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EDITORIAL DE EDITORIALES

Un gran escándalo con varios puntos de fuga

Clarín y La Nación “bancan” a Macri, incluso pegándole por sus burdos errores. Página/12 no opina sobre el tema y prefiere hablar del ajuste en curso (despidos y represión incluidos), el otro tema de la semana luego de la triple fuga.

Daniel Satur

@saturnetroc

Domingo 10 de enero de 2016 | Edición del día

Como cada domingo, las columnas de opinión de los principales diarios anclan sus análisis en los principales temas de coyuntura nacional (muy pocas veces internacional). Como esta semana pasó de todo y como a su vez hoy se cumple un mes de gobierno de Cambiemos, cada diario apeló a lo que más le conviene en función de fijar agenda.

Un toque de atención...

Desde los dos diarios de mayor tirada de Argentina, que a su vez hacen las veces de sostén disursivo y simbólico del gobierno de Mauricio Macri, se opina sobre el escándalo de la “triple fuga” que mantiene entretenido a todo el mundo. Y se lo hace en clave de “comprensión” sobre la pesada herencia recibida en cuestiones de “seguridad” y penitenciarias.

Eduardo van der Kooy titula su columna dominical de Clarín “La fuga desnuda una crisis estructural”. Allí advierte que Mauricio Macri y María Eugenia Vidal “deben haber tomado nota de la enorme crisis institucional que deberán administrar desde ahora”, a partir del mensaje general que deja “la fuga de aquellos sicarios de la cárcel de máxima seguridad de General Alvear y los trece días, por momentos desopilantes, de la persecución”.

Para Van der Kooy “la cautela de Macri para hablar sobre la herencia de Cristina carecería ya de sentido. Un escándalo con criminales prófugos, entre muchas cosas, alcanzó para descubrir las ruinas que el kirchnerismo hizo del Estado”. En ese marco apela al doble juego de comprender y a la vez retar a las administraciones nacional y provincial.

Mientras plantea que los ribetes de la triple fuga estarían “desnudando la magnitud de la penetración narco en la Argentina” (lo que naturalmente excede a la gestión macrista), marca lo controvertido del comportamiento de los funcionarios en todo el caso, sin “un acople eficiente entre las fuerzas provinciales y nacionales”, con desconfianza en la Policía de Santa Fe y con “algún cortocircuito, incluso”, con Cristian Ritondo, el ministro de Seguridad bonaerense.

El periodista/gerente de Clarín nunca pierde de vista, claro, el objetivo de vengarse de viejos enemigos. Como lo viene haciendo “la Corpo” desde que Lanata consiguió que Lanatta involucrara a Aníbal en el triple crimen de General Rodríguez, Van der Kooy enmarca el escándalo de la fuga en la relación narcotráfico-peronismo-kirchnerismo. Apoyándose en la remoción de la cúpula policial de Quilmes (el “bastión de Aníbal Fernández”) que realizó Vidal días atrás, el editorialista se pregunta: “¿Pudo haber sido esa una de las razones de su fuga? ¿Pudo haber recibido (Martín Lanatta) amenazas de muerte para llamarse a silencio? Su detención con vida podría ser una ingrata novedad para varios. Aníbal pareció dar ayer mismo registro de tal inquietud”.

Su socio Julio Blanck agrega que la Policía Bonaerense, íntimamente ligada en el encubrimiento de la fuga de los condenados hacia Santa Fe, “es una fuerza que hoy tiene 90.000 hombres y que resistió todos los intentos de ser puesta bajo control político y eliminar, o limitar al menos, su asociación con las más diversas y peligrosas formas del delito”.

En su columna titulada “Vidal ya le conoció la cara al monstruo”, Blanck también justifica a la gobernadora por la magnitud del “enemigo interno” al que estaría enfrentándose. Pero no deja de marcarle, tampoco, sus improvisaciones e inexperiencias. El cuestionamiento es, sobre todo, a la tardía “limpieza en la Policía y en el Servicio Penitenciario”, incluso desoyendo los consejos “con buena leche de algunos que en el pasado tuvieron que lidiar en condiciones desventajosas contra esas formaciones blindadas, como el ex gobernador Felipe Solá y su ex ministro de Seguridad Carlos Arslanian”.

“Seguridad, seguridaaaad...”

Como era de esperar, quien dio un paso más allá en el análisis fue Joaquín Morales Solá desde La Nación, quien afirma que el escándalo deja en evidencia que Argentina es “un país que se quedó sin fuerzas de seguridad”. Menuda conclusión, teniendo en cuenta que justamente a nivel presupuestario, de personal y tecnológico, las áreas de Seguridad de todas las administraciones públicas del país crecieron exponencialmente en los últimos 20 años, por lo menos (con sus lógicas consecuencias represivas y de violaciones a los derechos humanos).

