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La Izquierda Diario
16 de septiembre de 2019 Twitter Faceboock

EL CIRCULO ROJO
Periodismo militante
Fernando Rosso | @RossoFer

Algunas reflexiones sobre el periodismo, a propósito de un nuevo aniversario de La Izquierda Diario en el editorial de “El Círculo Rojo”, programa de LID que se emite todos los domingos de 22 a 24 hs. por Radio Con Vos, 89.9

Link: https://www.laizquierdadiario.com/Periodismo-militante-138307
  •  La Izquierda Diario cumple cinco años este lunes 16 y es una buena oportunidad para reflexionar, una vez más, sobre el periodismo. Para hacer una reflexión crítica del periodismo.

  •  Primero, lo más básico y elemental: las condiciones de producción de las empresas periodísticas y su reverso, la situación laboral de quienes se desempeñan en los medios. El primer límite al periodismo libre es la dependencia de la lógica empresaria. Libertad de empresa no es lo mismo que libertad de prensa. Esa misma dependencia se puede aplicar al “periodismo de Estado”, condicionado por funcionarios públicos o gobiernos que influyen sobre las líneas editoriales, ya sea con la pauta oficial, u otros mecanismos. El espectáculo de salto en garrocha que presenciamos en estos días por el cambio de eje en el poder político es prueba suficiente de lo que estoy afirmando. El lado B, complementario de esta lógica son las condiciones de trabajo: los dueños de los medios quieren ganar lo más posible y tener el menor costo, y la mano de obra, como en toda industria, para ellos es un costo. La precarización laboral es la consecuencia. No pocos colegas vincularon los fallecimientos de periodistas como Diego Paruelo hace un tiempo y Marcelo Rodríguez más recientemente a la precarización laboral que, como dijo Alejandro Wall en su cuenta de Twitter: “Nos deja desnudos”. Por eso cuando se habla de “prensa capitalista” o el más antiguo, pero no menos válido, “prensa burguesa”, no necesariamente se hace un juicio de valor. Simplemente se describen condiciones de producción: existe ese tipo de prensa, como también existe una prensa sindical, cooperativa o militante.
  •  Tener en cuenta este aspecto es muy necesario, pero no es suficiente: la corrupción material, la compra y venta de las opiniones en el mercado de la palabra es un aspecto, no el único. Hay una dinámica intrínseca de la producción de la información, de la temporalidad periodística, del frenesí que antes era por el zapping, luego el rating (que sigue siendo) y ahora por el click que tiende a diluir la historia en la actualidad. El otro día en un canal de televisión hablaba con un periodista sobre lo difícil que es profundizar debates en ese ámbito y él me decía: “Es así, pero la televisión es esto. A veces tengo la cucaracha puesta y escucho como le dicen a tal conductor: ‘Indignate más que estamos bajando’”. La periodicidad empuja a confundir el hecho con el acontecimiento, la anécdota con lo importante. Karl Kraus, escritor y periodista austriaco, autor de un libro titulado “Contra los periodistas y otros contras”, tenía algunas definiciones provocativas, pero interesantes, sobre todo para cierto mainstream de este oficio. Decía cosas como que “el periodista piensa sin el placer del pensamiento” u otra muy graciosa: “No tener una idea y poder expresarla: eso hace el periodista”. Puede parecer una crítica elitista e indignar a ciertos comunicadores pero algo de verdad hay cuando el sociólogo crítico replica que el periodista hace sociología diaria sin las "reglas del método", hace política sin rendir cuentas a nadie o hace filosofía espontánea sin el arduo trabajo conceptual.
  •  En relación a la ubicación de parte del periodismo consagrado, el mismo Kraus: “Es significativo ver hasta qué punto los periodistas se hacen una idea modesta de su oficio cuando se les ataca, y con qué descaro se pavonean en tanto que sabiduría del mundo cuando se encomiendan a los lectores y creen estar a solas con ellos”. Un viejo dirigente radical, César “Chacho” Jaroslavsky, sentenció algo similar sobre Clarín: "Hay que cuidarse de ese diario, ataca como partido político y si uno le contesta, se defiende con la libertad de prensa”. Un texto titulado “Contribución a la crítica de la verdad periodística” de Claudio Uriarte, periodista que terminó un poco a la derecha, hace aportes muy interesantes en este mismo sentido.
  •  En tercer lugar, relacionado con esto último, y con aquello de no rendirle cuentas a nadie, surge la tercera cuestión: el tomar partido o el periodismo militante. Hace poco, en un pase el doctor Tartaglione me preguntaba sobre el periodismo militante, porque le generaba cierta desconfianza y le respondí un poco en serio un poco en broma: ¿hay periodismo no militante? Pero, la pregunta expresaba un sentido común construido: el militante estaría preso de algún prejuicio o de la repetición doctrinaria, en cambio el periodista, pongamos, profesional, estaría disponible o más capacitado para la percepción pura de lo nuevo y con mucho más perspicacia para las interpelaciones de la realidad. Tendría sobre el militante cierta superioridad que le otorga su equidistancia de los hechos. Falso de toda falsedad, porque la pregunta que se impone es ¿Periodismo, qué periodismo? ¿Militancia, qué militantismo? Dime a que causa responde y te diré qué es lo que muy probablemente intentará ocultar. También cuando se agota aquello de “Corea del centro” (hay que tener en cuenta todos los puntos de vista más o menos por igual, las dos campanas y etc.), aparecen otros lugares comunes del tipo "si una persona dice que llueve y otra que no, periodista no es el que le da un poco de razón a cada uno, sino el abre la ventana y comprueba si el agua está cayendo de arriba para abajo". Muy lindo, pero el otro día un alumno del posgrado del diario Perfil en la Universidad del Salvador, al que me invitaron a dar una charla, respondía bien a este “principio”: Depende adónde abrís la ventana, ¿y si llueve en Villa Crespo y no en Avellaneda? El ejemplo sirve por dos cuestiones: porque todo necesita un ejercicio crítico que es mucho más complejo que analizar “fría e imparcialmente” los hechos y porque todo necesita un punto de vista. Nosotros tenemos un punto de vista que, valga redundancia, está a la vista de todos; otros también lo tienen, pero si al poder no les gusta, tienen otros.
  •  La oposición entre el periodista profesional y el militante se ubica en otro lugar. El primero se conforma con interpretar de diversos modos el mundo y el segundo se esfuerza también por cambiarlo. Estos cinco años de La Izquierda Diario y todo esto tiempo de El Círculo Rojo nos han demostrado que tomar partido no es impedimento para hacer periodismo y hacer periodismo no es un obstáculo para tomar partido.

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