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La Izquierda Diario
21 de octubre de 2020 Twitter Faceboock

ENTREVISTA A RAQUEL VARELA
“El secreto de Portugal es una economía de bajos sueldos”
Josefina L. Martínez | @josefinamar14

Conversamos con la historiadora portuguesa Raquel Varela acerca de la situación actual del movimiento obrero en Portugal y sobre el gobierno de la llamada Jeringonza del Partido Socialista de António Costa.

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Raquel Varela es una historiadora portuguesa, profesora universitaria, investigadora de la Universidad Nueva de Lisboa y del Instituto Internacional de Historia Social de Ámsterdam. Se especializa en historia del trabajo, condiciones laborales, movimiento obrero e historia europea del siglo XX. Tiene varios libros publicados, entre los que destacan su historia de la revolución portuguesa (História do Povo na Revolução Portuguesa - 1974-75). De próxima aparición será una historia de Europa desde la Primera Guerra Mundial hasta la actualidad (A People’s History of Europe: From World War I to Today).

Tuvimos ocasión de entrevistar a Raquel Varela acerca de la revolución portuguesa. En esta ocasión, compartimos con los lectores una conversación acerca de la situación política en Portugal, las nuevas luchas obreras de sindicatos combativos que se han enfrentado al gobierno del socialista Costa, y el papel que viene jugando la izquierda portuguesa, el Bloco de Esquerda y el Partido Comunista de Portugal (PCP), garantizando apoyo parlamentario al gobierno supuestamente progresista.

En un artículo que escribiste para el diario portugués Público, dices que la crisis de hegemonía o crisis de representación, que está presente en varios países, tuvo una expresión particular en Portugal. ¿Cómo se expresó esto en las últimas elecciones?

La crisis de la representación política que estamos viviendo remite en primer lugar a una cuestión de autoridad. La gente tendría que poder decidir sustancialmente el rumbo de sus países, de sus vidas, para que concedan autoridad a una dirección. Cuando hablo de una crisis de autoridad, es porque lo que tenemos es poder, pero el poder cada vez utiliza más subterfugios, como la hipervalorizacion de los bancos centrales, del Eurogrupo, de la comisión europea, incluso una deriva bonapartista, con poderes crecientes en las capas superiores de la magistratura.

¿Cómo se verifica esto en Portugal? Por la vía de una masiva abstención. Un país que tuvo una participación electoral del 95% en 1974, hoy en cambio la mitad de los portugueses no van a votar, y no hay una realidad que muestre que los abstencionistas son los más ignorantes o apartados del sistema político. Hay un grado de abstención cada vez más alto que es una crítica. La gente no se reconoce en el modelo político. Esto se vio claro con la pérdida de la mayoría absoluta por parte del Partido Socialista. Con este gobierno que se dice de izquierda pero que mantiene un programa de austeridad y liberal, el Partido Socialista ha perdido la mayoría absoluta.

En mi opinión, esto ocurre porque ha sido durísimo con los sindicatos combativos, los enfermeros, los estibadores, los conductores de camiones de cargas peligrosas. Este gobierno ha sido muy duro y tiene menos respaldo social. Aunque tiene una primera minoría en el parlamento, eso no se corresponde con un apoyo social masivo.

El gobierno de Portugal es presentado como un ejemplo por diversos sectores, desde el nuevo gobierno de coalición en España (PSOE-Podemos) o el kirchnerismo en Argentina. Lo muestran como un gobierno progresista que habría conseguido implementar políticas sociales y al mismo tiempo desarrollar el crecimiento económico. ¿Pero esto es cierto?

Claro que no. Se creó una absoluta mitología —lo que es un retroceso para la sociología, la historia y la ciencia económica del país—. Todas las cifras muestran una caída real de los salarios y muestran la continuidad de la austeridad. Portugal sigue teniendo los mismos índices de pobreza. Aunque ahora la pobreza sea menor entre los desempleados —era peor con la Troika—, está creciendo más entre los empleados. ¿Por qué? Porque con el gobierno de la Jeringonza, el paro ha disminuido, pero el número de trabajadores que obtienen el salario mínimo se triplicó. Casi 800.000 portugueses ganan el salario mínimo, cuando antes de la troika eran 260.000. Lo que pasa es que como el salario medio está congelado, la mínima se está convirtiendo en la media. Este es otro problema gravísimo.

El gobierno ha salvado a tres bancos, siguen los perdones fiscales a las grandes empresas, no se ha hecho una auditoria de la deuda pública, se está asistiendo a una crisis gravísima en la educación y en el servicio nacional de salud que está siendo descapitalizado para pagar la deuda pública, que es de hecho privada.

Lo que consiguió este gobierno fue el apoyo del Bloco de Esquerda y el Partido Comunista, para mantener su representación parlamentaria en base a los sectores de izquierda más conservadores —sectores más inclinados a la democracia representativa y menos a los sindicatos combativos—. Lo que este gobierno logró fue horadar la base social del Bloco y del PCP, que perdieron varios miles de votos juntos.

¿Cuál ha sido el secreto de ese supuesto milagro económico en Portugal? ¿Medidas hábiles por parte del gobierno, o la utilización de la crisis económica y los ajustes anteriores?

No hay ningún secreto del milagro económico portugués. Lo que hubo es una recuperación económica mundial después de 2008, con las medidas contra cíclicas, y Portugal se transformó en un país donde el salario mínimo es cada vez más común, lo que favorece las exportaciones. También se transformó en un país de turismo, al punto que hoy en día una familia de trabajadores pobres o de sectores medios no pueden vivir en Lisboa o en Oporto a causa de la especulación inmobiliaria provocada por el turismo. Y por otro lado se ha vendido lo que quedaba de las empresas públicas lucrativas.

