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MIGRANTES

Trump y la demonización de los migrantes

La muerte de una joven en el embarcadero 14 de San Francisco es la excusa que utiliza el magnate para redoblar su cruzada contra los migrantes, aunque emplea a muchos latinos en sus hoteles de lujo. Claro, los latinos cobran salarios más bajos.

Bárbara Funes

México D.F |

Sábado 11 de julio de 2015 | Edición del día

Fotografía: wikimedia / Gage Skidmore

Kathryn Steinle, una joven de 32 años, paseaba con su padre por el embarcadero y recibió un disparo en el abdomen. La llevaron al servicio de urgencias de un hospital, pero lamentablemente falleció.

Según distintos medios de comunicación, Francisco Sánchez, un mexicano indocumentado, es el principal sospechoso. Él mismo declaró que encontró en el embarcadero una pistola envuelta en una camiseta, que la tomó y la disparó accidentalmente.

A partir de este hecho desgraciado, Trump redobla la ferocidad de su discurso contra los migrantes: “Un acto de violencia sin sentido y totalmente evitable que se convierte en otro ejemplo de por qué debemos asegurar nuestra frontera”, declaró.

A esto se suma el manejo que realizan distintos medios de este caso: hablan de “asesinato” de Kathryn Steinle, cuando aún no está probado y podría ser –por ejemplo– un homicidio involuntario. En todo caso, en el papel todo acusado es inocente hasta que no se pruebe lo contrario. Pero este caso está siendo utilizado políticamente para estigmatizar a los migrantes.

Francisco Sánchez: un hombre condenado por el capitalismo

En seis oportunidades Francisco Sánchez cruzó la frontera entre México y Estados Unidos. Sin papeles, como tantos cientos de miles de personas. En su propio país no tenía trabajo, por eso se fue, en busca de una oportunidad. Fue deportado cinco veces.

Se lo acusó en distintas oportunidades de asaltos menores y tráfico de drogas. Este último cargo le fue retirado.

Sánchez es uno de los millones de hombres y mujeres que no han tenido trabajo por mucho tiempo. En el documento Panorama de empleo 2015, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE) el desempleo a largo plazo se ha incrementado. Alrededor de 15.7 millones de personas han estado desempleados durante 12 meses o más.

Este hombre, señalado como el arquetipo de “migrante criminal”, es una de las millones de personas en el mundo que es parte de un monumental ejército industrial de reserva que posee el capital.

Millones y millones de hombres y mujeres expuestos al hambre, a la miseria, a todo tipo de degradaciones. El espejo en el que los trabajadores que sí tienen empleo -precario, sin prestaciones, con salarios miserables, o con mejores condiciones algunos- se miran con horror.

Eso es lo que propician Slim, Trump y todos los magnates del mundo. El terror de las y los trabajadores a vivir peor de lo que viven, a ser Francisco Sánchez. Y bajo ese terror, malviven con jornadas laborales extenuantes y salarios que apenas alcanzan para comer algo de mala calidad que engañe el estómago.

¿Qué salida le quedó a él? Correr el riesgo de migrar a Estados Unidos sin papeles, sin dinero, sin nada. ¿Cayó en el robo y otras actividades ilegales? Tal vez. Para sobrevivir, para poder llevarse un pedazo de pan a la boca, para tener algún lugar con techo donde pasar la noche. ¿Ha consumido sustancias adictivas? Quizá. Porque para este hombre sin derecho ni siquiera a un trabajo pobremente remunerado el mundo es un lugar sin esperanza, sin futuro, sin nada. Un lugar del que considera mejor evadirse.

El cinismo de la casta política

Ante el caso de Sánchez, los “horrorizados” por el discurso de Trump se lanzaron contra las “ciudades santuarios”, como San Francisco, ciudades donde se supone que como norma no se reporta a los migrantes al Servicio de Migración y Control de Aduanas (ICE, por su sigla en inglés).

Como Hillary Clinton, precandidata presidencial por el partido demócrata y ex secretaria de Estado, que declaró a CNN “Era un hombre que tenía un tema migratorio por resolver y había sido deportado en cinco ocasiones. La policía lo debió entregar a la autoridad migratoria”.

Su discurso, hasta ayer amigable para los votantes latinos, de crear “una vía a la ciudadanía” se vino abajo. Está a favor de las deportaciones, igual que Barack Obama.

Y no sólo eso: considera que hay que cambiar las normas en las ciudades santuario: allí también el Estado debe perseguir a los extranjeros. Otro paso para criminalizar a los migrantes.

Mientras tanto, se dio a conocer un estudio de The American Inmigration Council. De acuerdo con este trabajo –que llevó cerca de un año y medio– “aproximadamente el 1.6 % de los inmigrantes hombres entre los 18 y 39 años están encarcelados, comparado con el 3.3 % de sus pares no inmigrantes, según el reporte, que se basa en los datos del Censo 2010 y su encuesta American Comunity Survey (ACS)”, según informó la agencia EFE.

La ferocidad del capital

La hipocresía de este sistema de explotación y opresión llega al paroxismo: Trump, la encarnación del capitalismo más salvaje señala con el dedo a Francisco Sánchez como el peor de los criminales.

En la historia reciente los gobiernos estadounidenses –y los partidos tradicionales del gigante del norte– fueron responsables de numerosas intervenciones militares y de “fuerzas de paz” en todos los rincones del mundo. En América Latina y el Caribe, en particular, entrenaron a los militares que asesinaron, torturaron, violaron y desaparecieron a millones de personas en la Escuela de las Américas, en las décadas de 1970 y 1980. Con la complicidad de la Iglesia, las trasnacionales, los partidos políticos tradicionales y los empresarios locales. Para ahogar la rebelión de millones de trabajadores y jóvenes hartos de este sistema de explotación y opresión. Esos fueron crímenes de lesa humanidad, que siguen impunes.

En nuestros días, vienen a la mente los latinos y los afroamericanos que son ejecutados por la impune policía estadounidense. Las personas que son maltratadas y vejadas por su color de piel. Las personas que fueron asesinadas –con premeditación y alevosía, sí– por el joven supremacista blanco en la iglesia de Charleston.

Los hombres, las mujeres y los niños que languidecen tras las máquinas en las fábricas, sin ver el sol porque los empresarios quieren más y más ganancias. Las y los jornaleros, que se desloman la espalda bajo el sol abrasador en la pizca de la fruta, que luego degustan los ricos en los restaurantes de lujo.

Los trabajadores que construyen el hotel de Trump, los que limpian sus vidrios colgados a gran altura para solaz de los ricos. Las madres migrantes con sus hijos, encarcelados en los centros de detención creados por Obama, el mismo hipócrita que lanzó medidas ejecutivas para evitar la deportación de una parte de los indocumentados, y así dividir a los migrantes. ¿No es criminal cómo el capitalismo arrebata la vida a los trabajadores, hora tras hora, privándoles de todo goce en su paso por el mundo?







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