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Wisconsin: victoria para Bernie Sanders y derrota para Trump

Las victorias de Bernie Sanders y Ted Cruz en Wisconsin impiden dar por cerrada la competencia. ¿Cómo sigue la carrera a la Casa Blanca?

Celeste Murillo

@rompe_teclas

Miércoles 6 de abril de 2016 | Edición del día

Con más del 60 % escrutado, se anunciaron las victorias de Bernie Sanders y Ted Cruz en Wisconsin. Bernie Sanders se impuso con un 55,8 % sobre el 43,9 % de Hillary Clinton. Del lado republicano, Ted Cruz logró un importante victoria con un 50,2 más política que numérica (el reparto es proporcional), frente a Donald Trump (32,8 %).

Para los republicanos tiene un doble significado. Por un lado, se mantiene la división interna ante la imposibilidad de dar un golpe de gracia a Trump, aunque se complica la posibilidad de que alcance fácilmente los delegados que necesita para la nominación. Pero también mantiene vivas las esperanzas de quienes ven en Cruz (aunque no era el plan A) la última oportunidad para responder desde el establishment republicano a la “revuelta electoral” de la base republicana.

Para los demócratas, los resultados Wisconsin confirman que la competencia sigue abierta. Porque Hillary Clinton no consigue imponerse como candidata indiscutida, aunque siga encabezando la cuenta de delegados y porque la campaña de Bernie Sanders se mantiene firme y su base no parece dispuesta a retirarse de la carrera.

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Sanders en su discurso de victoria desde Laramie (Wyoming) aprovechó para mostrar el enorme avance de su campaña, desde las primeras encuestas que lo ubicaban 40 o 50 puntos abajo hasta el momento actual en el que viene de ganar 7 de 8 de las últimas primarias. De hecho en marzo, la campaña del senador de Vermont volvió a romper los récords de aportes al alcanzar los 184 millones, cuyo 97 por ciento fue aportado mediante plataformas online (The Hill) y el 66 % fueron inferiores a 200 dólares.

¿Esto lo ubica delante de Clinton? No, pero dificulta su campaña. Hillary goza, además del respaldo del establishment del partido, del apoyo de un importante sector del electorado tradicional demócrata: afroamericanos, trabajadores blancos y mujeres. Pero el torbellino #FeelTheBern (como llaman sus seguidores a la campaña) conquistó a la juventud, incluso atravesando esos grupos demográficos, y a sectores progresistas al tomar varias de sus demandas como educación y salud gratuitas y un discurso duro con las corporaciones.

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Sanders aprovechó la noche del 5 de abril para diferenciarse de Clinton. Rodeado de un público entusiasta que acompañaba sus consignas con gritos y hurras, el senador de Vermont denunció la desigualdad del país gobernado por el 1 % más rico e hizo estallar los aplausos cuando recordó los movimientos sociales más importantes que buscaron transformar el país de abajo hacia arriba como el movimiento de derechos civiles o el movimiento de mujeres. Ese discurso habla más de la base electoral que lo adoptó como su candidato que de su propio programa, como lo dejó en claro el propio Sanders al referirse a la guerra contra el terrorismo y el uso de drones la semana pasada. También aprovechó el escándalo de los Panama papers para recordar su discurso de 2011 contra el tratado con Panamá y la evasión de las corporaciones (a pesar de la sugestiva ausencia de figuras estadounidenses).

Las convenciones cada vez más cerca

Ninguno de los dos partidos elige a sus fórmulas presidenciales de forma directa. El complejo sistema de primarias comprende varias instancias que se extenderán hasta junio. Pasada la mitad de las primarias, ambos partidos se encaminan a convenciones complicadas.

Los republicanos siguen sin poder encauzar el descontento de la base conservadora que se inclinó por Donald Trump. A contramano de los deseos del establishment del partido, las posiciones moderadas no parecen encantar a su electorado (alcanza con ver los pobres números del gobernador de Ohio John Kasich). Parece que lo que sigue enamorando a la base republicana es la radicalización de las posiciones más conservadoras. A eso sonó la verborragia anti Obama, las alabanzas al Ejército y la grandeza de Estados Unidos del discurso de Ted Cruz en Wisconsin (o dicho de otra forma, todo lo que Cruz puede parecerse a Trump).

Del lado demócrata, Hillary Clinton está más cerca de que le cierren los números (con la “ayudita” de los superdelegados) que de imponerse como candidata “natural” como había soñado al lanzarse como candidata. Bernie Sanders, después de media campaña, ha emitido algunas críticas tímidas al mecanismo antidemocrático de los superdelegados (aunque no las mencionó hoy ante la multitud que lo acompañó en su discurso de victoria). Pero fueron sus seguidores los que se decidieron a emprender una “ofensiva” sobre los legisladores cuyo voto como superdelegados es contrario al voto popular en sus estados.

La carrera sigue abierta y la campaña electoral continúa signada por la crisis del establishment y el protagonismo de los outsiders adoptados como “voceros” del hartazgo, de izquierda y de derecha, con la elite de Washington y Wall Street. Ahora todos los ojos están puestos sobre Nueva York que el 15 de abril se transformará en la próxima batalla de las primarias.







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