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Vampiro digital: el capitalismo cibernético y el proletariado

Juan Duarte

reseñas
Ilustración: Romina Echevarría

Vampiro digital: el capitalismo cibernético y el proletariado

Juan Duarte

La robotización, las Apps, la precarización del trabajo y las redes sociales tienen a la cibernética como denominador común. En Cyber-proletariat. Global Labour in the Digital Vortex, Nick Dyer-Witheford analiza el modo en que la cibernética reconfiguró el capitalismo y al proletariado, indagando en sus contradicciones y perspectivas para la lucha anticapitalista. Primera reseña de la serie “barricadas digitales” de Pluto Press.

Nick Dyer-Witheford (DW), profesor e investigador en la Universidad de Western Ontario (Canadá) y el MIT, viene indagando hace tiempo sobre las “formas emergentes de contrapoder ante el capital de alta tecnología globalizado”. Entre otros libros, publicó Cyber-Marx. Cycles and Circuits of Struggle in High Technology Capitalism (1999) y, recientemente, Inhuman Power (2019), que abordaremos próximamente. En este libro [1], publicado en 2015, sostiene que el desarrollo de la tecnología de la información cibernética permitió la ofensiva del capital sobre el trabajo durante las últimas décadas e indaga en cómo esto reconfiguró a la clase obrera y sus formas de lucha post crisis de 2008.

Vampiro digital

“El capital –escribió Marx en El Capital–, es trabajo muerto que, como un vampiro, vive solo de chupar trabajo vivo, y cuanto más vive, más trabajo chupa”. El autor parte de esta definición, sosteniendo que la clase social es entonces “una relación vampírica. Una transferencia de energía, tiempo y conciencia de una sección de la especie a otra” [2], en un proceso de alienación constante. El “capitalismo cibernético”, por ende, no deja de sostenerse en la extracción de plusvalor, y DW va a centrarse en las nuevas formas de extracción posibilitadas por las tecnologías de la información.

DW sostiene que la lucha de clases post 2008 le hizo rever en parte su posición “autonomista” y recuperar el concepto de proletariado. Negri y Hardt, referentes de esa corriente, habían criticado el “tecnotriunfalismo” de los promotores de la “revolución de la información” (que veían al capitalismo superándose a sí mismo y terminando con el trabajo manual), y habían planteado por su parte la posibilidad de una “subversión y superación digital” mediante el “control del conocimiento” en el “capitalismo cognitivo”, al tiempo que declaraban perimido el concepto de clase obrera a favor de una “‘multitud’ inmersa en un ‘trabajo inmaterial’” [3]. En cambio, DW señala que “ahora, como en la era de Marx, el proletariado denota la incesante introducción y expulsión del trabajo, y la precariedad inherente de la clase que debe vivir del trabajo, una condición elevada a un nuevo pico por la cibernética global” [4].

Una tesis central del libro es que la “contradicción en movimiento” del capitalismo hoy se manifiesta, por un lado, en cadenas de suministros en red globales que abarcan a la población mundial y sistemas de producción ágiles, que hacen que el trabajo (todo lo barato que se pueda) esté disponible para el capital a escala planetaria; y, por otro, como una tendencia hacia el desarrollo de autómatas expertos y software algorítmico que hacen que dicha mano de obra sea redundante [5]. Esta “revolución logística” cibernética global en las cadenas de suministros permitió combinar zonas de tecnología y salarios altos en países imperialistas, con explotación intensiva del trabajo, bajos salarios y contaminación en la periferia [6], la clave en la construcción del eje principal de la globalización neoliberal capitalista de los ‘90 y 2000: China-Estados Unidos. Tomando la metáfora de Marx del mercado mundial en el cual “todo lo sólido se desvanece en el aire”, el autor piensa al capitalismo cibernético como un “vórtice” de autoexpansión de valor, compuesto de un triple proceso interrelacionado de producción de mercancías (intensificando la automatización), circulación (mediante internet, donde el contenido generado por los propios usuarios es apropiado como “trabajo gratis online”) y financierización (mediante nuevos instrumentos como derivados o algoritmos). En esta caracterización hay dos factores cruciales: cambia la composición del capital (aumento del capital fijo y de la tendencia a una caída de la tasa de ganancia), y la de la clase obrera (cada vez más fragmentada y precarizada). La expulsión y absorción precarizada del trabajo, la formación de una masa de sub y desempleados permanentes, que salta en las crisis y nunca vuelve a niveles previos, son inherentes a esta configuración de la totalidad del sistema.

