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Un griego en Moscú y el nuevo tablero de Medio Oriente

El viaje de Alexis Tsipras a Moscú según el Frankfurter Allgemeine Zeitung y el análisis del acuerdo de EEUU y sus aliados con Irán según el New York Times.

Guillermo Iturbide

Ediciones IPS-CEIP

Domingo 5 de abril de 2015 | 19:13

Foto: Mohammad Zarif de Irán y John Kerry de EE.UU durante el anunció del acuerdo el jueves.

La hermandad bizantina

El Frankfurter Allgemeine Zeitung de hoy lleva como una de sus notas principales un artículo sobre la preocupación de que el gobierno griego esté más decidido a apoyarse en Rusia

“El próximo miércoles Alexis Tsipras vuela a Moscú. El primer ministro griego se reunirá con Vladimir Putin allí. En realidad, solo estaba prevista una visita a Rusia para el 9 de mayo. Para esa fecha Tsipras asistirá al desfile en la Plaza Roja por el 70 aniversario de la victoria sobre la Alemania nazi - un evento del que Angela Merkel y la mayoría de los líderes de la UE que se mantienen alejados a causa de la guerra de Moscú en Ucrania (…) Su visita está acompañada por temores. Se trata de que el jueves, un día después del inicio del viaje, Grecia debe pagar € 450 millones al Fondo Monetario Internacional. Según dichos de miembros del gobierno griego no está claro si Atenas podrá hacerlo. Además, hasta el día de hoy, el Gobierno no ha presentado la lista oficial de reformas a Bruselas. (…) Una agenda de fuertes reformas es un requisito previo para los préstamos de emergencia pendientes por valor de € 7,2 mil millones a Atenas. En un escenario de pesadilla Tsipras podría, por lo tanto, recibir un cheque de mil millones de dólares de parte de Putin y buscar una alianza con Rusia.

El FAZ teme que Grecia pueda ser de ahora en más una alianza estratégica entre Atenas y Moscú, que sin salir de la UE sea un caballo de Troya dentro de la Unión. Donde por ejemplo se habla del interés de la empresa de hidrocarburos rusa Gazprom de entrar en el directorio de la empresa griega de gas y de negociar mejores precios del gas con Grecia. Este último país depende en un 60 % del gas ruso. Muchos países de la UE tienen una dependencia similar, lo cual es un arma de Moscú para negociar y extender su influencia política

Sin embargo, el gobierno alemán considera que Rusia no se puede transformar en una fuente de financiamiento para Grecia que pueda ser alternativa a la UE. Como dice el FAZ:

“En Berlín, por lo tanto, hay tranquilidad sobre el viaje griego a Moscú. Se lo considera como un asunto demasiado inflado. Moscú no puede ofrecerle a Atenas lo que sí tiene Bruselas. Por supuesto, Atenas podría obtener apoyo adicional de países por fuera de la UE, como por ejemplo ofrecerles a los rusos o a los chinos parte en las privatizaciones con el fin de obtener dinero. Atenas sabe, sin embargo, que no debe destruir el consenso de mantener a Grecia en la zona euro, por su propio interés."

De enemigos a aliados de facto

Por su parte, el editorial del New York Times de hoy es una ponderación del principio de acuerdo de EE.UU y sus aliados con Irán de que este último país desmantele su programa nuclear a cambio del levantamiento de la mayoría de las sanciones económicas de Occidente, como analizamos aquí y aquí.
Según el NY Times:

“Las autoridades dijeron que algunos temas importantes aún no están resueltos, como el posible levantamiento de un embargo de armas de las Naciones Unidas, y que también podría haber problemas con la redacción de las partes técnicas, que podrían causar problemas antes de la finalización del acuerdo, que se espera para el 30 de junio. Aun así, el acuerdo anunciado el jueves después de ocho días de negociaciones parece más específico y exhaustivo de lo esperado (…) Obama, cuando habló en la Casa Blanca, insistió en que no se basaba en la confianza para asegurar el cumplimiento de Irán, sino en "el régimen de inspecciones más sólido, intrusivo y transparente que se haya negociado jamás en un programa nuclear". Hay buenas razones para ser escépticos sobre las intenciones de Irán. A pesar de que se comprometió a no adquirir armas nucleares al ratificar el Tratado de No Proliferación Nuclear en 1970, lleva adelante un programa secreto de enriquecimiento de uranio durante dos décadas. En noviembre de 2013, cuando se iniciaron las negociaciones con las grandes potencias, Irán estaba enriqueciendo uranio a un nivel cercano al de conseguir una bomba (…) Sin embargo, en el clima político tóxico de hoy, los críticos de Obama han recurrido a medidas extraordinarias para socavar cualquier acuerdo. Su comportamiento beligerante está completamente fuera de sintonía con la opinión pública estadounidense, que está abrumadoramente a favor de una solución negociada con Irán, lo cual es, sin duda, el mejor enfoque. Las naciones árabes sunitas e Israel se oponen profundamente a cualquier acuerdo, por temor a que refuerce el poder de Irán en la región. Este acuerdo aborda el programa nuclear, la amenaza más urgente, y no abarca el papel perjudicial de Irán en Siria y en otros lugares. Irán es ampliamente visto como una amenaza; que esto se logre superar dependerá de si que dirigentes decidan ser menos hostiles a sus vecinos, incluido Israel.”

EE.UU está llevando a cabo una política de “equilibrio de fuerzas” en la región, por la cual trata de impedir que haya potencias regionales, incluso entre sus aliados, como Israel, Turquía, Arabia Saudita o Egipto, que tiendan a predominar demasiado por sobre las otras y sobre la región en general. Por eso, luego de años de apoyar incondicionalmente la política israelí durante años, y tras el fracaso de sus intervenciones en Irak y Afganistán, apuesta a una aproximación hacia Irán, con quien combate en común a las milicias sunnitas salafistas del Estado Islámico. El New York Times, por cierto, es un histórico lobbista de los intereses sionistas, lo cual frecuentemente se nota en sus editoriales y columnistas, incluso cuando el gobierno de Obama tiene una mala relación con Israel como en la actualidad. Esto hace que su línea editorial se vea frecuentemente alternada y quebrada entre su lealtad como voceros de la política oficial del Partido Demócrata y su histórica postura pro-Israel.







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