Entonces el secreto es que están transformando Portugal en una Florida de Europa y en un protectorado económico basado en los bajos sueldos, con consecuencias devastadoras para la clase obrera. La clase trabajadora en general, incluso los sectores calificados, como médicos, enseñanza, etc. están exhaustos, porque para conseguir vivir con los salarios bajos combinan sistemáticamente horas extra y doble jornada laboral.

Por fuera de Portugal se conoce poco acerca del extendido proceso huelguístico que ha tenido lugar en el último período en diferentes sectores de la clase obrera. ¿Qué destacarías de estas huelgas?

Lo que pasó es que el Partido Comunista apoyó al gobierno, y el gobierno no hizo cambios en la vida de los trabajadores, por lo que muchos sindicatos tradicionalmente dirigidos o influenciados por el Partido Comunista perdieron espacio de lucha. Y muchos sindicatos nuevos, o nuevas direcciones de viejos sindicatos, tomaron la delantera de luchas más características del período anterior a la segunda guerra mundial, hablando en general. Luchas con más características de conflictos de clase, no de concertación social.

Las luchas más importantes fueron la de los estibadores, los conductores de camiones y los enfermeros. Y el gobierno respondió con fuertísima represión, inaudita en Portugal desde los años 80. Ha patrocinado esquiroles en la huelga de los estibadores, ha impuesto una “requisición civil” a los enfermeros [la obligatoriedad por decreto de ir a trabajar] y una requisición militar a los camioneros que estaban luchando por aumento de salario (que es de 700 euros por un trabajo de 15 horas por día conduciendo). Eso fue lo más dramático.

Hay sectores que apoyan al gobierno que dicen que los sindicatos fueron tomados por la extrema derecha, lo que no es verdad. El único sector donde organizadamente tiene influencia la extrema derecha en Portugal, y recién después del gobierno de la Jeringonza, es la policía. Y este sector también estaba influenciado por el Partido Comunista antes de la Jeringonza y ahora es un sector donde hay alguna influencia de la extrema derecha. No en los otros sectores, que son sectores combativos, solidarios, que utilizan los fondos de huelga, y que merecen toda nuestra solidaridad.

Tú estás realizando un trabajo de investigación sobre las condiciones laborales de las enfermeras. Y justamente la huelga de este sector fue muy importante, crearon un fondo de lucha que llegó a recaudar más de 700.000 euros, y el gobierno quiso obligar a que se identificara a todos los donantes anónimos. ¿Qué destacarías de este proceso de lucha?

La huelga no logró ser victoriosa y no alcanzó sus objetivos. Pero no hubo una derrota histórica y mucha agua fluirá bajo el puente en los próximos años. Por otro lado, las enfermeras demostraron una capacidad de unión, una nueva forma de golpear y sirvió de ejemplo para otras clases. Es muy curioso que después de la huelga de las enfermeras, los profesores crearon un fondo de huelga idéntico, pero no lo hicieron público. Esto significa que hay muchos sectores que miran a las enfermeras como ejemplos de nuevas formas de lucha. Así lo demostró la huelga de enfermeras, contrariamente a lo que el presidente de la República llamó muy descuidadamente movimientos inorgánicos. La gente se presentó, organizó sitios web, fondos de huelga, vio sus vidas personales y profesionales indecentemente escudriñadas.

Desde la izquierda reformista, el Bloco de Esquerda y el PCP sostienen con apoyo parlamentario al Gobierno de Costa. ¿Cuáles es tu opinión?

Yo creo que con este apoyo a un gobierno que gobierna para el Eurogrupo, el Bloco de Esquerda y el Partido Comunista han perdido el respeto social entre los sectores más dinámicos, más organizados, y sobre todo más activos de las clases trabajadoras. Creo que el Bloco de Esquerda y el Partido Comunista deberían arriesgarse a tener menos diputados y más sindicatos, en vez de menos sindicatos y más diputados.

Creo que el cálculo electoral del Bloco y el PCP puede haber sido beneficioso a corto plazo, para complacer a su electorado, pero a medio plazo las políticas de la derecha llegan cuando no hay políticas de la izquierda para los trabajadores. Así que no tiene sentido agitar siempre el fantasma de la derecha para que apoye a un gobierno que, de hecho, como dice Perry Anderson, es un gobierno neoliberal de izquierda. La Jeringonza es esto.

Para terminar, como investigadora del movimiento obrero y la Revolución portuguesa de 1974-75, ¿qué lecciones de aquella gran gesta obrera destacarías para las nuevas generaciones de la clase trabajadora y la juventud hoy?

Lo extraordinario de la Revolución de los claveles es que la gente osó cambiar la vida con sus propias manos, puede parecer una frase un poco hecha, pero esa es la verdad. Gente que era muy pobre y estaba muy apartada de la política, con muy poca conciencia de clase, incluso también gente muy diferenciada y calificada, como funcionarios públicos, bancarios, médicos… Esta gente osó introducir un proceso de gestión colectiva, de dualidad de poder. Construyeron el Servicio Nacional de Salud, con ocupaciones y gestión democrática, construyeron escuelas con gestión colectiva, conquistaron leyes favorables al mundo del trabajo.

Lo más importante de la Revolución portuguesa es la idea de transformación, no solo de transformación de la sociedad, sino también del individuo, ya que el individuo cambió cuando cambio la sociedad. Es un proceso dialectico interesantísimo cómo la gente se volvió más autoconsciente, más libre, porque osó transformar la sociedad, y cuando estaba transformando la sociedad estaba cambiando para ser gente mejor, vivir mejor la vida, convirtiéndose en gente menos resignada al poder paternalista y tutelado.

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