Marx había notado el carácter recursivo de la automatización industrial, solo que ahora se da a una velocidad mucho mayor que en revoluciones tecnológicas previas, intensificando la explotación del trabajo. Así, por ejemplo, el autor sostiene que la tan mentada “Ley de Moore”, que plantea que el poder de computación disponible a un precio dado se duplica aproximadamente cada 18 meses, solo es posible aplicando tecnologías cibernéticas a la fabricación de chips y relocalizándola para bajar el costo del trabajo. Lo mismo con la “Ley de Metcalfe”, que plantea que el valor comercial de una red aumenta en la cantidad sus nodos elevada al cuadrado: solo se sostiene en la mercantilización de la comunicación y en la extracción creciente de trabajo no pago de los usuarios de las redes.

Revolución cibernética

No siempre queda claro que la cibernética es el denominador común de los robots, las computadoras, la Inteligencia Artificial (IA) y las redes sociales. El autor acierta poniendo el eje en su desarrollo y apropiación capitalista. La clave de esta “revolución” fue concebir a las máquinas como entidades que se retroalimentan del medio (feedback loop) mediante el intercambio de información y reorganizan a partir de allí su actividad; primero con fines bélicos durante la segunda guerra mundial (el mecanismo de guía de los misiles teledirigidos, por ejemplo) y luego extendidas a la industria, reconfigurando la producción de mercancías y la comunicación. El norteamericano Norbert Wiener (junto con otros como John von Neumann o Claude Shannon) fue la figura destacada de esta corriente que impactó con fuerza ideológica (incluso en el estructuralismo francés, con Lacan, por ejemplo, dedicándole todo un seminario) y persiste bajo la Teoría de la Información, la IA y las Ciencias Cognitivas. Sin embargo, el impacto fue mucho mayor sobre la tecnología, dotando de nuevas armas a la “guerra del capital contra el trabajo”. DW recorre el primer round de esta guerra, mostrando cómo la robotización y la producción just in time toyotista permitió desarmar –no sin resistencia– al proletariado industrial más poderoso de los EE. UU., el automotriz, posibilidad sobre la cual el mismo Wiener había alertado tempranamente (escribiendo cartas desesperadas al titular del sindicato automotriz UAW). Desde el decadente rust belt de Detroit, el autor pasa analizar el floreciente modelo industrial de Silicon Valley, bandera del capitalismo high-tech y muestra cómo se sostiene tanto en la precarización de migrantes, de mujeres y de minorías raciales oprimidas como en altos niveles de contaminación, gentrificación y una desigualdad social abismal. DW también recorre la diseminación de este modelo, aún más degrado, en Ciudad Juárez (México), Hyderabad (India) y Hsinchu (Taiwán, especializada en microchips).

Un proletariado global que se levanta y el rol de las redes

Esta configuración conlleva un proletariado global con transferencias de trabajo y éxodo de poblaciones agrarias hacia Asia, el surgimiento de un sector asalariado de servicios “difuso” en esferas de circulación y reproducción, feminización y trabajo doméstico no pago, como así también el aumento de subempleo y precarización, el crecimiento de sectores medios, administrativos profesionales y técnicos, junto con el ascenso vertiginoso del 1 % capitalista “info-tech”. El autor se esfuerza por mostrar que si estas reconfiguraciones nunca fueron sin resistencia, luego del crash de 2008 se da una “cascada de luchas” global de excluidos, ocupados y precarizados que llegan a un pico en 2011, desde Turquía y la primavera árabe hasta los indignados y el movimiento occupy en EE. UU., con medios digitales ya omnipresentes. ¿Qué demostraron estas luchas sobre el rol de las redes? –se pregunta. Que comunican rápido pero sin construir confianza; que permiten el comienzo explosivo de luchas pero también su fragmentación efímera; que visibilizan la militancia anticapitalista pero la vigilan. Los movimientos proletarios, afirma, pueden y deben utilizar tales sistemas, mientras trabajan contra sus tendencias contradictorias, sin perder de vista que la clave pasa por desarrollar estrategias comunistas de largo plazo, solidaridades y seguridades que la cibernética tiende a anular [7].

Nueva oleada de automatización ¿Hacia un nuevo régimen de acumulación?

