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16 de julio de 2019 Twitter Faceboock

¿MAL MENOR?
El “marxismo” patronal de Kicillof: su contribución a Rocca como directivo de Siderar
Hugo Sivori | Trabajador Siderar

Foto archivo DyN

Quien fuera un estudiante “independiente” en los 90, como ministro de Economía ocupó un lugar en el directorio en la empresa de Techint, auspiciado por Julio De Vido. Su paso con pena y sin gloria para los trabajadores metalúrgicos.

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Para hacer un poco de historia sobre el precandidato a gobernador bonaerense del Frente de Todos Axel Kicillof, habría que empezar diciendo que el joven economista recibido en los 90 en la Universidad de Buenos Aires fue un activo integrante de la agrupación estudiantil TNT, inicialmente impulsada con el objetivo de disputarle el control universitario la Franja Morada.

Ya como economista estrella del gobierno kirchnerista comenzaba a hacer sus primeras armas en cada empresa privatizada bajo el menemismo: como director de YPF fue parte de quiénes impulsaron la transferencia de más de U$S 8 mil millones a Repsol, como "compensación" tras la expropiación, luego de encargarse de vaciar los pozos descubiertos por la empresa estatal.

Cuando la participación del 25,98 % accionario de las AFJP pasó al Estado comenzó a darse una puja con el grupo Techint de Paolo Rocca, particularmente sobre Siderar (ex empresa estatal Somisa) y Aluar.

La política K y la familia Rocca

El holding empresarial, comandado por el hombre más rico de la Argentina con un patrimonio que asciende a los U$S 8 mil millones, había multiplicado sus riquezas por la indemnización conquistada con la intervención directa de Néstor Kirchner ante el presidente venezolano Hugo Chávez por Sidor. U$S 1.970 millones recibiría el holding, de los U$S 1.630 millones de valor real por el 60 % de las acciones de la acería venezolana.

Parte del excedente sería para comprar voluntades, como confesó recientemente el director de Techint Luis Betnaza: el grupo tuvo que pagar coimas para llegar a esta indemnización. Por esta causa el empresario fue definitivamente sobreseído.

El ingreso de un representante del Estado

La entrada de un representante del Estado a Siderar llevó a arduas negociaciones. El gobierno de CFK, con Julio De Vido a la cabeza, presionaba por el ingreso de Axel Kicillof en el directorio de la empresa, a la vez que Techint lo hacía desde su posición monopólica en el mercado de acero plano para conseguir el subsidio por la instalación de la máquina de colada continua nueva.

En ese momento frenó el inicio de las obras bajo la amenaza de despidos y no continuar con las inversiones y que hasta ahí se encontraban paralizadas, mientras reclamaba mayor competitividad.

Ya por entonces Rocca tenía peso en las decisiones económicas. En 2002 fue uno de los impulsores de la salida de la convertibilidad. Desde hacía tiempo estaban entre las patronales que la "juntaban en pala". Tanto que le alcanzó para comprar acerías en Brasil, México y EEUU.

Finalmente el Gobierno logró ganar la pulseada y el representante por parte del Estado en el directorio pasaba a ser el joven Axel.

La contraparte de la negociación fue el aporte estatal de U$S 480 millones de inversión total, U$S 190 millones para la nueva máquina de colada continua y la planta de sulfurado al vacío inaugurada por la entonces presidenta.

La entrada del “marxista” al directorio de Siderar como representante del Estado sumaría además la de un representante gremial, Francisco Cudos, como accionista del Programa de Propiedad Participada administrado por ISA.

Acciones pertenecientes en un mínimo porcentaje a trabajadores

El paso de Kicillof por el holding Techint fue, en definitiva, una ventaja para la familia Rocca. Consiguió todo lo que venía reclamando con los subsidios por U$S 480 millones de inversión, a cambio de un puesto en el directorio donde el Estado no tenía voto en las decisiones. Un negocio redondo por donde se lo mire.

Los trabajadores no recibían ningún beneficio de parte de la participación del Estado. Pero sí se extendió un avance sobre el salario con el acuerdo de lo que se dio en llamar “paritarias libres” con la burocracia sindical, donde siempre se imponía un techo por debajo de la inflación y la implementación del pago desdoblado del acuerdo paritario por primera vez, que evitaba los retroactivos y licuaba los aguinaldos.

El impuesto a las ganancias con el mínimo no imponible, sumado al descuento de cargas sociales como salario familiar, nacimiento y casamiento, fueron conquistas históricas que se fueron perdiendo paulatinamente.

Las tercerizaciones y el trabajo precario en las contratistas se siguieron profundizando, los contratos por un mes, las muertes y mutilaciones por “accidentes laborales” marcaban claramente los ritmos de producción. La meta era alcanzar 4 millones de toneladas de acero a como dé lugar.

La entrada del economista estrella del kirchnerismo no significó nada que pudiera estar en los intereses de los trabajadores. No se cuestionó nada con respecto a las leyes laborales del menemismo y la Alianza, que permitieron las tercerizaciones y los contratos basura.

De hecho, se redobló el aumento en la rentabilidad de la empresa con las ganancias fabulosas de las exportaciones. Ya por entonces CFK les reprochaba en sus discursos que se vivían quejando siendo que con su gobierno “la juntaron en pala”.

Como vemos, Axel Kicillof no tiene ni un pelo de marxista y sí mucho de patronal.

 
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