Desde ese forzado pero sostenido preconcepto, Morales Solá dice que “la herencia que recibió Mauricio Macri no se limita a la economía desquiciada y a los ñoquis kirchneristas que viven del dinero público. Hay una manifiesta decrepitud del Estado, que puede advertirse con sólo abrir cualquier cajón de la administración pública. O con sólo darle una función a las fuerzas de seguridad”.

Sin dejar de marcar aspectos de improvización y errores cometidos en los últimos 13 días (apoyado en datos obtenidos de altas esferas de Inteligencia y Seguridad), el periodista ultraconservador insiste en la necesidad “insoslayable” de que el Gobierno programe “una reorganización de todas las fuerzas de seguridad si quiere combatir el narcotráfico. No hay combate posible con los policías, gendarmes y prefectos que dejó Cristina Kirchner. Durante 12 años esas fuerzas fueron abandonadas a la buena de Dios, despojadas de presupuesto y sometidas al maltrato desde la propia cresta del poder político. La eterna extrapolación de tiempo y circunstancias hizo que a las fuerzas de seguridad actuales las trataran como si fueran las de los años 70. Peor: es más fácil que vaya preso un policía por usar su arma reglamentaria a que lo haga un delincuente sorprendido cuando consuma el delito. Las fuerzas de seguridad terminaron sin recursos y sin ganas”. Toda una declaración de principios.

“El Servicio Penitenciario necesita un reordenamiento absoluto: o maltrata inhumanamente a los presos o es cómplice de ellos. La circulación de drogas en la cárceles, que nadie ignora en el Estado, permite suponer que hay importantes conexiones entre los guardiacárceles y el tráfico de drogas”, escribe Morales Solá.

Aunque suene un poco esquizofrénico, el periodista marca con claridad lo que piensa gran parte de los sectores dominantes para esta etapa de necesario ajuste económico y disciplinamiento social.

Pasemos a otro tema...

En el “reparto de tareas”, en La Nación el análisis del otro tema de la semana, el ajuste con despidos y represión del macrismo, quedó en manos de Jorge Fernández Díaz. Apelando a “la negociación” como la palabra clave del momento, el periodista plantea los puntos fuertes y débiles que tiene enfrente Macri, “el Presidente de una transición entre un régimen rancio de partido único y un país normal”.

Como para graficar lo que viene, Díaz aconseja a “las almas bellas” curarse “del virus de la escandalización automática y fortalecer sus estómagos, porque la dieta argentina no da como para evitar tragarse algunos sapos”. En ese marco, arremete contra lo que él define como “miles y miles de activistas y amigos” de Cristina que se conchabaron “en las distintas reparticiones públicas, entrismo que tenía por objeto vigilar y condicionar al próximo presidente constitucional, fuera Macri o Scioli”. Así pensado, el “torbellino de protestas sociales, que regocijan al cristinismo”, no sería otra cosa que “un culebrón lacrimógeno montado por burócratas que se quejan por haber sido expulsados del “paraíso laboral que sin derecho a reclamo solventamos los contribuyentes”.

Eso sí, para Fernández Díaz una cosa es el cristinismo y otra el peronismo deseable, el que admite que “Alfonso Prat-Gay es un buen piloto, y espera que no se lo trague la típica crisis de los primeros meses”. Incluso ese peronismo ajustador sería el que hubiera dirigido Néstor si viviera, al igual que hoy lo hace Alicia Kirchner en Santa Cruz, ironiza el periodista.

Mejor hablar de otras cosas

El diario que todavía expresa al “kirchnerismo puro”, Página/12, hoy no editorializa sobre la triple fuga. El tema sólo es tratado “informativamente” por el periodista Raúl Kollman. Quienes se dedican a “plantar posición” con sus columnas dominicales esta vez decidieron enfocarse en el tema de los “ñoquis”, los despidos y la represión que esta semana se produjo en La Plata.

Una explicación posible de semejante “ole” al tema de la triple fuga es que frente al escándalo desatado en estos trece días un kirchnerista más o menos honesto no puede eludir que en 12 años de “modelo” las fuerzas de seguridad y el Servicio Penitenciario crecieron mucho más de lo imaginable como actores protagónicos del narcotráfico, el delito y el crimen organizados y la impunidad. Y todo eso bajo el amparo y la complicidad del poder político del "gobierno de los derechos humanos".

Mejor no hablar de ciertas cosas, pensó Mario Wainfeld, y entonces fue a los bifes con el tema del ajuste económico en curso y sus primeras consecuencias en el empleo y en el bolsillo de la población.