DW analiza la reconfiguración post crisis de 2008 y las nuevas contradicciones del capitalismo. Así como la globalización cibernética había desmentido la tesis sobre el “fin del trabajo”, ya que se basó justamente en la absorción masiva de trabajo barato y precario (fundamentalmente en China, Europa del este y Rusia [8]), el autor plantea que ahora lo que prevalece es la expulsión acelerada mediante tres vías: (1) robotización: a nivel mundial se pasó de 3.000 robots industriales en 1973 a 800 mil en 2003 y a 1,1 millones en 2011. Los envíos mundiales de robot se triplicaron entre 1994 y 2012, rebotando post crash en 2009 con 179 mil robots industriales vendidos en 2013, la mayor cantidad en la historia y 12 % más que el año anterior (centralmente para producción de automóviles, metales y máquinas, pero también en farmacéuticas, electrónica, alimentación y un sector creciente de servicios). En 2012, uno de cada cinco robots estaban instalados en China mientras que en EE.UU. creció 12 % por año entre 2008 y 2013; (2) Apps, que generan una fuerza de trabajo flotante para compañías grandes que dominan las cadenas de suministro y redes de distribución [9] y son una forma de automatización: bajan al “prosumidor” (acrónimo formado por productor y consumidor) las funciones de la producción automatizada que todavía requieren decisión humana, eliminando trabajo remunerado; y, (3), la restauración de un sector financiero vía algoritmos: “una extensión del proceso de alienación, en la cual el conocimiento de los obreros primero es rutinizado, luego codificado y transferido del componente variable al fijo. Trabajos en apariencia no fácilmente automatizables son transformados algorítmicamente mediante la tecnología del procesamiento de datos, que los divides en pedazos más y más pequeños de microtrabajo o los automatiza totalmente”.

El comercio de alta frecuencia (HFT), clave en esta reconfiguración, emerge en 2010 con el Dow jones cayendo 600 puntos en… 5 minutos, la caída más rápida de su historia. Hoy (2015), el 55 % del trading de acciones es vía HFT y las compañías invierten fortunas en maquinarias que les den mayor velocidad, (vía fibra óptica o microondas –aún más rápidas– mediante drones), con “algos” que analizan transacciones a velocidades que hacen obsoleto el ojo humano del trader, generando prácticas como “mean-reversión” (esperar que el precio de las acciones caiga, pero tomando en cuenta las respuestas anticipadas de otros algoritmos en un “ambiente autorreflexivo”). Por otro lado “la escala actual de procesos borra la distinción entre economías ‘reales’ y ‘ficticias’”: el mercado de derivados tiene hoy un tamaño de 14 veces el Producto Bruto Mundial [10].

Perspectivas estratégicas

El libro plantea que, ya sea ante una nueva presión salarial (por luchas obreras) o por una nueva fluctuación financiera, podemos empezar a ver la emergencia de un nuevo régimen de “acumulación futurista”, donde ya no ingresarían nuevas masas a la relación salarial sino que prevalecería su expulsión: “el trabajo precario, disponible cuándo y cómo los sistemas maquínicos lo necesiten, se convertirá en norma […] la prioridad del capital ya no sería la reproducción humana de trabajadores y consumidores, sino la de sistemas cibernéticos”, y la producción subordinada a las finanzas [11].

En el extremo de esta tendencia, y apoyándose en el comentado “Fragmento sobre las máquinas” de Marx [12], el autor hipotetiza un posible horizonte de “colapso del vórtice cibernético”, en el cual el capitalismo mismo iría automatizándose hasta aniquilar su misma base. Se trata del debate estratégico sobre la automatización y el “fin del trabajo”, y si bien, como vemos, el desarrollo del libro muestra justamente que antes que desaparición del trabajo, la cibernética genera, al contrario, más trabajo más precario –ya que la clave es la extracción de plusvalía–, el autor no deja de identificarla como tendencia. Ante esto, DW rechaza la salida reformista de una renta básica universal [13] (en todo caso, señala, esta no sería más que “un ‘plan B’ para el capital cibernético si la cosa se pone más áspera”) y critica la visión del nihilista Nick Land de un futuro distópico donde la humanidad es absolutamente sobrante, que ubica como el reverso o el “lado oscuro” de los teóricos “trans-humanistas” [14] y “extropianistas” [15], y la idea de la “singularidad capitalista”, en la cual la especie se autosuperaría “borrando la distinción entre máquina y humano”, fusionando la biología humana y la Inteligencia Artificial.

