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Voloshinov, la palabra como arena de la lucha de clases

Quién fue Voloshinov y cuáles fueron sus aportes, son preguntas no muchas veces hechas y pocas veces respondidas. Algunos elementos básicos de la obra de este intelectual casi negado por la historia.

Domingo 31 de julio de 2016 | Edición del día

El contexto

Valentín Nikoláievich Voloshinov nació en 1895 en la ciudad de San Petesburgo, luego conocida como Leningrado, y fue parte del llamado Círculo de Bajtín. Este círculo, como otros de la época, fue un grupo de lingüistas y críticos literarios creado a principios de 1920 e integrado por personalidades como el propio Mijaíl Bajtín y Pável Medvédev, entre otros. Sus trabajos giraron en torno al enunciado, los géneros discursivos, la estilística, la traducción y principalmente las relaciones socio-ideológicas entre el discurso (habla, texto, etc.) y el contexto histórico del sujeto discursivo.

Hay que señalar que el Círculo de Bajtín mantuvo serias discusiones con otras corrientes lingüísticas y principalmente con los Formalistas Rusos, agrupados para entonces en el Círculos de Moscú y el OPOYAZ (“Obshchestvo izucheniya POeticheskogo YAZyka”, o en español “Sociedad para el Estudio de la Lengua y la Poética”) que más tarde se unirían. El formalismo, como sugiere su nombre, propone un estudio científico de la forma de las obras literarias, desvinculando el lenguaje literario del lenguaje cotidiano, en un principio incluso llegando a rechazar los elementos extra-verbales como la biografía del autor o su contexto para el análisis. Esto les costaría duras críticas por parte de los bajtinianos.

En la Rusia Soviética numerosas vanguardias artísticas e intelectuales florecieron al calor de la Revolución, que luego se marchitarían con el régimen estalinista, su imposición del realismo socialista como estilo artístico oficial, único y obligatorio, y de su persecución a los intelectuales y revolucionarios que no se subordinaban al régimen. Como Bajtín que sería detenido y deportado en 1929. Voloshinov escapó a los juicios de 1936 gracias a su trágica muerte en manos de la tuberculosis, Medvédev no.

El signo ideológico, la palabra y la sociedad

La obra principal de Voloshinov fue El Marxismo y la Filosofía del Lenguaje publicado en 1929. Hasta el día de hoy muchos adjudican la autoría de este trabajo a Mijaíl Bajtín, así como otros encuentran a Bajtín un estafador (1). Abordar el problema de lleno aquí sería superfluo. Por ahora nos centraremos en el contenido de los primeros dos capítulos del libro, donde sienta las bases para un estudio materialista del lenguaje y arma el edificio teórico para encontrar en la palabra una enmudecida disputa de clase.

Parte de una tesis básica: Todo producto ideológico, sea una teoría, una obra de arte, una ley, etc, está compuesto por signos. Estos signos son materiales y objetivos pues cualquier teoría está compuesta de palabras, cualquier pintura de imágenes, y así. Para Voloshinov el signo ideológico por excelencia es la palabra pues está en todo producto y creación ideológica en general, y constituye la base del “discurso interno” y la comunicación entre las personas.

Hay hasta acá los primeros esbozos de una teoría materialista de la ideología que le da una base material a la ideología la cual es el signo. Sin embargo, Voloshinov no se queda con el mecanicismo vulgar de “base-determina-superestructura” al momento de entender las relaciones entre la sociedad y las ideologías. Dice lo siguiente:

“Las relaciones de producción y la formación político-social condicionada directamente por aquellas determinan todos los posibles contactos de los hombres, todas las formas y modos de su comunicación verbal: en el trabajo, en la política, en la creación ideológica. A su vez, tanto las formas como los temas de las manifestaciones discursivas están determinados por las formas y los tipos de la comunicación discursiva” (2).

