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La Izquierda Diario
28 de mayo de 2019 Twitter Faceboock

Elecciones 2019
Juego de Tronos a la vera del Paraná
Octavio Crivaro

Tres tronos en disputa en Santa Fe: el del gobierno provincial y los de las dos ciudades más importantes. Más allá de la disputa electoral, la defensa de las corporaciones, las restricciones electorales y la dureza con los trabajadores, unifica a las “dinastías” en pugna. Electrolux como caso testigo.

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Aunque aún queda mucho camino por andar, Santa Fe puede ser la primera provincia en la que pierda un oficialismo provincial y encima uno que no paga los costos de su pertenencia nacional a Cambiemos. Bonfatti deberá crecer mucho y a dos bandas (por derecha y por izquierda) si quiere imponerse al peronismo neo-conservador de Perotti, detrás del cual se alineó sin culpa el progresismo kirchnerista. La misión parece difícil.

El candidato a gobernador del macrismo, José Corral, que razonablemente se aleja de la estética de Cambiemos para tratar de emerger, se encamina a perder la ciudad de Santa Fe después de décadas de gobernarla. La capital provincial pareciera que correrá la misma suerte que Santa Rosa y Córdoba capital: el radicalismo perderá el gobierno, como castigo a su pertenencia al gobierno del ajuste. Rosario también castigó al oficialismo, aunque en este caso fue un castigo puertas adentro: a pesar del exorbitante despliegue de fondos, la candidata del Partido Socialista perdió la interna del Frente Prgresista frente a Pablo Javkin, el referente del ARI. Resta ver si mantienen el gobierno en la ciudad o si el peronismo se acomoda también en el Palacio de los Leones.

El gobierno provincial se ofusca y pide (casi que exige) al electorado que lo vote por sus valores y por sus hechos. Pierde de vista que quizá es por eso que es castigado.

La decadencia

El socialismo ganó la provincia en el 2007 con Binner a la cabeza, gracias a tres factores: la valoración a la gestión del socialismo en Rosario, la división del peronismo y la sed de un “cambio” luego de décadas de gobiernos del PJ. Con el tiempo, todos y cada uno de esos tres elementos se escurrió como agua entre los dedos. El Socialismo pagó su desgaste como gobierno rosarino; el kirchnerismo facilitó la unidad del peronismo al subordinarse a Perotti y el Frente Progresista liquidó todas sus pretensiones de cambio y transformación, defraudando las expectativas que despertó originalmente. Sí: el PS mantuvo intactas las estructuras arcaicas defendidas por el peronismo santafesino previamente y el beneficiario de ese conservadurismo político, paradójicamente, puede ser ese mismo peronismo.

Las corporaciones

El discurso progresista en Santa Fe con el correr de los años se convirtió en la coraza bajo la cual se consolidaron las instituciones y actores más retrógrados, los ricos y los poderosos y amen de la conocida protección a la podrida Policía Santafesina. Hay tres ejemplos de esta política: en primer lugar, el “frenazo” que viene garantizando el gobierno junto a senadores peronistas a la aprobación de la ley de educación sexual, a pedido de la Iglesia. Segundo: el veto a la limitada ley de descanso dominical, bombardeada por las grandes cadenas de supermercados, frente a la impasible mirada del gobierno. Y en tercer lugar, el boicot de las grandes aceiteras a aprobar un mísero impuesto para subsidiar el transporte. El Frente ganó las elecciones y asumió como Progresista, pero gobernó como un frente conservador y amigo de los poderosos. Al menos desde el 2015 está pagando los costos de ese “congelamiento” de sus pretensiones.

Las artimañas

Frente a su crisis el Frente Progresista apeló a artimañas electorales haciendo más antidemocrático aún el régimen electoral. Así como el peronismo administró su decadencia utilizando la llamada Ley de lemas para mantener dentro del PJ los votos de sus múltiples fracciones, el Frente Progresista aprobó en 2015 un piso electoral de un 1,5% del padrón (es decir, superior al de elecciones nacionales) y mantuvo un decreto de la dictadura que impone un piso del 3% para acceder al reparto de bancas en la legislatura. Al mismo tiempo, se restringe el acceso a la publicidad oficial, se niega el voto a los jóvenes de 16 y 17 años y se genera una competencia enormemente desigual entre partidos financiados por trabajadores y maquinarias con plata de los estados y de grandes empresarios. Y si todo eso no funciona directamente apelan a mecanismos fraudulentos, como sucedió en el 2015. El Frente de Izquierda ha denunciado el piso electoral y este régimen antidemocrático que garantiza que la elección siempre sea entre los partidos tradicionales ya elegidos previamente. Los partidos de los empresarios buscan evitar la emergencia de una izquierda con peso social y político

A la par de la instalación o fortalecimiento de mecanismos proscriptivos contra la izquierda, el Partido Socialista fue desintegrando su proyección nacional y subordinándola a sectores de la derecha. Esa política hoy está en el capítulo del apoyo a Roberto Lavagna y el coqueteo con el Peronismo Federal. Tan, pero tan conservadoras son las aspiraciones de Lifschitz y el Socialismo, que ni les incomoda hablar de “progresismo” de la mano del ultramontano Urtubey, el bolsonarista Pichetto o al “macrista blue” cordobés, Schiaretti. Las alianzas del PS a nivel nacional indican el pulso decadente de la centroizquierda en la vida política.

¿Quién gana si gana Perotti?

En los referentes provinciales del kirchnerismo, no así en sus votantes de a pie, hay una algarabía indisimulable frente a la posibilidad de un triunfo en Santa Fe con Omar Perotti al frente. “Vamos a volver”, suena el coro fortalecido con las voces que se suman luego del giro táctico que culminó en la candidatura de Alberto Fernández. Pueden volver. ¿Pero quiénes vuelven?

