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Violencia policial en Estados Unidos: arma de explotación y opresión

Durante febrero hubo tres nuevos casos de mexicanos asesinados por policías estadounidenses. El gobierno mexicano salió a golpearse el pecho y pedir explicaciones al amo del norte.

Bárbara Funes

México D.F |

Miércoles 4 de marzo de 2015 | Edición del día

Ernesto Javier Canepa Díaz fue asesinado por disparos de policías de Santa Ana, California, el 27 de febrero. Rubén García Villalpando, de 31 años de edad y oriundo de Durango, fue muerto a tiros por un policía local de Grapevine, en el condado de Tarrant, Texas, el 16 del pasado febrero. Seis días antes, el 10 de febrero, Antonio Zambrano Montes, de 35 años, fue asesinado por la policía del Estado de Washington. Uno de sus victimarios ya había sido acusado de abuso policial.

Estos casos se suman a 181 asesinatos más realizados por la policía del imperialismo estadounidense, desde el primer día de este año hasta el 3 de marzo, según el sitio Killed by police.net.

El cinismo del servil gobierno mexicano

El gobierno de Enrique Peña Nieto, a través de la Secretaría de Relaciones Exteriores exige ahora explicaciones al gobierno estadounidense por los casos de brutalidad policial.

Hace pocos días, Peña Nieto había enviado al Senado una iniciativa que permitiría que los agentes de seguridad que acompañaran a funcionarios extranjeros pudieran portar armas de fuego. Fue tan escandaloso que el Partido Acción Nacional, el Partido de la Revolución Democrática y el Partido del Trabajo frenaron su propuesta.

A esto se suma el hecho denunciado en distintos medios mexicanos, entre ellos La Jornada, de que agentes de seguridad estadounidenses operan en México, encubiertos con uniformes militares del ejército mexicano, tal como en la época de la guerra sucia.

La brutalidad policial: un garrote de clase

No sólo los latinos son víctimas de la policía asesina en Estados Unidos. Los afroamericanos constituyen uno de sus objetivos preferidos. Tanto es así que en Miami hasta usan fotografías de jóvenes afroamericanos para las prácticas de tiro al blanco, como señalamos acá.

Otra muestra de ello fueron los asesinatos de Eric Garner y Michael Brown, que detonaron importantes movilizaciones contra la brutalidad policial y el racismo en Estados Unidos.

El despliegue de violencia en Estados Unidos contra los afroamericanos, los latinos y los migrantes en general no se debe a ningún “gen racista” que porten los policías. Se trata de una política de Estado, y en particular de un Estado imperialista.

La violencia institucional es un arma para mantener sometidos a los enormes contingentes de trabajadores afroamericanos y migrantes, para que acepten condiciones de vida cada vez más paupérrimas, salarios miserables, falta de prestaciones sociales, de derechos laborales, sindicales y sociales.

En el caso de los latinos se combina en particular con una política migratoria represiva, que impide a las personas indocumentadas organizarse en sindicatos y el derecho de huelga, y los obliga a vivir permanentemente con el terror a ser deportados a sus países de origen, donde la violencia y la miseria que los orillaron a migrar se han profundizado.

A su vez, colocar a afroamericanos y migrantes en estas condiciones de precariedad laboral constituye una forma de la burguesía imperialista para contener el descontento entre los trabajadores blancos. Sobre éstos pesa la amenaza de que si ellos no aceptan también condiciones más precarias, un latino o un afroamericano sí las aceptarán, y el fantasma del desempleo pesa así sobre los trabajadores blancos.

Y esta situación crea a su vez las condiciones para la reaccionaria división entre los propios trabajadores según su raza.

Se torna cada vez más necesario que los trabajadores de Estados Unidos, nativos y extranjeros, blancos y afroamericanos dejen atrás las divisiones impuestas por la burguesía imperialista que sólo quiere mantener sus privilegios a costa del trabajo de la clase obrera y de la expoliación a los países como México y todas las naciones centroamericanas, que tienen independencia formal, pero en realidad sus gobiernos llevan adelante los dictados de Washington.

Sólo la unidad de los trabajadores y los sectores populares estadounidenses puede terminar con la brutalidad policial, la reaccionaria política migratoria estadounidense, los ataques contra las conquistas obreras y la expoliación de los recursos de México y Centroamérica a manos de las trasnacionales.







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