Cultura

LIBROS

Una conjura literaria

El último libro de Luis Sagasti, Maelstrom, combina la construcción de un enigma a resolver con referencias sobre el propio oficio de escribir.

Ariane Díaz

@arianediaztwt

Miércoles 20 de mayo de 2015 | Edición del día

El fenómeno que da título al libro, especie de remolino gigantesco cercano a las costas noruegas, que ya había inspirado a escritores como Julio Verne o Edgar A. Poe, parece destinado a ser retomado literariamente.

En este caso, la reciente novela del escritor bahiense Luis Sagasti se construye alrededor de un enigma “caprichoso” que investigará un historiador, Gustavo, con la ayuda de un amigo –que será quien narre esa pesquisa–. Caprichoso, decíamos, no porque sea intrascendente, sino porque lo que va a constituir la punta de ese ovillo no es más que la observación casual de unas placas en un parque, en medio de un descanso en un viaje laboral, que intrigará a Gustavo lo suficiente como para iniciar, casi para matar el tiempo, una tarea que lo llevará finalmente a varios viajes, a entrevistas y visitas a completos desconocidos, a mover contactos laborales y personales y a inventar de una historia, nunca del todo verosímil porque tampoco él sabe bien qué está buscando, para sonsacar más información a los involucrados. De hecho, el dudoso carácter de enigma mismo que parece tener en principio el asunto, y sobre todo las molestias que Gustavo se toma para desentrañarlo, será algo que otros personajes verán con desdén o duda a lo largo del libro, incluso cuando estén dispuesto a colaborar con él.

El despliegue de ese enigma se construirá a partir de distintos registros. Los diálogos y las descripciones irán forjando la narración de las peripecias de Gustavo y sus compinches, a través de la cual nos enteraremos también de las características de su matrimonio, su profesión y su amistad con el narrador. En el mismo registro se sumarán las historias personales de aquellos a quienes va contactando, a veces incluso con riesgo –desde miembros de un circo de provincias que cazan perros para alimentar a las fieras o basquetbolistas emigrados a Australia–. Pero también se insertarán, al modo poético de su libro anterior, Bellas artes, microhistorias de artistas y científicos, recuerdos, poemas o disquisiciones filosóficas sobre los misterios del Universo, que son parte de las reflexiones del narrador a partir del avance de la investigación, pero que imponen otro tono y ritmo a la narración, que no se interrumpe pero sí se bifurca antes de retomarse. Al modo de las búsquedas en la web –que por otro lado los personajes usan recurrentemente–, los elementos que constituyen el enigma van tramándose como los links, en derivas heterogéneas que por momentos parecen perder de vista la trama, pero siempre vuelven a ella.

Entre esas reflexiones, no escasean las referidas a la literatura y al mismo oficio de narrar una historia: “A veces se me antoja que el mérito de un relato consiste en lidiar como torero con los tiempos muertos” o “… la literatura no consiste sino en frotar los palitos de la lengua hasta encender las palabras. Y aunque la hoguera lleve ardiendo miles de años siempre que se escribe se lo hace por primera vez. Unos pocos arrojan troncos que arden siglos; pequeñas ramas es lo habitual (sin embargo, hay brasitas que son para siempre). Nada de eso importa mucho: se escribe para alimentar el fuego, no para otra cosa”.

Pero de hecho, esas reflexiones metaliterarias también serán parte, como cerrando un círculo, de las peripecias de la investigación: la búsqueda los llevará a una casa de antigüedades cuyo negocio es no tanto vender piezas de un valor establecido por sus propiedades tangibles, sino por la historia que las tiene como protagonista y les otorga significación a elementos sencillos que como tales son ordinarios: un ejemplar del diario de Yrigoyen, las botellas de vino de una frustrada boda de Bioy Casares, una foto de un incómodo encuentro entre Joyce y Proust. Una especie de definición más sobre el oficio literario: desplegar significaciones, personajes y paisajes a partir de hechos “caprichosos”.







Temas relacionados

Luis Sagasti   /    Literatura   /    Cultura

Comentarios

DEJAR COMENTARIO