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El “milagro portugués” de Kicillof dejó a la juventud tirada

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Te contamos quién se carga a los hombros el “modelo de crecimiento” que promociona el kirchnerismo. Las recetas de “empleo juvenil” que reivindica el FMI y todos siguen.

Lucho Aguilar

@lukoaguilar

Sábado 27 de abril | 13:00

Si tenés 20 años en Portugal tenés 3 o 4 veces más chances de estar desocupado que si sos adulto. Es casi seguro que vas a trabajar con un contrato temporal de menos de 6 meses y tu sueldo con suerte puede llegar a los 700 euros. Menos que el alquiler de un monoambiente en Lisboa. Por eso hasta los 29 años ni sueñes con irte de la casa de tus padres. Eso sí, Christine Lagarde acaba de decir que sos un buen ejemplo. No sabés si reír o llorar.

El “milagro portugués”

En los últimos meses el kirchnerismo viene tomando algunas de las medidas del gobierno “socialista” de Portugal como ejemplo a seguir. El equipo de Axel Kicillof hizo trascender en los medios, tras la degustación de bizcochitos con los enviados del FMI, que “Portugal es un modelo de salida con crecimiento”.

Desde La Izquierda Diario ya resumimos el caso portugués. En 2011 el país entró en un programa de asistencia financiera creado por el FMI y el Banco Central Europeo. “Fueron 4 años de austeridad y recesión hasta que en noviembre de 2015 el Partido Socialista formó un gobierno de coalición encabezado por Antonio Costa, quien asumió prometiendo ‘acabar con la austeridad para reactivar la economía’”. Negoció nuevas condiciones con el Fondo y Portugal estaría saliendo de la recesión, según sus promotores.

Para contar la historia completa, hay que aclarar al menos tres cosas.

La primera es que una de las recetas de Costa fue, justamente, gobernar sobre tierra arrasada, sosteniendo gran parte de las medidas de austeridad impuestas por los conservadores. Una de las principales fue la reforma laboral que facilitó los mecanismos para que las empresas echen trabajadores, redujo los pagos por horas extra y los días de vacaciones, recortó el tiempo de subsidio de desempleo y endureció las condiciones para cobrarlo, implementó un esquema similar al banco de horas para que las empresas te utilicen cuando te necesitan y recortó el alcance de la negociación colectiva. Así logró aumentar las ganancias empresarias y tentó a nuevos inversores: con esas condiciones, llegaron multinacionales exportadoras y de servicios como los call centers. Pero la industria turística es la gran impulsora del “crecimiento”.

La segunda es que gran parte de la clase trabajadora no estaría muy segura de esto del milagro. 2019 promete superar el récord de huelgas realizadas en 2018, que superaron las 260. Ya alcanza los niveles de 2015, el pico de la crisis y las protestas contra el anterior gobierno conservador. Los dirigentes sindicales, muy tibios en las acciones, explicaron que los trabajadores paran contra la continuidad de la reforma laboral, los bajos salarios y el congelamiento de los gastos sociales. El gobierno socialista destinó a salud pública el menor presupuesto de los últimos quince años y también siguió bajando el de educación.

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Geraçao a Rasca

La tercera es la situación de la juventud trabajadora en Portugal, lo que queríamos marcar en esta nota. Según Eurostat, que es como el Indec de la Unión Europea, la juventud en Portugal tiene un 24 % de desocupación, más del triple que los adultos. Pero los que consiguen trabajo se enfrentan a una precariedad brutal. En 2008, el 10 % de las y los jóvenes de 16 a 24 años tenían un empleo a tiempo parcial, de corta duración. En 2015 llegó al 22 %. Ahora ya llega al 67,5 %. Según el Fondo de Compensación del Trabajo, que paga las indemnizaciones por despido, hoy en Portugal apenas uno de cada cinco nuevos contratos de trabajo es fijo. Uno de cada cinco dura menos de dos meses.

En 2011 en Lisboa 200 mil jóvenes marcharon con la consigna “Geraçao a Rasca”, generación de la precariedad. Una precariedad que entre conservadores y socialistas han triplicado.

Es el caso de los call centers, que han invadido Lisboa y otras ciudades portuguesas. Son tan precarios que allí cobran 600 euros, un 30 % menos que los ya precarios call centers españoles. Aun así, miles de jóvenes llegan desde el vecino país y en los últimos meses han realizado huelgas contra las condiciones de trabajo junto a sus pares portugueses.

También los trabajos relacionados con la industria turística: cientos de miles de jóvenes se las rebuscan en bares, hoteles y todo tipo de servicios “por temporada”, mal pagos y con jornadas extenuantes.

Ya lo había adelantado el “salvador” Costa en la conferencia El futuro del trabajo (2016). “Hemos podido desmentir la idea tantas veces expuesta de que Portugal seguía teniendo un mercado de trabajo demasiado rígido y que el aumento de la productividad tenía que pasar necesariamente por la flexibilización de las leyes laborales”.

La virreina Christine Lagarde tiene pleno acuerdo. No se come el relato que quiere darle mística a la recuperación portuguesa y su desendeudamiento con el Fondo. La única verdad es la realidad, que para ella son los negocios de su clase. Por eso en un documento que escribió a principios de este año aseguró que “un buen ejemplo es Portugal, que eximió a las personas en su primer puesto de trabajo de la obligación de cotizar a la seguridad social durante tres años. El desempleo juvenil aún es elevado, pero esa medida está bien encaminada”.

Bien encaminada.

El “modelo de crecimiento” portugués que reivindica Axel está basado, fundamentalmente, en la precarización de la clase trabajadora, y sobre todo de las mujeres y la juventud. Pero tampoco es para escandalizarse. Durante su gestión, el trabajo no registrado de la juventud en Argentina siguió clavado en 60 %, igual que con Cavallo o Dujovne. No fue magia. Todos están dispuestos a entregar a las nuevas generaciones para alimentar la “recuperación capitalista”.





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