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La Izquierda Diario
21 de junio de 2019 Twitter Faceboock

PROTESTAS SIN PRECEDENTES EN HONG KONG
Por primera vez, Xi Jinping retrocede frente a la presión de la calle
Juan Chingo

El movimiento democrático en Hong Kong obtuvo una gran victoria durante el fin de semana pasado, al obligar a la jefa de Gobierno a suspender los planes para la extradición de sus ciudadanos a China continental.

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La suspensión de la ley de extradición por parte de la jefa de Gobierno de Hong Kong, Carrie Lam, fue una gran victoria del movimiento democrático de ese territorio. Luego de las movilizaciones multitudinarias de la semana pasada Lam se vio obligada a suspender los planes para promulgar una ley que habría permitido la extradición de sus ciudadanos a China continental.

Recordemos que el líder chino Xi Jinping, no había hecho la menor concesión después de la “revolución de los paraguas” en 2014, que había paralizado el centro de la excolonia británica durante más de dos meses para exigir una elección democrática de las autoridades del territorio semiautónomo. Más aún, en 2017 había prevenido a los hongkoneses que toda tentativa de desafiar a la autoridad del gobierno central sería cruzar una línea roja. Ante la enorme oposición de la población, y también de los empresarios locales, así como la creciente crítica internacional, especialmente las amenazas de Estados Unidos; Pekín pidió a Carrie Lam que abandonara por el momento el proyecto. Lam, profundamente debilitada, se ha disculpado con la esperanza de que la creciente multitud, estimada en más de dos millones de personas, volviera a casa, cuestión que no ha logrado al tiempo que escribimos este artículo.

La creciente absorción de Hong Kong por Pekín

Hong Kong es hoy uno de los centros financieros más importantes del mundo, uno de los principales puertos del mundo para el tráfico de contenedores y la cabeza de puente de la República Popular hacia el oeste a nivel político. Según el modelo de "un país, dos sistemas" vigente hasta 2047, disfruta de un estatus político, económico y social especial, a la occidental, que comparado con el régimen de partido único de la República Popular otorga a sus ciudadanos mayores derechos, incluyendo por ejemplo el libre acceso a internet.

Este esquema ha permitido a China continental beneficiarse del consenso de los empresarios y sectores profesionales más importantes de la excolonia. Pero la autonomía es cada vez más estrecha. La existencia de un verdadero régimen democrático pondría en peligro la supremacía del PCCh y por ende la estabilidad del país. Es así, que la derrota de la “revolución de los paraguas” ha impedido que las autoridades de este territorio especial sean elegidas mediante el sufragio universal como era la demanda del movimiento.

Para liquidar hasta el final las aspiraciones democráticas de la población, Pekín ha recurrido a dos estrategias de largo plazo. La primera concierne a la intensificación de la integración económica y de infraestructura del área más amplia de la bahía del delta del río Perla, que consiste en Hong Kong, Macao y nueve ciudades de Guangdong (Guangzhou, Shenzhen, Zhuhai, Foshan, Zhongshan, Dongguan, Huizhou, Jiangmen y Zhaoqing). La aglomeración debería competir con los principales centros tecnológicos extranjeros y apoyar el plan Made in China 2025, con el cual la República Popular desea montar en alta gama a nivel industrial.

Por su parte, la integración de la infraestructura facilita la transferencia de los residentes de Hong Kong a China continental. Ya 50.0000 personas han renunciado a los beneficios de Hong Kong, atraídos por propiedades más baratas y más amplias de ésta última. En sentido inverso, las inversiones de los chinos ricos de la República Popular China en el puerto también están aumentando. Ambos movimientos, podrían eventualmente debilitar el sentido de pertenencia a la ciudad y fortalecer la soberanía de Pekín sobre ella, o al menos esta es la apuesta de la burocracia del PCCh. La segunda estrategia es relanzar a Hong Kong como un centro financiero bajo la iniciativa “Belt and Road” (B&R), la iniciativa de infraestructura y negocios promovida por Xi Jinping para aumentar las conexiones entre la República Popular y Eurasia.