Esta idea, que tiene a su vocero más conocido en el director de ingeniería de Google Ray Kurzweil, propagandiza para el autor los intereses del sector cibernético de la clase capitalista en particular, de los dueños de Google y similares. El autor critica también el “aceleracionismo” de Williams y Snirneck [16], según el cual estas tendencias del capitalismo se acelerarían “hacia un comunismo de alta tecnología” [17], que define como una reapropiación crítica por izquierda de la utopía transhumanista, pero también recusa el rechazo total de la cibernética, tal como o sostiene el colectivo anarquista Tiqqun. “Ni cyborg, ni ludita”, ni aceleracionismo ni rechazo total de la cibernética, DW sostiene que la clave pasa por terminar de forma revolucionaria con el capitalismo, y que así como el proceso revolucionario puede apropiarse de la tecnología y desarrollarla, también puede también liberar a la gente de la dependencia tecnológica. La clave es que “la transformación comunista de la especie será a ritmos y direcciones diferentes a las dictadas por el capital” y solo es posible mediante la lucha de clases.

Estratégicamente, propone un “frente humano” sobre cinco ejes: recuperar la corporalidad (contra la abstracción financiera); sindicatos para superar la fragmentación de la clase obrera incluyendo precarizados, sub y desocupados (para pelear –agreguemos– por el reparto de las horas de trabajo entre todos los brazos disponibles, sin reducciones salariales, para conquistar el tiempo libre); organización en redes; planes transicionales (incluyendo internacionalismo, reducción de tiempos de trabajo, impuestos progresivos, socialización democrática de recursos, etc.); y preparación para futuras luchas obreras en contextos de guerra. Acá encontramos el punto más inconsistente del análisis de DW, una discordancia entre medios y fines: aun planteando correctamente ejes que son claves para un programa transicional revolucionario, mantiene una recusación autonomista (explícita) del leninismo, con lo cual elimina las herramientas políticas necesarias para llevarlo a cabo: un partido y una estrategia revolucionaria [18]. Esto va de la mano con cierto espontaneísmo y subestimación de los aspectos políticos en los análisis. Pero teniendo en cuenta esto se trata de una obra que hace muy buenos aportes para una mirada marxista del momento actual del capitalismo y sus encrucijadas estratégicas.

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NOTAS AL PIE

[1Londres, Pluto Press, 2015. Todas las traducciones son propias.

[2Ibídem, p.8.

[3Ibídem, p.10.

[4Ibídem, p. 13.

[5Ibídem, p. 15.

[6Ibídem, p. 83. Recomendamos al lector los artículos de Paula Bach sobre el tema en IdZ: “La conspiración de los robots”, IdZ 37, mayo 2017.

[7Ibídem, p. 166.

[8Paula Bach ha discutido en ob. cit. la relación entre robótica y capitalismo teniendo en cuenta aspectos políticos y económicos generales y coyunturales a los que el autor apenas se refiere.

[9Facebook compró Whatsapp en 2014 por 19 mil millones de dólares, con 500 mil usuarios y… 55 trabajadores. Por su parte, Instagram habría contribuido a destripar Eastman Kodak, que tenía 141.500 trabajadores en 1990 y quebró en 2012.

[10Ibídem, p. 179.

[11Ibídem, p. 186.

[12Karl Marx, Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Grundrisse) 1857-1858.

[13McAfee y Brynjolfsson, autores de The second machine age (2014).

[14Mejorar la condición humana mediante el desarrollo y fabricación de tecnologías ampliamente disponibles.

[15Supone que los avances en la ciencia y la tecnología posibilitarán la modificación a voluntad de la mente y el cuerpo humano.

[16Ver Mercatante, E., “La perspectiva comunista en tiempos de inteligencia artificial y biotech”, en Semanario IdZ 08/08/2019.

[17Ibídem, p. 194.

[18Albamonte, E. y Maiello, M., Estrategia socialista y arte militar, Buenos Aires, Ediciones IPS, 2015.
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Juan Duarte

Tw: @elzahir2006 IG: @juanmaduarte.
Nació en Mendoza en 1979. Es psicólogo y docente universitario en la UBA. Militante del Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS) y de la agrupación Docentes e Investigadores de Izquierda. Editó Genes, células y cerebros de Hilary y Steven Rose, y Leon Trotsky y el arte de la insurrección (1905-1917) de Harold Nelson (Ediciones IPS, 2017) y escribió en El psicoanálisis y la revolución de Octubre (Ed. Topía, 2017).
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