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17 de junio de 2019 Twitter Faceboock

CONGRESO NACIONAL
¿Qué hacen los diputados que cobran más de $ 150.000 por mes?

En lo que va de 2019, la Cámara Baja solo se reunió dos veces para votar leyes, la mayoría a favor de los grandes empresarios. Los legisladores de la izquierda cobran como un docente y aportan la diferencia a luchas del pueblo trabajador.

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Mientras para millones de trabajadores y trabajadoras la realidad cotidiana son los tarifazos, los despidos y la caída del salario, los referentes y candidatos de los partidos tradicionales se entregan a una negociación descontrolada por cargos y lugares en las listas de cara a las próximas elecciones. Vemos un festival de pases y panquequismo sin límites.

En ese marco, no está de más mirar un poco hacia el Congreso, donde se supone que irán a parar muchos de esos “representantes del pueblo” si son elegidos. El funcionamiento de las cámaras parlamentarias da una imagen elocuente de lo que hacen y son los legisladores y las legisladores de las fuerzas políticas mayoritarias.

En lo que va del año, en la Cámara de Diputados solo hubo dos sesiones destinadas a discutir y aprobar proyectos. Mientras cualquier trabajador o trabajadora acumula por lo menos 150 jornadas laborales, sus supuestos representantes sesionaron apenas en un par de ocasiones, a la que hay que sumar la visita-circo que hace Marcos Peña de vez en cuando.

La cosa no termina allí. Una de estas sesiones se destinó a sancionar la Ley de financiamiento privado de los partidos políticos. La norma, que blanquea el aporte de las empresas a las campañas electorales, se aprobó con los votos de Cambiemos, del Frente Renovador y el peronismo federal. Como ya se sabe, el Frente de Izquierda la rechazó en el recinto, denunciándola además ante la justicia.

En la otra sesión, la principal apuesta del oficialismo fue hacer votar la llamada ley de “economía del conocimiento”. Se trata, para decirlo sencillo, de un paquete de beneficios para empresas como Mercado Libre, que pertenece a Marcos Galperín, un millonario amigo del presidente.

La norma implica regalarle plata del Estado a las empresas. Mientras se ajusta la salud y la educación en función del pago a los acreedores internacionales, se usan fondo públicos para beneficiar a grandes capitalistas como Galperín.

Salvo el Frente de Izquierda, esta ley fue votada por todas las fuerzas políticas. Hasta el kirchnerismo, que algunas veces habla en contra de “las corporaciones”, levantó la mano para seguir acrecentando las ganancias de esas patronales.

Dos sesiones, dos leyes a la medida de las empresas y los políticos que se financian con ellas. En el país donde la mitad de los niños son pobres, la Cámara de Diputados solo se reúne para votar a favor de los capitalistas.

A esta pintura le falta una pincelada. Hoy un diputado nacional cobra una dieta de $ 150 mil de bolsillo, sin contar lo que se lleva por desarraigo o lo que obtiene del canje de pasajes por dinero, que eleva la cifra a cerca de 200 mil. Hay un abismo entre lo que reciben los llamado representantes del pueblo y ese mismo pueblo. A fines de 2018, según la Encuesta Permanente de Hogares del Indec, el promedio de ingresos entre los asalariados era de $ 19.299. Un diputado cobra al menos 8 veces más.

Se trata de una casta que, sirviendo los intereses de los grandes empresarios, cobra suculentas dietas y no tiene idea de lo que significa ajustarse para llegar a fin de mes, viajar en transporte público o atender a sus hijos en la guardia de un hospital público.

No todo es rosca y negocio

Desde que llegaron al Congreso y a las legislaturas provinciales, las y los legisladores de izquierda cobran lo mismo que una maestra. El resto de la dieta se aporta a causas populares y a fondos de lucha de trabajadoras y trabajadores en conflicto.

Sólo en 2018 y lo que va de 2019 se aportó desde las bancas del PTS-FIT más de 1 millón de pesos a diferentes fondos de lucha. De esos aportes pueden dar constancia trabajadores del Ingenio La Esperanza (Jujuy), el Hospital Posadas, la UEP de La Plata, Fanazul, Aceiteros, la agencia Télam, docentes de Chubut y Neuquén, municipales de Quilmes, Radio Nacional, de Metrovias, despedidos de Vialidad Nacional y el INTI, así como también en fábricas como Stockl, Canale, Stani y SIAM, entre otros.