El consenso de la élite económica local depende de la prosperidad de la región. De ahí la necesidad de garantizar a Hong Kong el estatus de “gran conexión” entre China y el resto del mundo. Hay que tener en cuenta que aunque la importancia del mismo ha disminuido como consecuencia de la integración de las ciudades de China continental en la economía mundial, los “privilegios” de los que aún goza (negociar con reglas más flexibles, absorber el capital extranjero de diferentes maneras y permitir el movimiento de ciudadanos extranjeros esenciales con mayor facilidades que China) lo convierten en un puente necesario entre China y el mundo, y perderla significaría perder un canal crítico para interactuar con la economía global. Pero si la burocracia china busca utilizar estos lazos a su favor, el capital internacional todavía ejerce una enorme influencia allí. Algunas de sus instituciones recicladas de los tiempos de la colonia, buscan o pueden servir para disciplinar al Estado chino y sus capitales en el sentido de una mayor liberalización como demanda el capital occidental.

En este marco, la fuerte oposición de los principales grandes capitalistas a la ley de extradición, lo que amenazaba con la estabilidad capitalista de la gran colonia fue un fuerte llamado de atención a Xi Jinping. Hasta el día de hoy, las pugnas entre unos y otros eran parte de una lucha de poder que se daba entre bambalinas. La aceleración de las prerrogativas de Pekín, abrió una brecha en la alianza del gobierno chino con los grandes capitalistas y una parte central de la clase media, alianza que viene gobernando Hong Kong desde la devolución al dominio chino desde 1997. Si el interés de los principales grupos locales como beneficiarios del desarrollo capitalista de Hong Kong es proclive al status quo, la consolidación del control de Pekín beneficiará al Estado y a los capitalistas chinos, pero no servirá en lo más mínimo a los intereses de las masas trabajadoras chinas.

Las protestas más grandes en la historia de la excolonia

Las movilizaciones actuales superaron ampliamente a las de 2014, siendo las más grandes en la historia de la excolonia. Las mismas son una continuación de ciertos rasgos de la “revolución de los paraguas” así como de su radicalización. De esto dan cuenta varios activistas y académicos.

El activista y analista Au Loong Yu plantea que: “En este movimiento de 2019, estamos presenciando la continuación de una tendencia ya muy visible en 2014, a saber, el fuerte sentimiento a favor de acciones descentralizadas y sin líderes. La revolución de la comunicación hace que la coordinación sea mucho más fácil ahora y que una organización rígida sea menos necesaria. Sin embargo, existe una especie de fetichismo de la espontaneidad entre los jóvenes activistas. Muchos simplemente ven la organización como superflua o necesariamente autoritaria. Incluso el relativamente nuevo Demosistō, fundado y dirigido por Joshua Wong (un activista de veintidós años que llegó a la fama durante la Revolución de los paraguas), parece no ser lo suficientemente atractivo para los jóvenes actuales. Hoy cualquiera puede ser un líder temporal y pedir acciones radicales sin sopesar los pros y los contras".

Por su parte, para Chun-Wing Lee, miembro del grupo socialista Left 21 y editor de The Owl: “El aumento del localismo y la desconfianza de las organizaciones, desde mi punto de vista, son las principales consecuencias negativas del Movimiento de los paraguas. Pero la experiencia de confrontar a la policía en las calles en 2014 claramente empoderó a muchos activistas, y más personas se han vuelto receptivas a las acciones radicales en las calles. Sin este cambio, que es en parte un legado del movimiento de los paraguas, los manifestantes probablemente no habrían podido ocupar el área fuera del Consejo Legislativo, forzando la cancelación de la reunión en ese consejo”.

Mas alejado ideológicamente que los anteriores, el corresponsal del diario francés Le Figaro hace la misma constatación : “Sin un líder, el movimiento se apoya sobre el poder horizontal de las redes sociales, incluyendo a la mensajería encriptada Telegram para compartir las informaciones y desplegarse, para ganarle de mano a la Policía. Una batalla high-tech tomada en serio por los hackers de Pekín quienes lanzaron un ataque sin precedentes contra la aplicación este miércoles, cuando los estudiantes rodeaban el edificio del consejo legislativo a fin de bloquear el tratamiento del rechazado texto. Una acción determinada que provocó una fuerte respuesta de parte de la Policía a golpes de gases lacrimógenos y de balas de goma. Una violencia poco común en esta ciudad que dejó conmocionado al establishment, hasta en el corazón del poder, alimentando al miedo de de un desenlace mortal. Este fuerte respuesta contrasta con el pacifismo defendido por los líderes del “movimiento de los paraguas”... Los “paraguas” se endurecieron, sellando entre bastidores la reconciliación entre ‘localistas’ partidarios de los métodos de choque que habían desplegado durante las manifestaciones en 2016, y el corazón pacifista del movimiento. ‘Decidimos dejar de criticarnos mutuamente. Somos complementarios. Cuando se trata de enfrentarse a la Policía, se ponen en primera linea. Mientras tanto, nosotros llevamos a cabo acciones de apertura para extendernos en la opinión”, explica Poly”.

