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19 de julio de 2018 Twitter Faceboock

CULTURA
Falleció Kive Staiff, un emblema y figura controversial del Teatro San Martín
Elizabeth Yang | @Elizabeth_Yang_

Falleció a los 90 años, Kive Staiff, periodista, crítico y productor, una figura controversial de la gestión cultural estatal, conocido por su estadía como director del Teatro San Martín de la Ciudad de Buenos Aires durante décadas hasta su retiro en el 2010.

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Kive Staiff, foto de Silvana Miyashiki

En 1971 había sido designado por Lanusse (durante su dictadura) al frente del Teatro San Martín, uno de los teatros más importantes del país. Concentró en su persona la dirección artística y administrativa, ayudado por ser también contador público.

Permaneció en este cargo entre 1971 y 1973 (asunción de Cámpora) y entre 1976 y 1989. Es decir, también atravesó la última dictadura, y Alfonsín decidió dejarlo en la dirección del teatro durante su gobierno.

En 1990, se desempeñó como Director del Departamento de Artes de la Representación en la Fundación Banco Patricios. En 1991 fue nombrado Director General de Asuntos Culturales del Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto de la Argentina, con rango de embajador. En 1996 asumió el cargo de Director General del Teatro Colón de Buenos Aires y en 1998 volvió a la dirección del Teatro San Martín.

Kive Staiff logró “atravesar” el período de la dictadura y luego continuar en democracia. En un reportaje que le hace Alternativa teatral directamente afirma que fue bajo la última dictadura cuando más se favoreció el teatro:

¿Qué políticas culturales de qué gobiernos le parece a usted que han favorecido más el desarrollo y la expansión de las actividades del Teatro?

KS: Paradójicamente yo diría que durante el gobierno militar, que comenzó en 1976 y terminó en 1983. Paradójicamente, durante esos años pudimos avanzar en distintas direcciones. La revista nuestra va a cumplir 100 números este año; la iniciamos en ese momento. He sostenido siempre que hay razones diversas: en primer lugar, que seguramente al gobierno militar le parecían más peligrosas ciertas artes multitudinarias como el cine o la televisión, y sentía un cierto desinterés por el teatro. Sin embargo, ahí estábamos nosotros, y el teatro es algo muy peligroso.

Pero durante la dictadura también pusieron bombas en teatros, muchos teatristas fueron secuestrados o tuvieron que exiliarse...

Es verdad, es verdad. Pero la paradoja era que, actores y actrices que estaban prohibidos y en listas negras, aquí pudieron trabajar durante años. Desde María Rosa Gallo hasta Lautaro Murúa. Y luego, por otro lado, fueron los años en los que pudimos consolidar algunas ideas. En el ´77 fundamos la compañía de danza, la compañía de títeres y una compañía de teatro estable. Esta última duró 13 años, hasta que yo, en el ´89, me tuve que ir. Es que desarrollamos una acción que llegó a ser tan contundente, que no había quién se atreviera con nosotros. Ni hablar luego, que, ya en la democracia, arrancando con el doctor Alfonsín, todo entró a funcionar de otro modo, con mayor libertad. Y recordando ese momento, en el que nosotros pensábamos que teníamos poco presupuesto, me asombro; era una enormidad lo que teníamos de presupuesto comparando con lo que fue viniendo posteriormente.

Según Pacho O´Donnell, un espectáculo suyo fue censurado y levantado: “programado y anunciado formalmente para la temporada de 1981, ‘Toroblas torobles’. Lo hizo por exigencia de los servicios de la Marina, como con naturalidad me informó cuando regresé al país de mi exilio. También lo confesó en el documental ‘Prohibido’ de Andrés di Tella sobre censuras y persecuciones durante la dictadura”.

En el libro Teatro militante. Radicalización política y artística en los años 70 de Lorena Verzero (Biblos, 2013), doctora en Historia y Teoría de las Artes e investigadora del Conicet, se narran hechos de censura.

Por ejemplo, que la obra de Griselda Gambaro, Nada que ver (1972), habría sufrido censuras. Así lo denuncia Juan Carlos Gené, quien era en aquella época el presidente de la Asociación Argentina de Actores y el director del grupo Podestá, colectivo militante teatral, en una nota de la revista Panorama (11/05/72) titulada "Teatro San Martín: la caldera del diablo". Lo mismo sucedió en aquel año con la obra Un enemigo del pueblo, de Henrik Ibsen. Estos hechos también son relatados en el Cuaderno de GETEA Ibsen y la modernidad hispanoamericana de Osvaldo Pellettieri. Allí figura que propio Gené, Pepe Soriano, Onfre Lovero y otros actores distribuyeron un volante en el hall del Teatro San Martín con la denuncia del comunicado publicado por la Asociación de los actores a raíz de ambas censuras.

Pese a todo, muchos artistas ante su partida expresaron su reconocimiento por la gestión cultural que realizó en el teatro. También fue fundador y director periodístico de publicaciones como La Opinión, Análisis y Confirmado, y de la Asociación de Críticos e Investigadores de Teatro de la Argentina y varias revistas especializadas.

Algunos de sus ensayos más conocidos son El teatro de Armando Discépolo (1968) y Tadeusz Kantor y el teatro de la muerte (1984). Por otra parte, Staiff produjo obras de teatro independiente como Final de partida, La dama boba y El zoo de cristal. Y el gobierno de Francia lo distinguió nombrándolo Officier de L’Ordre des Arts et des Lettres.

 
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