Buscando responder a los balances del macrismo sobre el saldo dejado por sus antecesores, el editorialista de Página recuerda que “las fiestas de fin año transcurrieron sin sobresaltos sociales. Muchos argentinos toman vacaciones. Hasta ahora, y así sea por inercia, siguen habituados a niveles de consumo alto. Las reservas del Banco Central desmienten el relato apocalíptico de Cambiemos. El desendeudamiento público y privado dejan margen para acudir al crédito externo y endeudar el futuro de varias generaciones. Son consecuencias palpables de la gobernabilidad que legó el kirchnerismo”.

En ese sentido, “el bajo nivel de desempleo y los salarios de los trabajadores formales” (que “no son exorbitantes, desde ya”, aclara), son para Wainfeld pilares con los que se topa Macri. Por eso la “macro devaluación, merma o supresión de retenciones, desregulación petrolera a favor de los privados” y otras medidas se complementaron con las represiones a los trabajadores de Cresta Roja, primero, y a los municipales de La Plata esta semana. “La Policía Bonaerense no sabe qué hacer cuando escapan tres criminales. O sabe demasiado. Cuando hay laburantes que reclaman, apela a su vieja ciencia: balas de goma, gases lacrimógenos”, ironiza.

Lo que vendrá

Dando cuenta de la relación de fuerzas entre explotadores y explotados alcanzada en el último período, Wainfeld ve que “el gobierno avanza sin reparar en los límites normativos ni de respeto a derechos esenciales”, pero que “si topa con respuestas, se echa atrás”. El cuadro entonces pinta complejo si al contrato electoral de Cambiemos que comprendía devaluación y retenciones se le agrega lo que no se había anticipado: una inflación que escala y no aminora, “la opción entre aceptar bajas del salario o quedarse en la calle” que plantea Prat Gay y la violencia contra los manifestantes que no quieren quedarse sin trabajo.

En el horizonte asoman las próximas paritarias, esas de las que por el momento los editorialistas de Clarín y La Nación prefieren no hablar, habiendo tanta tela para cortar con el sainete de la triple fuga.

Wainfeld recuerda que los dirigentes de los gremios docentes “piden recuperar el valor del salario, esto es actualizar los sueldos de 2015 tomando en cuenta el largo 30 por ciento que los devaluó”. El diagnóstico sobre inflación y salarios que ahora se hace desde Página/12 dista bastante del que hacían los mismos escribas cuando eran oficialistas. Durante la “década ganada” no se leyó mucho en esas páginas sobre los "techos" salariales impuestos por el kirchnerismo con la necesaria complicidad de las burocracias sindicales. Es más, a veces ni siquiera se reconocían las pérdidas en los bolsillos obreros a costa de aumentos de precios ocultados por el INDEK.

El editorialista kirchnerista calla sobre el tendal de trabajadores precarios (contratados, tercerizados y en negro) que dejó la administración de CFK, un “pan comido” para Macri, Vidal e intendentes como Julio Garro y el cheff Molina, quienes barren con miles de puestos de trabajo mediante el simplísimo trámite de no renovar contratos o impedir el ingreso de monotribuistas a las dependencias públicas.

Sin embargo, casi como una confesión de parte, quien le hizo tanto el aguante a los Kirchner reconoce que “en las cúpulas gremiales hay quienes fueron oficialistas desde hace 25 años, habrá que ver si saben adecuarse a un mundo nuevo”. No los nombra, pero sin dudas se refiere a Lingeri, Caló, Pignanelli, Martínez, Daer y tantos otros burócratas que fueron menemistas, duhaldistas y kirchneristas. Eso sí, al mismo tiempo Wainfeld debe dar cuenta del crecimiento del sindicalismo combativo y de izquierda que se desarrolló muy a pesar de los deseos peronistas. “También (habrá que ver) cómo enfilan los compañeros de seccionales, los delegados de base, los propios trabajadores. La historia continuará y, aunque no parezca, recién empieza”, define.

Ricardo Kirschbaum de Clarín se toma el tiempo para un breve balance en medio de jornadas tan dinámicas. "Macri asumió hace un mes y trata de hablar del futuro pero sigue mirando por el espejo retrovisor. Los tironeos con el pasado inmediato, la transición del régimen kirchnerista, la construcción de una mayoría legislativa, la atención a una inflación persistente, la redirección de la política internacional, constituyen una agenda que está poniendo a prueba el temple del Gobierno y la existencia, o no, de talento político para cumplirla".

En ese marco, "la impresión de que el Gobierno se maneja entre una pulsión ordenadora y la necesidad política del gradualismo" parece poner más que nerviosos a los formadores de opinión que hicieron tanto para que Macri llegue al poder. Curioso, sobre todo por estar cumpliéndose un mes de verdadero "shock" ajustador a manos (a veces armadas) de Cambiemos.







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