En este marco, la ausencia del menor organismo de auto organización como consecuencia del culto a la espontaneidad, impide una discusión democrática de los objetivos y acciones del movimiento, así como su capacidad de luchar contra los provocadores tanto del gobierno de Hong Kong como de Pekín. La acción sobre el parlamento que ni siquiera estaba sesionando tenia evidentemente un carácter aventurero, y fue lo que desencadenó la brutal represión; pero lo sorprendente de ésta acción radical es que fue bien recibida por la gran mayoría de las masas por primera vez en décadas. El disgusto contra la Policía también se generalizó. Mas en general estamos asistiendo al nacimiento de una nueva generación política que se politiza y radicaliza a pasos agigantados. Como dice Au Loong Yu : “La generación de los paraguas representa una ruptura con la generación anterior en términos de identidad cultural: ahora es más probable que se identifiquen como chinos de Hong Kong que chinos, y detrás de esto está el vínculo emocional con Hong Kong, del cual carece la generación anterior. Lo que hace que la generación de los paraguas sea especial es que comenzaron a desarrollar tales compromisos y se politizaron cuando el gobierno rechazó su demanda de sufragio universal. Este año, el proyecto de ley de extradición de China politizó aún más a una generación más joven. Recuerdo que en el último día del movimiento de los paraguas, la gente colgó una enorme pancarta que decía: ‘Volveremos’. Esta profecía se hizo realidad".

Detrás la movilización democrática, un temor social y existencial creciente

La llegada masiva de habitantes provenientes de China continental ha modificado profundamente la estructura sociológica de la población. Muchos chinos ricos compran bienes raíces en Hong Kong para obtener un permiso de residencia y un pasaporte que les permite viajar sin visa a Occidente. Hoy, al menos uno de cada siete personas de Hong Kong nació en China continental. Todos estos movimientos han profundizado la desigualdad social ya presente en el territorio. Como dice Frédéric Lemaître, corresponsal en Pekin de Le Monde: “La adquisición de una vivienda se hace imposible para los hijos de la clase media. Contrariamente a lo que deja pensar el paisaje encantador de la bahía de Hong Kong, la vida es a menudo difícil y el futuro, tanto política como económicamente parece sombrío para muchos de sus habitantes. La crisis que vive Hong Kong es, entonces, bien existencial”. Es que estos no tienen los mismos medios que las clases altas para buscar soluciones por fuera del territorio disponiendo, por ejemplo, de un segundo pasaporte. El activista socialista antes citado confirma esta situación: “…la clase media más joven, especialmente los profesionales, se ha vuelto bastante descontenta con el gobierno. Si bien el temor de que el estilo de vida relativamente liberal en Hong Kong esté bajo amenaza es una razón importante, es innegable que el aumento de los costos de vida, especialmente la vivienda, es otro factor. Desde 2003, el gobierno chino ha tratado de estabilizar esta alianza aumentando los valores de los activos en Hong Kong. El capital de China continental es una de las causas del crecimiento del mercado inmobiliario y del mercado de valores. Pero esta estrategia de gobierno claramente ha resultado contraproducente, ya que cada vez es más difícil para los jóvenes comprar sus propias casas. La joven clase media y los estudiantes se han convertido en la piedra angular de las fuerzas de oposición en Hong Kong”.

Dicho esto, hay un importante límite de clase en el movimiento actual. Como dice Au Loong Yu: “La movilización callejera contra el proyecto de ley de extradición de China es de lo que se ocupan principalmente. Sin embargo, si no pueden desarrollar su política de forma democrática y orientada a la izquierda y superar su fragmentación, es posible que no puedan consolidarse en una fuerte fuerza progresista. En segundo lugar, el énfasis en las acciones orientadas a los medios, un legado de los pan-demócratas [alineación política en Hong Kong que apoya el sufragio universal del Jefe Ejecutivo y el Consejo Legislativo], todavía domina en gran medida entre los jóvenes activistas, al punto que no solo se descuidan los esfuerzos organizativos a largo plazo, sino que también existe una indiferencia hacia la situación de los trabajadores. Muchas personas ahora llaman a los trabajadores a la huelga, pero esto no ha tenido éxito. Simplemente tratan a los trabajadores como una especie de comida rápida; todo lo que se necesita es hacer un pedido y el camarero lo entregará de inmediato. La trayectoria histórica de Hong Kong hace que sea una ciudad hostil hacia los valores de solidaridad, fraternidad e igualdad. Una cultura social darwiniana, el resultado de ser un puerto franco durante más de 150 años, ha penetrado tanto en la población que es difícil que las fuerzas de la izquierda crezcan. Para que esto suceda, los jóvenes activistas deberán comenzar a abordar el problema de la clase.”

