudou.

La “opo” mediática que anunció caídas gubernamentales, adelantamientos electorales, o catástrofes naturales que barrerían con “el populismo” se ven reducidos en este fin de año, a un casting más modesto y se proponen como el Eliot Ness en busca de su Al Capone, rastreando en los divorcios, escribanías o negocios hoteleros. Ante la debilidad de una oposición política que no logra coherencia, ni siquiera en su psicosis, y las recomendaciones papales para “cuidar a Cristina”, parece una buena táctica en un año electoral que no esperó su finalización oficial para que arranque el nuevo con todo.

Por el lado oficial, en la redacción de Página 12, que por primera vez en la historia nacional el Vicepresidente vaya a juicio oral, no valió la tapa ni siquiera el día de su conocimiento mediático. Hoy, ni siquiera es mencionado por los editorialistas centrales como Mario Wainfield y Horacio Verbitsky.

Así los escribas, versión degradada y clientelar del cronista, difunden una “teoría de los dos demonios sui generis”: de un lado, “los malos” que arrasaran con la hermosa siembra. Del otro, los héroes de una epopeya con documentos falsos, hoteles fantasmas y militares genocidas o carapintadas.

Wainfeld recae en el seissieteochismo y se vuelve un simple relator de la cadena nacional. La Presidenta presentó ayer como un gran éxito el canje de bonos y emisión de deuda que tan solo logró el 12,7 % de su objetivo; la caída mundial del petróleo como una pavada que afectaría solamente al resto del mundo pero jamás a las inversiones en Vaca Muerta; y a la decadente corruptela oficial como operaciones de la corporación judicial y mediática con quien se olvida que convivió durante largos años.

Entre tanto olvido en el mundo virtual del oficialismo, Wainfield se da el lujo de mofarse de Martín Insaurralde que cinco minutos atrás acompañaba a Cristina como la nueva revelación nac&pop, aunque en un dejo de sinceridad confiesa algo de sus íntimos temores: “Insaurralde fue desde el vamos un error del oficialismo, que le concedió un rol protagónico del que jamás fue digno. Su caso no es único, lo que torna más imperativa la reflexión, en la inminencia de un año en que deberán armarse listas por doquier.” Pero el problema no es a futuro, sino pasado y presente. Desde el día cero el kirchnerismo se valió del viejo personal menemista y duhaldista. Nunca habían tenido contradicción con ello. No tendrían por qué tenerla luego. Solo debía y debe adornarse con relato. Por eso las cuatro apuestas de Néstor o Cristina fueron el “no positivo” Cobos, el ucedista Boudou, el showman y prontamente massista Insaurralde, y finalmente, como al principio de la película, el menemista Scioli.

Verbitsky, por su lado, dedica una extensa nota sobre su reciente exposición como presidente del CELS ante la Comisión de Asuntos Políticos y Jurídicos de la OEA sobre el derecho a la verdad, primero, y ante una audiencia de académicos, periodistas, ONG y funcionarios internacionales, después.

La nota puede llevar a confusión porque más allá de la temprana mención a “la publicación del informe del Senado de los Estados Unidos sobre las torturas practicadas por la CIA, del informe de la Comisión de la Verdad de Brasil y de la confesión del torturador argentino Ernesto Barreiro sobre el asesinato y enterramiento clandestino de 25 personas en la ciudad de Córdoba” como temas de actualidad, parecería alejado de los debates candentes sobre los derechos humanos con la derecha dentro o fuera del gobierno.

Sin embargo, nos permitimos dudar de la ingenuidad de Verbitsky, que como dicen las abuelas “no da puntada sin hilo”.

Macri o Strassera, lo mismo da, quieren acabar “con el curro de los Derechos Humanos”. El gobierno, encuentra así su espejito mágico, aquel que devuelve el reflejo deseado. Encuentra aquí nuevamente el argumento de la amenaza por sobre lo conquistado. Los Wainfield y los Verbitsky lo difunden y potencian. Para ellos, lo conquistado y la garantía de su permanencia estuvo y está en las altas esferas de la institucionalidad, incluso, en la propia persona de Cristina, pese a que falta de pergaminos que acrediten sincera pertenencia, recurra a la exageración obscena y la utilización vulgar de los pañuelos, que al hacerse oficiales se degradan. Así, el relato, se vuelve funcional a los discursos de la derecha.

