Sociedad

PRESENTACIÓN | LIBRO

Maristella Svampa: “El fracking es parte de la historia de saqueo en América Latina”

Tiempo estimado 16:03 min


En su último libro, Chacra 51, la investigadora habla de su regreso a la Patagonia en tiempos de fracking. El desarrollo de los recursos no convencionales en aéreas que históricamente vivieron de la explotación frutícola.

Danilo Martínez

Docente - Agrupación 9 de Abril - UnTER

Miércoles 8 de mayo | 16:43

La Izquierda Diario tuvo la oportunidad de dialogar con la socióloga Maristella Svampa quien además se ha desarrollado como investigadora y escritora, abordando problemáticas socioambientales y sus consecuencias en los ecosistemas que son intervenidos por las prácticas de extractivismo en diferentes regiones de América Latina.

En esta oportunidad tomamos la presentación de su último libro “Chacra 51, Regreso a la Patagonia en tiempos de fracking” donde nos cuenta como se fue armando esta investigación sobre el desembarco de la explotación de gas no convencional en una localidad como Allen, y en un valle que se destacó por su importante producción frutícola.

Las contradicciones en la convivencia de los dos modelos productivos y sus derivaciones socioambientales, como así también las perspectivas ante el crecimiento de Vaca Muerta como modelo de extractivismo son ejes en este dialogo que compartimos con Maristella Svampa.

¿Cuáles fueron las motivaciones que tuviste a la hora de pensar y escribir una novela como “Chacra 51, Regreso a la Patagonia en tiempos de fracking”?

Se inserta mas en un registro literario que ensayístico por el estilo de presentación de la misma, pero se trata de un texto de no ficción que tiene un carácter biográfico en el origen que es parte de un registro personal y local, para después insertarse en un registro más global, y vincular las experiencias del fracking en el Alto Valle y su relación con la crisis socioecológica.

Es un texto que atraviesa diferentes registros, el literario, el ensayístico, parece una novela porque está escrito en algunos capítulos como si fuera una novela, en clave literaria. De hecho yo soy autora de tres novelas, y la gente en general desconoce esto porque me asocia más bien al ensayo sociológico político pero yo he escrito tres novelas en clave patagónica, eso es que sus historias tienen lugar en la Patagonia.

Del 2005 es mi primera novela, Los Reinos Perdidos, luego “Donde están enterrados nuestros muertos” de 2012 y El Muro en 2013. En todo caso la literatura ha sido un lugar donde yo conecto lo político con lo literario y de alguna manera Chacra 51 resume todos estos registros, o intenta conciliarlos porque efectivamente la clave personal, biográfica da mayor libertad en términos estilísticos. Sin embargo hay que decir que el hecho donde parte la novela es un hecho muy doloroso.

En 2011 volviendo de Ecuador en una de mis tantas actividades en la lucha contra el extractivismo, me entero por parte de mi hermana que en la chacra de mi abuelo había una torre extrayendo petróleo y gas, y que el permiso había sido otorgado por un primo que estaba a cargo de la administración de la chacra. Ese primo no nos había consultado a la familia y lo había echo sin autorización, entonces empieza ahí todo un periplo que yo diría tenia contenidos dramáticos porque nadie sabía de que se trataba muy bien la explotación. Yo empecé a averiguar de qué se trataba y ahí fue que me encontré con toda la literatura sobre el fracking, sobre la explotación de hidrocarburos no convencionales.

Tengan en cuenta que no se sabía nada en ese momento de lo que era y que recién en 2012 con la expropiación parcial de YPF es que toma estado publico la existencia de los hidrocarburos no convencionales y la Argentina como uno de los países con mayor cantidad de recurso no convencional en el planeta en donde estamos terceros o cuartos depende el ranking.

¿Estamos viviendo por la industria hidrocarburífera, momentos alarmantes consecuencia del fracking, y vos lo comenzaste a vivir esta experiencia con mucha antelación?

Lamentablemente, y es mas viniendo de una experiencia de lucha e investigación en relación al neoextractivismo sobre todo minero más que petrolero en esa época y ligado al agronegocio y con una perspectiva mas latinoamericana también.

Y me encontré que en mis pagos de origen tenía lugar una experiencia, un laboratorio a cielo abierto en relación al fracking. Fue un registro doloroso porque además cuando en 2013 empezamos a dar la batalla con “Quique” Viale y otra tanta gente del Alto Valle, tanto en Neuquén por la firma del convenio YPF-Chevron, como el avance de los hidrocarburos en Allen, empezamos a dar esa lucha contra el neoextractivismo petrolero, en donde encontramos varios obstáculos porque nos encontramos con que efectivamente se había consolidado un amplio consenso en cuanto al horizonte que podía abrir la explotación de Vaca Muerta y de la cuenca neuquina en general. Eso que denominamos con Enrique Viale el consenso del fracking, el consenso “eldoradista” del fracking.

¿Explícanos ese concepto “eldoradista” que lo tomas en el libro en reiteradas ocasiones como el nuevo “Dorado”?