Hong Kong: una "piedra en el zapato" bonapartista de Xi

Desde el punto de vista del movimiento de masas las contradicciones son importantes, y las autoridades de Pekín no la tienen para nada fácil. Contra la visión interesada de sus líderes que transpiran un nacionalismo exultante, China hoy está en una posición muy diferente a la de hace una década. La crisis mundial de 2008 debilitó la posición de China como exportador. Desde entonces, se ha esforzado por aumentar el consumo interno, controlar su sistema financiero y gestionar un crecimiento más lento sin crear una crisis política y social mayor. La acumulación de poderes y los cambios de las reglas de sucesión -lo que le permite gobernar indefinidamente- han transformado a Xi Jinping en el dirigente con más poder y mayor capacidad para imponer su voluntad que cualquier otro líder chino desde Deng Xiaoping. Pero el bonapartismo a la china es una expresión de la dura transición que tiene por delante en los próximos años, en la que se va a haber obligado a tomar una serie de decisiones difíciles frente a la acumulación desenfrenada de deuda interna que van a ponerlo a prueba, así como al rol de China en el mundo.

Visto desde este ángulo, las masivas movilizaciones de los hongkoneses son la primera reacción significativa a su giro autoritario desde su llegada al poder en 2012. Constituyen "una piedra en el zapato" para el bonapartismo de Xi. Como plantea Willy Lam, de la Université chinoise de Hong Kong: “Xi Jinping trata de proyectar la imagen de un supernacionalista. El caso Hong Kong desgasta esa imagen, el dirigente de 1.4 mil millones de chinos no puede controlar un territorio de 7 millones de habitantes”. Por su parte, los eventos en Hong Kong son prometedores para la presidenta del Partido Demócrata Progresista, Tsai Ing-wen, en su intento de reelección el próximo año en Taiwán. Ante la ausencia de alternativa de clase, éste partido es considerado por una parte importante de la población como un mal menor y su candidata - la actual presidente- es vista como la persona más viable para resistir a China. Este partido burgués experimentó una derrota masiva en las elecciones municipales como consecuencia de su política anti obrera desde que asumió el poder, pero los variantes populistas de derecha como Han Kuo-yu y el CEO de Foxconn, Terry Guo, ambos considerados como extremadamente pro-China y altamente preferidos por el PCCh, están perdiendo terreno. Una segunda victoria electoral del PDP significaría otra derrota para la estrategia de las autoridades de Pekín hacia Taiwán.

En lo inmediato y frente a la crucial negociación comercial de la próxima cumbre del G20 en Japón, los inesperados eventos de Hong Kong debilitan la posición china en su “guerra comercial” con los EE. UU. El nuevo uso de la bandera de los derechos humanos así como las concesiones económicas de los EE. UU. a éste territorio en la medida que mantenga el estatus actual, han sido blandidas por la administración Trump como nuevas amenazas frente a un poder chino crecientemente agobiado. Volviendo a Hong Kong, es la crisis política más grande desde la devolución a China, y está lejos de estar cerrada. Pekín no puede permitir que la victoria parcial de los manifestantes sienta un peligroso precedente al demostrar que una movilización masiva lo suficientemente grande puede hacer retroceder al gigante asiático. En Hong Kong, las masas envalentonadas quieren llevarse puesto al gobierno.

Si a pesar de la suspensión de la ley, la radicalización no se detiene como esperan las autoridades hongkonesas y chinas, Pekín podría inclinarse a una salida fuertemente represiva, con consecuencias impredecibles tanto a nivel local, en China y a nivel internacional. La reivindicación abierta de la masacre de la Plaza Tian’anmen a 30 años de su aniversario dejan pocas dudas de la probable actitud de las autoridades chinas. Pero en ese momento, Occidente de hecho miró para otro lado interesado en la apertura comercial china. En el nuevo contexto geopolítico de rivalidad estratégica entre Washington y Pekín las ecuaciones evidentemente no serían las mismas. Una estrategia obrera independiente deberá abrirse paso en el medio de todas estas contradicciones e intereses en juego. La conjunción entre la resolución de la cuestión de clase en la movilización de las masas hongkonesas, con el despertar obrero y democrático de las masas chinas frente al block out mediático de Pekín, será la única salida progresiva.

 
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