Desde las bancas de la izquierda también se hicieron aportes a los fondos de lucha de trabajadoras y trabajadores despedidos de Clarín, Coca-Cola, Loma Negra, ALBA, Electrolux, así como a la gestión obrera en Zanon y a los choferes de la Línea Este de La Plata, hoy injustamente detenidos.

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Desde la izquierda también se aportó a las movilizaciones convocadas por Ni Una Menos, por el derecho al aborto y a los Encuentros Nacionales de Mujeres.

Los diputados del FIT son un ejemplo de que no todo es rosca y negocio en la política. En el Congreso Nacional rechazan todos los privilegios con los que cuentan los legisladores. Además denunciaron cada uno de los famosos “dietazos”, donde los integrantes de las Cámaras legislativas se aumentan sus jugosas dietas, sin consultar con nadie.

El apoyo a las luchas no pasa solo por el aporte económico. Desde el ingreso del Frente de Izquierda a la Cámara Baja (2013), sus legisladores han marcado una diferencia notoria, poniendo sus bancas a disposición de las luchas del pueblo trabajador, de las mujeres, de los jóvenes, de los reclamos contra la destrucción del medio ambiente, entre muchos otros.

Ese protagonismo activo resiste cualquier archivo. Sobran las imágenes de Nicolás del Caño, Myriam Bregman, Romina del Plá, Nathalia González Seligra o Néstor Pitrola apoyando movilizaciones o reclamos de sectores populares. Sobran las imágenes, también, de varios de ellos siendo reprimidos por las fuerzas policiales, sea bajo el macrismo o bajo el kirchnerismo.

Política de otra clase

En 2014, a poco de haber asumido como diputado nacional, Nicolás del Caño presentó un proyecto que proponía la igualación de las dietas y haberes de legisladores y funcionarios con el salario de una maestra. Como ese proyecto nunca fue tratado, ni siquiera en comisión, se volvió a presentar con Myriam Bregman y también con Nathalia González Seligra en los años posteriores. Insistidores los del FIT.

“Somos trabajadores y trabajadoras que hacemos política para nuestra clase. Por eso decidimos cobrar como un docente, logrando que nuestra consigna sea un ejemplo nacional”, argumentan desde la izquierda. El planteo que ataca los privilegios va directamente contra esa casta política sirviente de los grandes empresarios. Sigue cajoneado el proyecto de ley.

Otro hecho demuestra que para la izquierda las bancas son un puesto de lucha y no un lugar para atonillarse a los privilegios: el FIT es el único espacio donde existe rotación entre las distintas fuerzas que lo componen. Nadie se atornilla en su cargo o busca mantenerse eternamente.

Esto implica también que, cuando se termina el mandato, quienes ejercieron el cargo vuelven a sus puestos de lucha y trabajo. Así lo hizo recientemente Nathalia González Seligra, quien tras renunciar a su banca para que suma otra compañera del FIT, volvió a dar clases en La Matanza y a su lugar de lucha en el Suteba de ese distrito. O Raúl Godoy, en Neuquén, que luego se ser diputado provincial volvió a trabajar en la cerámica FasinPAT, ex-Zanon. Y ejemplos hay de sobra.

Los diputados y diputadas de izquierda son la contracara de la política que hacen macristas, peronistas y kirchneristas. Más allá de las diferencias discursivas, todos estos espacios tienen acuerdo en seguir gobernando y votando leyes al servicio del gran capital. Macri, Urtubey, Alberto Fernández y Lavagna ya aseguraron que, si llegan al poder, continuará la tutela del FMI sobre el país. Eso solo puede traducirse en mayor ajuste contra las mayorías populares.

El Frente de Izquierda hace política de otra clase. Una política desde los intereses de la clase trabajadora y los sectores populares. Contra los candidatos que se proponen ser gerenciadores del poder de los grandes capitalistas, la izquierda apunta a que sean los trabajadores, las mujeres y la juventud quienes tomen la política en sus manos para trabajar por un cambio de raíz. Para terminar con el país de los empresarios que se la llevan en pala mientras más de la mitad de las niñas y niños y las y los jubilados son pobres. Esa es la realidad que queremos invertir haciendo politica de otra clase.

 
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