Siempre he dicho que el neoextractivismo en América Latina está ligado a la historia de saqueo y explotación donde Potosí es el origen sin duda, y marca el nacimiento de América Latina como un continente saqueado y expoliado en sus recursos naturales y al mismo tiempo la incorporan como un exportador de naturaleza hacia los países centrales.

Pero la contracara de esa realidad de despojo y de saqueo y desigualdad es la ilusión “eldoradista”, esto es la conciencia de que la posesión de los llamados recursos naturales estratégicos, al compas de los sucesivos ciclos económicos, podía darnos la posibilidad de enriquecernos súbitamente, la idea del enriquecimiento súbito o mágico, esa ilusión mágica.

Recuerdo que René Zabaleta hablaba en los años 80 de esta ilusión de enriquecimiento mágico de los latinoamericanos o que anida en el alma de todos los latinoamericanos, que está ligada a la historia de América latina en una época fue el oro y la plata, en otra fue el caucho y el guano, luego el petróleo, hoy en día también lo es el litio, la soja y nuevamente los recursos hidrocarburíferos, pero en todo caso lo que se alimenta es esta idea que a través del control del Estado los países pueden explotar o controlar esta renta extraordinaria y acortar la distancia que nos separa de los países más desarrollados.

Esa es la visión “eldoradista” que de hecho alimento la mirada de Cristina Fernández de Kirchner y mucho más aun lo acelero el discurso y la acción de Mauricio Macri que ha puesto a Vaca Muerta casi como garantía de este fabuloso endeudamiento externo.

Naciste en Allen y viviste el esplendor de la fruticultura en el Alto Valle, que posiciono a la localidad de Allen como la principal productora de manzanas y peras en el país. ¿Cómo analizas esta nueva forma de extracción que vive la localidad y la situación de los chacareros que pasan a ser llamados superficiarios en estas nuevas relaciones de producción?

Yo pongo el acento en el pasaje de la figura del chacarero al superficiario lo que implica que los recursos que están bajo tierra pertenecen al Estado, pero en realidad el chacarero pierde la oportunidad de transformar el territorio, y eso es lo que ha sucedido con el avance de la matriz hidrocarburífera.

El libro cuenta en los sucesivos capítulos esta tensión, esta contradicción entre determinada matriz ligada a la frutícola, regional de carácter centenario y por otro lado la ocupación intensiva del territorio por parte de la matriz ligada a los hidrocarburos no convencionales.

No es que hay convivencia pacífica como alegan los funcionarios y las empresas, lo que hay es una competencia muy clara por el territorio, por sus recursos y también una competencia desleal al calor de la crisis de la fruticultura en la cual los pequeños chacareros, sobre todo en la salida, ya que muchos de ellos en Allen tienen una edad promedio de sesenta años y están de salida por lo que ceden ante la crisis ante la propuesta de una petrolera que le renta una o dos hectáreas.

En esa línea yo coincido con la propuesta de Belén Álvaro que dice que no es la crisis de la fruticultura sino de un modelo de fruticultura en el cual efectivamente en esa cadena que integra varios actores que se ven beneficiados a través del proceso de concentración que son los grandes exportadores y los fijadores de precios.

El Estado lejos de participar con políticas publicas que impliquen un rediseño de esa relación de una manera más igualitaria, lo que hace es apostar a ganador sobre todo de los grandes jugadores, las grandes exportadoras y tratar de calmar los ánimos de los pequeños y medianos productores que están en crisis, a través de subsidios que tienen un corto alcance, entonces necesitamos repensar al calor de la crisis un modelo más integrador que sobre todo ponga en el centro al pequeño y mediano productor que ha sido el actor histórico en este modelo de economía regional.

No olvidemos que si hay algo que caracterizo a la economía frutícola de Río Negro y Neuquén es la centralidad del pequeño productor, el pequeño propietario de tierra capitalizado, esa capitalización le daba la posibilidad de un cierta autonomía, de hecho si uno mira la cartografía de los pequeños y medianos productores donde siguen siendo una gran mayoría, pero al mismo tiempo hay una gran concentración porque cincuenta productores hoy son los grandes propietarios de la tierra es decir una gran asimetría, un gran desigualdad en términos de propiedad de tierra y una gran cantidad de pequeños y medianos productores que apenas cuentan con una pequeña porción de tierra que no es rentable en estos momentos.

Entonces hay que repensar este diseño y lo que sucede es que no tenemos un Estado activo ni que esté pensando en todo caso en los actores más débiles de la cadena. Y al mismo tiempo se está fomentando el falso discurso de la convivencia, cuando en realidad lo que vemos es que hoy en día es Allen la que está siendo arrasada por el avance de la actividad hidrocarburífera, y prontamente pasara a ser Fernández Oro, Vista Alegre y no nos descuidemos porque también el avance implica otras localidades del Alto Valle.

Allen en algún momento se declaró antifracking y su ordenanza fue derogada en favor de esta explotación.

