Sociedad

OPINIÓN

Vos comiste caviar, nosotros pescado podrido

Tras el recital del Indio Solari en Olavarría y sus lamentables consecuencias, La Izquierda Diario difunde opiniones del show.

Lunes 13 de marzo de 2017 | 16:25

Se terminó la mística, las misas, y toda la parafernalia. Olavarria fue un desastre, no hay muchas palabras para contar todo, tampoco voy a citar frases tuyas en esta nota, hay muchas que caben muy bien pero ya no sirve, no alcanza, tu arte quedó lejos de la realidad.

Tal vez, las hay en esa página de Facebook. Virumancia, que para ser “místicos” no se sabe de quién es pero publica todos los comunicados del Indio Solari y nos viene a contar que los medios publican pescado podrido. Gracias Indio, pero ya lo sabíamos, no es nada nuevo.

Eso fue Olavarría, pescado podrido que nos vendiste Indio, un lugar atestado de gente que nadie sabe calcular ya. En la semana previa saliste a hablar en otro comunicado “misterioso” que nos cuidemos entre nosotros. Sí, era verdad, nos teníamos que cuidar entre nosotros porque vos que organizaste el recital no lo hiciste.

Nos encerraste en un predio sin señalización, sin nada; de un lado el escenario, del otro la salida y en los costados todo vallado. Con un detalle, éramos más de 300 mil personas las que estábamos ahí. ¿Cómo salir?, solo por la inercia de la masa. Así entramos, siguiendo a los demás por que no vimos ni un cartel, llevar entrada o no era lo mismo porque nadie controlaba nada.

Muchos fueron sin entrada y seguro que otros muchos le van a echar la culpa a ellos. ¿Por qué fueron sin entrada? Porque son caras tus entradas Indio, porque te gusta la guita y las vendes a 800 mangos. Encima hay que pagar el viaje, porque tu excentricidad te hace tocar lejos y una vez cada tanto, porque un ego tan grande quiere el pogo más grande el mundo.

En el matadero ese que hizo de lugar del show entramos así, como vacas al mercado de Liniers. Paraste el show y está bien, había que asistir a los heridos, pero te gustó culpar a un par de “borrachines” a “20 pelotudos”.

Para darle vía libre a las estigmatizaciones que los medios también nos venden. Que cada uno tome lo que quiera, la culpa no fue de un par de borrachines sino de la organización, que metió 300 mil personas en un lugar que no entraban. Se sabía la cantidad de gente que iba a ir, seguro que ahora van a hacerse los distraídos, que los superó, que no sabían que iba a haber tanta gente, bla, bla, bla. Si pasaba, pasaba.

La mayoría nos enteramos de los muertos cuando ya estábamos en los micros, cuando tuvimos algo de señal en el celular horas más tardes. Pero ya nos habíamos dado cuenta de que este recital no fue igual, que se había cortado el clima, que cantaste a reglamento, para zafar y que se termine rápido.

Antes del último tema vos lo dijiste, vamos a terminar porque tenemos frió. También dijiste que así no te daban ganas de seguir tocando también, a muchos de nosotros tampoco de seguir escuchando. Un recital soberbio, no por lo virtuoso sino por el destrato hacia el público, no solo desde la organización sino desde tus palabras arriba del escenario.

Porque la música no mata, como no lo hizo en Cromañon, lo que mata es la desidia empresarial y el aparato estatal que hacen negocios con la música, Ibarra sigue libre y tus amigos kirchneristas le tendieron la mano.

Y todo es un negocio, lo que valen tus entradas, los micros que te dejan tirados, las comidas que son caras, los hoteles que parecen ser todos cinco estrellas, los transas. Todo. Fuimos un número más, pero esta vez no.

Fuimos casi todos números y dos muertos, esos no son números, son personas, trabajadores que juntaron peso a peso para poder ir a verte y así les pagaste, los encerraste ahí a que se revienten. Pudimos haber sido cualquiera de nosotros, no es la culpa de los que van adelante del escenario, que no se bancan un pogo o se pasaron con un par de cervezas. Es culpa los que creen que nuestras vidas no valen nada.

Ahora se escucha los coros de los reaccionarios que le echan la culpa al “reviente” a las drogas y al alcohol, los que estigmatizan a la juventud de los barrios, la misma juventud que no tiene trabajo, que no tiene estudios por culpa de los mismo que los estigmatizan.

Seguro Indio que te vas a despegar de la organización, que vos no tenés nada que ver, que la contratas y cosas así, lo que hace todo empresario día a día. Vos seguro no tenés nada que ver. Quizás sea cierto, no tenés nada que ver con nosotros ya.
Ahora veremos en los medios todo el pescado podrido que nos venden y nos vendes, desligando culpas de acá para allá, entre vos, la productora, el intendente, y todos los aparatos del Estado. Y estuvimos nosotros comiendo pescado podrido.

Como público también nos debemos una reflexión sobre qué nos bancamos y qué no, qué aceptamos y qué no. Porque los Redondos cambiaron cuando le dieron la espalda a la familia de Walter Bulacio y unos cuantos dejaron de ir a verlos.

Pero muchos se sumaron y los Redondos nos trasmitieron, con todas sus contradicciones, misa, mística, rock, libertad, poesía, contracultura, octubre, combatividad, resistir contra el sistema. Y se fue descascarando, se fue perdiendo, y la abuela de Walter quedo sola, sin una sola llamada de la banda. Pero a Walter lo mató la policía, eso es indudable. Los Redondos no fueron los culpables, pero callaron y ese silencio dolió.

Pero hasta acá llegamos, somos muchos los que dijimos basta, porque los muertos fueron adentro, ahí en medio de todos, encerrados por tu organización, Indio.
Hay manchas que no se borran, hay heridas que no van a cerrar, escucharemos las canciones, veremos como no coinciden con tus actos, y seguiremos teniendo dolor.
Pero no comemos pescado podrido, ni el del Estado, ni el de los medios ni el tuyo.
Eso sí, tampoco comeremos tu caviar.







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