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Todo ciencia ficción (VI): Problemas con los libros

Ariane Díaz

@arianediaztwt

Miércoles 26 de noviembre de 2014 | Edición del día

Quizás porque el género se originó en libros y cómics, esos mismos objetos han sido motivos comunes en la ciencia ficción y habitualmente núcleos donde la trama concentra sus miedos y esperanzas.

Ya en un clásico del género, como Un mundo feliz de Aldous Huxley, esa sociedad donde los habitantes vivían felices pero esclavos, a los niños se les inculca el odio a los libros como se experimenta con las ratas: con bocinas y pequeñas electrocuciones que les “enseña” a alejarse de esos objetos que solo traen angustias y problemas.
Bradbury profundizaría en esta idea en Farenheit 451 –la temperatura en la que arde el papel– con un bombero cuya tarea era… quemar libros, que con esa manía de sembrar dudas impedían ser felices a los miembros de la sociedad que delinea. Utopia, una serie televisiva reciente, gira esta vez alrededor de un manuscrito donde estaría la clave de un complot internacional y por el cual los protagonistas se verán en peligro.

Desayuno de campeones, de Kurt Vonnegut, pone en escena a un anónimo escritor de ciencia ficción que ha escrito libros para explicar a alguien del espacio exterior cómo es la vida en la Tierra. Las explicaciones pueden ser, por ejemplo, que Vietnam era un país donde EE. UU. intentó evitar que la gente se hiciera comunista tirándole bombas. Uno de esos libros será el motor del encuentro con el otro protagonista y la causa de su enloquecimiento.

Pero también escritores como Lem –autor de una obra de ciencia ficción que explora la psicología humana y sus miedos y angustias, Solaris–, al mejor estilo borgeano, ha imaginado en Vacío perfecto una forma de criticar, extractar e interpretar libros… que no existen. Todo el libro es una aparente antología de lecturas críticas de libros ficcionales y no ficcionales que el autor nos presenta a medida que los reseña, sólo que dichos textos no han sido escritos nunca.

Otra conocida historia de ciencia ficción nos presenta un sistema donde las listas negras de libros son prácticas recurrentes, donde los libros críticos o no adaptables a las modas promovidas por el mercado son habitualmente censurados, o bien nunca llegan a publicarse, mientras en el colmo de la perversidad, otros se escriben especialmente para defender y hacer propaganda de ese sistema mismo… ah, no, perdón, esta no es una novela, ni una película, ni una serie, sino el sistema social que habitamos los lectores de ciencia ficción y los que no lo son.







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