Eso esta contado en el libro centralmente, porque esto fue durante el año 2013 en donde por un lado discutimos y nos cuestionamos el convenio con Chevron, recordaran además que hubo ese episodio de gran represión en la ciudad de Neuquén que fue aprobada en la Legislatura y en donde estuvimos, me recuerdo que estaba Myriam Bregman, Pino, entre otros, ya que éramos varios los que estábamos, los que subimos a ese avión por la mañana para participar de esa marcha.

Pero también participamos de varias luchas en Allen que produjeron la sanción de esta ordenanza antifracking que fue derogada dos meses y medio después por el Tribunal de Justicia provincial, así como fue derogada también la ordenanza que se sanciono en Fernández Oro y en Vista Alegre. Es decir hay una voluntad explicita por parte del Estado provincial de aplastar a los municipios y no aceptar la autonomía en términos ambientales tal cual lo fija la Carta Orgánica de los municipios.

¿Cuál es la propuesta que compartís en Chacra 51, el libro que estas presentando y cuáles son los adelantos que nos podes dar?

Hay dos registros interesantes por lo menos a nivel local o regional que tiene el libro. Por un lado hay una historia del Alto Valle que conozco desde niña, la historia de un ecosistema ligado a la fruticultura, sin idealizaciones pero también rescatando la riqueza de ese ecosistema, pero por otro lado está la historia del avance de esa matriz hidrocarburífera que hoy es tan problemática, tan controversial en otros países la explotación de los hidrocarburos no convencionales a través del fracking que incluso se discute en otros países y más aun ha desatado grandes luchas en Europa en EE.UU e incluso algunos han prohibido el fracking desde el 2012 en adelante como es el caso de Francia, Irlanda, Escocia y hay Estados en EE.UU que también han prohibido el fracking por los impactos socioambientales y sociosanitarios que están mas que probados científica y empíricamente. Sin embargo esto no se ha constituido en un problema público en el Alto Valle.

Yo creo que debemos indagar acerca del porque, esto que es tan grave, que suscita tantos debates públicos en otras latitudes, aquí es una suerte de punto ciego. Yo apuesto a que esto sea instalado como un problema público y que la gente tenga conciencia del daño y de los impactos que esto va a traer.

En ese sentido es una interpelación a la gente del Alto Valle, no solo la gente de Allen que en estos momentos está viendo los impactos de esta matriz. No nos olvidemos que en estos días hubo un nuevo accidente en Vaca Muerta en el cual murieron dos trabajadores porque también hay otros temas, yo lo digo en el libro y lo decimos también en otros materiales publicados colectivamente acerca del fracking que requiere del subsidio del Estado, no solo porque es antieconómico y costoso, sino que además es poco rentable en términos energéticos, ya que al cabo del segundo año los pozos de fracking producen el 50 % menos y exigen más perforaciones por los cuales los impactos socioambientales son aún mayores.

En esta línea en Argentina ha habido claramente en relación a Vaca Muerta un blindaje de la problemática que no se tematiza, pero ese blindaje no es solo socioambiental sino que también laboral, lo cual viene de la mano de la flexibilización laboral y eso ha aumentado notoriamente la tasa de accidentes ambientales y laborales con la muerte de trabajadores, por lo cual necesitamos incorporarlo a la agenda publica.

¿Se puede desarrollar una perspectiva antifracking, dejando los recursos como Vaca Muerta donde están, bajo tierra?

Yo creo que sí, que deberíamos dar un debate público sobre el tema en un contexto de crisis socioecológica a nivel planetario como el que vivimos, y si efectivamente la Argentina quiere cumplir con lo que suscribió en el Pacto de Paris, que es emitir menos gases de efecto invernadero para que el calentamiento global no supere el grado y medio o dos.

Si Argentina quiere cumplir con el Pacto de Paris debería dejar Vaca Muerta bajo tierra, todos los hidrocarburos que están en la cuenca neuquina bajo tierra. Y no olvidemos que Argentina tiene un gran potencial para energías limpias, para energías no renovables, como la eólica o la solar y este tipo de energías hoy en día son rentables económicamente. Hace diez años no lo eran pero hoy en día lo son.

Es necesario repensar el escenario de las energías renovables, pero no como lo hace el Gobierno actual bajo el marco de la concentración o la privatización, sino desde un punto de vista distinto que implique repensar el sistema energético como un bien común, pensarlo en la relación con el derecho universal de la gente a la energía.

Todo eso es conversable y podría abrirse una agenda publica en el cual es país se piense, no como una potencia energética exportadora al copas de la destrucción de sus territorios y la desposesión de los mismos, sean estos chacareros o comunidades indígenas sino a través de un concepto que ligue sobre todo bienes comunes y soberanía energética, me parece que esa es la clave para pensar efectivamente el cambio de matriz energética, no es algo imposible, no es algo utópico, pero debemos dejar de pensarnos como un país exportador de naturaleza que abastece supuestamente al mundo.





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