Tenemos, a la hora de entender el por qué de un discurso específico, por un lado la organización social de la cual es parte y la cual da los marcos comunicativos (formas de comunicación discursiva como lo son el discurso científico, militar, etc). Y a su vez estos “marcos” tienen su propio repertorio de formas y temas que vendrían a ser las manifestaciones discursivas particulares. Un cambio en la organización social, sus relaciones de producción, su formación político-social, genera cambios y/o nuevas formas discursivas porque hay nuevas instituciones y espacios donde la gente se relaciona y se comunica, se dan nuevos “temas” discursivos, nuevos
horizontes sociales diría Voloshinov. Por eso: “La palabra es capaz de registrar todas las fases transitorias imperceptibles y fugaces de las transformaciones sociales”

¿Y el contenido? Voloshinov llama “tema” al objeto del discurso, a aquello que se quiere decir. Los temas forman parte del horizonte social de un grupo determinado y están ligados a sus intereses ideológicos propios. Siempre un tema ideológico tiene una acentuación valorativa (que le da carácter de bueno, malo, justo, agradable, etc). Puede haber acentos individuales pero como el lenguaje no es creado individualmente, todos los acentos son interindividuales. Un ejemplo simple: Macri habló de “pobreza cero” en su campaña porque sabía muy bien que terminar con la pobreza es un problema para muchos sectores de la sociedad y agregarlo a su discurso respondía a esa sensibilidad. Ahora luego de las elecciones la “pobreza cero” ya no está dentro de sus intereses ni de su horizonte social.

Recapitulando, el “decir” tiene un carácter cruzado por los intereses sociales que impulsan ése decir y los acentos valorativos que cada grupo del colectivo lingüístico le da a ése decir. Así Voloshinov afirma que la palabra, el decir, es la arena de la lucha de clases. Las diferentes clases utilizan la misma lengua pero los acentos valorativos de cada palabra, cada signo ideológico, no son los mismos y la capacidad de sostener o imponer esos acentos tampoco.

“El carácter multiacentuado del signo ideológico es su aspecto más importante. En realidad es tan sólo gracias a este cruce de acentos que el signo permanece vivo, móvil y capaz de evolucionar. […] Cualquier injuria puede llegar a ser elogio, cualquier verdad viva inevitablemente puede llegar a ser para muchos la mentira más grande. En las condiciones normales de vida social esta contradicción implícita en cada signo ideológico no puede manifestarse plenamente, porque un signo ideológico es, dentro de la ideología dominante, algo reaccionario y trata de estabilizar el momento inmediatamente anterior en la dialéctica del proceso generativo social, pretendiendo acentuar la verdad de ayer como si fuera la de hoy”.

“Negro” puede ser un apodo cariñoso para algunos y algunas o para otros y otras un insulto que supuestamente nada tiene que ver con la piel sino que con el “alma”. El feminismo es para muchas y muchos una ideología que lucha contra la sociedad patriarcal sostenida por el capitalismo en busca de la igualdad de género, pero es otra cosa para aquellos que usan el término “feminazi” sin detenerse a pensar mucho las diferencias entre el fascismo y las reivindicaciones por los derechos de las mujeres. Y podríamos seguir dando ejemplos.

Mucho más queda para comentar de la obra de Valentín Voloshinov y del Círculo de Bajtín. Quizá si no fuera por la censura estalinista y la reticencia de los académicos a todo aquello que lleva la palabra “marxismo” por delante, la tradición de los bajtinianos hubiera influenciado a la lingüística moderna con un nuevo paradigma teórico. Más aún, entender que lo lingüístico-ideológico también es parte del devenir de la historia y su consolidación y transformación es producto de cegadas disputas entre las clases, ofrece un enfoque alternativo al enfoque estructuralista basado en el neo-positivismo de Saussure, “objetivismo abstracto” como lo llamaría Voloshinov.

Notas:

1. Jean Paul Bronckart y Christian Bota (2011), Bajtín desenmascarado. Historia de un mentiroso, una estafa y un delirio colectivo. Edit. Antonio Machado Libros, 2013, Madrid.
2. Las citas son de V. Voloshinov, El Marxismo y la Filosofía del Lenguaje, Ediciones Godot, 2009, Bs. As. Trad. Tatiana Budnova, pp. 43, 44 y 50.







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