La trinchera de Verbitsky parecería defender en soledad oficial, la bandera olvidada del “nunca menos”, al menos en materia de DDHH. Su preocupación no es zonza. Si con la fracción kirchnerista al mando, el giro a derecha es tan pronunciado, ¿por qué sus herederos dejarían de profundizar el repliegue? Esta encrucijada aqueja a más de un kirchnerista.

El periodista ha sostenido la defensa del gobierno nacional a capa y espada, cubriendo muchas veces su “flanco izquierdo”. Pero a partir de la entrada en desgracia de su amiga Nilda Garré y los avances de Sergio Berni, Cesar Milani y sus consecuencias reales y tangibles en conflictos testigo como en la automotriz Lear, ha mostrado interés en marcar estas “contradicciones” gubernamentales en un vano intento por no perder el “kirchnerismo de los orígenes”, cuando en realidad es el propio kirchnerismo el que ha emprendido un retorno a los suyos.

Sin embargo, nobleza obliga, y en la aceptación no deja de notarse cierta resignación, debe reconocer que lejos de las dádivas gubernamentales “en la Argentina, los familiares de las víctimas, y los organismos defensores de los Derechos Humanos lograron hacer operativos esos principios y avanzar desde la verdad hacia la justicia”, precisamente mientras Néstor y Cristina hacían sus negocios inmobiliarios en el sur y jamás pronunciaron palabra por los 30.000 compañeros desaparecidos.

Esta bandera ha seguido flameando en la última década. Lo hizo por Jorge Julio López en absoluta soledad, por Luciano Arruga, Mariano Ferreyra, el Proyecto X, los petroleros de Las Heras, los juicios a los genocidas y sus cómplices civiles y empresariales, los asesinatos contra los referentes de pueblos originarios, y también cuerpo a cuerpo para enfrentar la represión contra los trabajadores de Lear y tantos otros al levantar otra de las banderas caídas del gobierno: el empleo.

Esa bandera de lucha junto al 33% de trabajadores precarios que ven sus empleos pender de un hilo y hacen del impuesto al salario un problema lejano; la exención de dicho impuesto tan solo a medio sueldo de los 13 que corresponde a los “privilgiados” que en blanco llegan a rozar la canasta familiar; la degradación del salario real en un 8% promedio; la carga impositiva sobre el pueblo trabajador que financia el 50% de la recaudación estatal que el gobierno direcciona hacia subsidios patronales o alimentar a los buitres externos mediante los pagos de deuda; los jubilados de la mínima y los hijos a “precio INDEC”.

Y es que mal que le pese a la intelectualidad K, hubo, hay, una alternativa social y política que se esfuerza por consolidarse y crecer.

2014 fue un año de intenso protagonismo del Frente de Izquierda. Sus dos principales fuerzas vienen de realizar actos propios sumando doce mil almas militantes.

El PTS, que logró reunir la mitad de ese número alrededor de un acto netamente partidario, comienza a poner en pie una fuerza militante muy distinta a la que floreció bajo los beneficios gubernamentales y los puestos cómodos de las oficinas públicas.

Es que tuvimos especial protagonismo en los más diversos frentes de lucha, logrando empalmar con miles de trabajadores, mujeres y jóvenes que para enfrentar a la derecha, a las “corpos” y a los “buitres”, debieron primero enfrentar al kirchnerismo realmente existente.

Conscientes de que en 2015, por fuera o por dentro del kirchnerismo, los sectores explotados y oprimidos solo encontraremos nuevos ataques cada vez más duros, “somos conscientes de que fue un paso importante, pero solo el comienzo”..







Temas relacionados

La Nación   /    Joaquín Morales Solá   /    Horacio Verbitsky   /    Clarín   /    Página|12   /    Sergio Berni   /    Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS)   /    Política

Comentarios

DEJAR COMENTARIO