Perotti es un conservador, con el que se garantizan los intereses de los grandes empresarios y una agenda contra el pueblo trabajador, no solo por su pasado reutemista y por ser un “peón” político del “Campo”, sino también por sus ideas actuales. “Paz y orden”, reza la consigna del rafaelino, con indisimulable guiño a la fuerza policial que él dice poder conducir, es decir, querer fortalecer. ¿Quiénes festejan con Perotti? Los sojeros, los empresarios que despiden, la conducción sindical cómplice de esos despidos.

El kirchnerismo, al igual que hacen con Alberto, defiende bajar banderas como la del derecho al aborto, en aras de juntar fuerzas para la “agenda social”. Pero el resultado es que se baja la bandera del aborto legal, pero también se relega la “agenda social” frente a un FMI al que consideran incuestionable. El Pacto Social del que habla el conjunto del peronismo no es otra cosa que “paz y orden” para los poderosos, y salarios a la baja, ajuste, despidos y si hace falta, palos y patotas para a los que saquen los pies del plato. Esto se vio en Electrolux.

Electrolux como “modelo” de respuesta a los trabajadodores

Imagine una realidad distópica. Una empresa multinacional culpa de una crisis a 22 trabajadores y trabajadoras. Violando las leyes, los echa y promete que no echará más trabajadores hasta fin de año. La empresa se hace dueña de una fiscal que busca la represión. Un juez determina que el reclamo laboral es justo y la fiscal sugiere a la empresa organizar una represión “privada”, cosa que la multinacional finalmente ejecuta, con la mano de obra sindical. Los referentes del sindicato que defienden los despidos son candidatos en el principal partido opositor, mientras que el gobierno provincial manifiesta preocupación, pero no impide que día tras día la empresa desconozca las leyes, según le convenga.

No estamos hablando de una serie de Netflix sino del conflicto de Electrolux. En una Santa Fe tensa y en un ambiente político conmocionado por el eventual cambio del signo de poder de turno, los poderosos y los ricos parecen poder hacer lo que les plazca. El peronismo auspicia el accionar cómplice de la UOM. Y el gobierno provincial no determina, como debería, que el accionar de la empresa y los despidos son ilegales. De no modificar esta línea, demostrará complicidad abierta.

Pero el conflicto de Electrolux expresa también otra cosa: el tesón y la voluntad de una juventud trabajadora, como ya se vio en Liliana SRL, que no se resigna a la desocupación y a la pobreza, que está dispuesta a pelear por lo suyo, en el medio del teatro de una crisis social creciente que preocupa y llena de bronca. Y también muestra la decisión de una izquierda que se prepara para las peleas que se vienen.

Lo que pasa en los socavones de sus palacios

Entre tanta rosca y juego de tronos, ninguno de los partidos tradicionales cuestiona que el poder real lo detengan siempre las agroexportadoras y las multinacionales, acompañadas por instituciones vetustas. En ese sentido, al quedar proscripta la izquierda, las eleciones del 16 de junio son las “PASO” de los partidos de los poderosos.

La centroizquierda, incluida aquella que emergió como un grito de crítica a los partidos tradicionales, se enreda en la búsqueda de alianzas con los partidos que gobernaron y gobiernan para “ellos”. Eso es lo que se vio en el fallido intento de subordinarse a Bielsa por parte de Ciudad Futura y el Frente Social y Popular. Bielsa, profecía autocumplida, terminó bendiciendo al sojero Perotti.

Todo el régimen electoral, judicial y político de Santa Fe está organizado para defender esos intereses sociales de una minoría social, buscando doblegar el surgimiento de una izquierda que lo ponga en cuestión, y de una fuerza social de trabajadores, mujeres y jóvenes que no acepten los límites falsamente infranqueables que imponen los partidos “de los de arriba”.

Esos trabajadores que se ponen de pie, esas mujeres a la que esos partidos le dieron la espalda cuando pelearon por el derehco al aborto, esa juventud a la que le arrancan su futuro, esas miles de docentes que confiaron en el PS y hoy son empujados a salir a la calle en defensa de su salario, plantean la la posibilidad y la responsabilidad de que en cada una de esas peleas parciales, se fortalezca una izquierda de los trabajadores, las mujeres y los y las jóvenes, para que cuando se den choques de clases agudos, algo que sucederá más temprano que tarde, pueda jugar un rol y torcer la balanza a favor de los de abajo.

La pelea electoral que dimos contra el régimen proscriptivo y la que daremos contra los partidos del FMI en agosto y octubre, con Nicolás del Caño y el Frente de Izquierda, los locales que abrió el PTS para organizar trabajadores, mujeres y jóvenes, la extensión en la provincia, la participación decidida en las luchas de los trabajadores, apuntan a ello, a construir una izquierda que frente a los nuevos villazos y rosariazos, se prepare para vencer.

La bronca masiva que expresa la convocatoria del paro general del 29M, la resistencia de los jóvenes obreros en Electrolux, la persistencia del movimiento de mujeres que se vio en el pañuelazo del 28M y la juventud que se puso de pie en 2018 señalan la fuerza social para desde la cual construir una alternativa independiente con un programa propio ante la crisis. Con el impulso de comités de base y con la organización de cientos de colaboradores que nos ayuden a difundir las ideas del Frente de Izquierda en las redes sociales y en lugares de trabajo, de estudio y en los barrios, nos proponemos seguir organizando esa fuerza y redoblar nuestras fuerzas para esta pelea.

 
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