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CRISIS EN SUECIA

Suecia afronta la mayor crisis política en décadas por elecciones anticipadas

Suecia afronta la mayor crisis política en los últimos tiempos tras la convocatoria de elecciones anticipadas para marzo, consecuencia de la imposibilidad de romper la política de bloques y la decisión de la ultraderecha de ejercer de árbitro para forzar un cambio en inmigración.

Sábado 6 de diciembre de 2014 | Edición del día

Fotografía: EFE-Pontus Lundahl

El bloqueo este miércoles de Demócratas de Suecia (SD) en el Parlamento a los presupuestos del Gobierno en minoría de centroizquierda, que cumplía dos meses en el poder, convenció al primer ministro, el socialdemócrata Stefan Löfven, de que no había otra salida tras fracasar el intento de renegociar las cuentas con la oposición.

Serán los primeros comicios anticipados -en Suecia se habla de extraordinarios, pues hay elecciones invariablemente cada cuatro años- desde 1958, una anormalidad que el Gobierno prefirió a dimitir y arriesgarse al regreso del centroderecha al poder tras una ronda de consultas de los líderes con el presidente del Parlamento.

"Estábamos dispuestos a discutir todo, en forma y fondo, pero la respuesta del centroderecha fue un claro ’no’. Quedó claro que las posiciones están fijas en la política sueca, no había otra solución que nuevas elecciones", dijo hoy la ministra de Finanzas, Magdalena Andersson, uno de los pesos pesados del Partido Socialdemócrata.

Los suecos parecen coincidir con esa opinión: según un sondeo difundido el jueves por el diario "Expressen", el 69 % la considera acertada, pero señala como culpable de la crisis al propio Löfven, aunque con el líder ultraderechista Jimmie Åkesson muy cerca.

La prensa conservadora también apunta a Löfven, al que los líderes de la Alianza de centroderecha que gobernó Suecia entre 2006 y 2014 acusan de falta de preparación y de experiencia.

La situación es resultado de la precariedad de la coalición de gobierno entre socialdemócratas y ecologistas, que lograron el 38 % de los votos y controlan 138 de los 349 escaños del Parlamento, aunque tienen el apoyo externo del Partido de la Izquierda (5,7 %).

Y es también una consecuencia de la especial situación política de Suecia, donde el resto del arco parlamentario mantiene aislado a SD, que en los pasados comicios duplicó votos y escaños hasta convertirse en la tercera fuerza con casi el 13 %.

Desde que surgió hace dos décadas de un grupo de raíces neonazis, SD ha atravesado un proceso de moderación, con éxito relativo, para limpiar su pasado y equipararse así a partidos ultranacionalistas y de corte xenófobo que ya existían en Dinamarca y en Noruega.

Pero mientras que el Partido Popular Danés y el Partido del Progreso noruego son aceptados por el resto de formaciones en sus países y han apoyado o forman parte de gobiernos de derecha, en Suecia el SD permanece apartado del juego político.

Ese aislamiento tiene que ver también con la diferente forma de abordar la inmigración en Suecia, que goza de una tradición más abierta que sus vecinos nórdicos, lo que se refleja en que sea el país de la UE que más refugiados sirios acoge en proporción.

El consenso del resto de partidos en inmigración ha sido usado por el SD para ganar visibilidad y apoyos, de ahí que quiera convertir los próximos comicios en una consulta popular sobre esa cuestión.

La ultraderecha parece la principal beneficiada por el adelanto electoral, aunque tiene que resolver la incógnita sobre su líder, de baja a consecuencia del estrés sufrido durante la campaña.

El Partido Moderado (conservador), segunda fuerza política, todavía debe elegir a su líder, después de la dimisión tras los comicios de septiembre del ex primer ministro Fredrik Reinfeldt.

Pero quien más parece arriesgar es el Gobierno, y sobre todo Löfven, que de sufrir un traspiés firmaría su defunción política y arrastraría a una nueva crisis a su partido, tradicional dominador de la política sueca, aunque no subía al poder desde 2006.

El último sondeo difundido hace unos días presentaba no obstante un resultado similar al de las elecciones de septiembre, con una ligera subida del centroizquierda.

Lo que sí es seguro es que Löfven gobernará con los presupuestos de la Alianza hasta marzo y no podrá introducir los leves cambios en política fiscal y social que pretendía impulsar el Gobierno.

Lo ocurrido ayer en el Parlamento ha originado también un debate sobre la conveniencia de cambiar el procedimiento para eliminar la posibilidad de que haya varias votaciones y que un grupo pueda apoyar primero una propuesta y luego otra en la votación final, como hizo el SD apoyando inicialmente la suya y luego la de la Alianza.

Redacción ID / Agencias: EFE







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