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Los desafíos de la izquierda argentina en el nuevo escenario político

Tiempo estimado 14:59 min


La fórmula Alberto-Cristina presentada por la expresidenta es un giro para conformar un futuro Gobierno de “pacto social” con factores de poder de cara a la crisis. Los economistas del nuevo candidato a presidente ya anuncian más recortes fiscales y devaluación. Los desafíos de la izquierda en la campaña electoral y hacia el año que viene.

Fernando Scolnik

@FernandoScolnik

Miércoles 22 de mayo | 01:02

El anuncio de Cristina Kirchner postulando a Alberto Fernández como candidato a presidente, con ella de vice, pateó el tablero electoral 2019.

Cuando la mayor parte de los análisis y estrategias políticas se basaban en un escenario de intensa polarización entre Macri y la ex presidenta, surge un nuevo panorama que, en parte, obliga a recalibrar las armas de la crítica y la lucha política.

En este marco, nos referiremos en este artículo a analizar qué se puede esperar de la fórmula Alberto-Cristina, y a la ubicación de la izquierda en el nuevo marco político.

Una gran batalla política, una perspectiva estratégica

Durante los meses que dure la campaña electoral, la izquierda tiene un desafío de primer orden: llegar a millones de personas con una voz clara para advertir que frente al desprestigio del macrismo, la fórmula Alberto-Cristina se basará para su campaña en la ilusión que tienen millones de sacarse de encima a Cambiemos, pero que, en caso de que ganen, esas expectativas serán defraudadas. Como analizaremos más adelante, esto puede ser adelantado desde hoy, dado que ya se han comprometido a cumplir con los pagos de la deuda y con el FMI, por lo cual no tendrán más alternativa que continuar con planes de ajuste.

A la par de esa campaña, es necesario sembrar las ideas fundamentales de un programa alternativo para que la crisis no la paguen otra vez las grandes mayorías, y organizarnos con miles para esa pelea, fortaleciendo la perspectiva de construcción de un partido revolucionario y preparándonos para ser una fuerza decisiva en los próximos acontecimientos agudos de la crisis y la lucha de clases que, si logran conducir la situación durante el 2019, se darán bajo el próximo Gobierno. En este camino, el Frente de Izquierda (que a su vez llama a una mayor unidad para estas elecciones bajo un programa de independencia de clase) se propone también ser expresión de los cientos de miles de trabajadores, mujeres y jóvenes que apoyan un programa para que la crisis la paguen los capitalistas y se preparan para enfrentar los ataques, gane quien gane.

Por último, pero no por eso menos importante, adelantemos que en los próximos años, si gana el macrismo, enfrentaremos desde el comienzo a un Gobierno muy debilitado, pero si gana el peronismo se abre la posibilidad histórica de una experiencia con esa fuerza en el poder, lo cual dará lugar al surgimiento de nuevos fenómenos políticos y de la lucha de clases.

Arranquemos entonces por afilar la crítica contra el proyecto político de la nueva fórmula presidencial.

El significado del armado electoral que impulsa Cristina Kirchner

Primero discutiremos los gestos y las alianzas, para luego ir al programa y los números.

Por un lado, desde ya que dice mucho en sí mismo el hecho de que el elegido como candidato a presidente haya sido un hombre con pasado de funcionario menemista, legislador electo en las listas de Domingo Cavallo, amigo de las corporaciones que renunció al Gobierno de Cristina tras el enfrentamiento con las patronales del campo y con Clarín, para deambular luego por el massismo y el randazzismo, hasta volver con CFK tras toda una pirueta.

Sobre esto, no puede haber dudas: la elección del candidato apunta a convencer a todos los factores del poder económico y político de que no hay ningún riesgo de “giro chavista”, sino que el rumbo elegido es el de proponerse garantizar el orden necesario para continuar con los pagos de la deuda y los acuerdos con el FMI durante la crisis en curso.

Esta interpretación, lejos de ser forzada, no es más que la coronación y máxima expresión de un curso político que ya se venía desarrollando con importantes gestos.

Hacia el capital financiero internacional, esa orientación se venía sugiriendo con ex ministro de Economía kirchnerista Axel Kicillof, mostrando desde hace meses un tono conciliador, con reuniones con el FMI y promesas de pagar la deuda hasta el último centavo. Hacia los grandes capitalistas nacionales, con un discurso que ya desde el año pasado viene sosteniendo que bajo los gobiernos K los balances de empresas como Arcor eran mejores que ahora, y sobre todo a los bancos garantizándoles que seguirá la especulación financiera. Y hacia el peronismo, con el apoyo a candidatos de derecha en las provincias (Perotti, Schiaretti, etc.) y reencuentros con referentes de la burocracia sindical, como la resonante reconciliación de Cristina Kirchner con Hugo Moyano.

Complementa esta orientación el discurso de la ex presidenta hacia sus bases, “avisando” que por la gravedad de la crisis actual la situación va a ser “muy difícil de revertir”, según expresó en el video con el cual comunicó su decisión de ir de candidata a vice.

Incluso antes de lanzar la campaña electoral, ya están acusando la “herencia recibida”. Imagine el lector lo que vendrá después.

El objetivo de esta advertencia no es otro que intentar moderar las aspiraciones de quienes voten la fórmula Alberto-Cristina, ya que, como señaló la ex presidenta, lo difícil no será tanto ganar las elecciones, sino gobernar. Vamos entonces al nudo de la cuestión.

Un “contrato social” para hacer pasar los planes del FMI

El principal problema estratégico que tienen las clases dominantes en Argentina es cómo abordar los ajustes y pagos que exigirá el FMI durante los próximos años en cualquier “renegociación” de una deuda impagable, sin que la resistencia del pueblo trabajador haga fracasar sus planes de ataque y ponga en cuestión la llamada “gobernabilidad”.

En este marco se debe entender la política de “contrato social de ciudadanía responsable” que está promoviendo la ex presidenta, y que se propone como un intento de hacer un Gobierno más fuerte del que sería un hipotético segundo mandato de Mauricio Macri, que después de años de desgaste y con una gran oposición social, correría el riesgo de ser muy débil desde el comienzo. Por su parte, la variante de Alternativa Federal comienza a perder fuerza con este último giro conciliador del kirchnerismo, aunque para ver su perspectiva electoral definitiva resta saber cómo actuará el “factor” Sergio Massa.

El intento de postular a Alberto Fernández como articulador de un frente más amplio del peronismo (cuyos resultados concretos se terminarán de conocer el 12 y 22 de junio con la presentación de alianzas electorales y candidatos), y por esta vía del conjunto de la burocracia sindical, busca conformar entonces una coalición de Gobierno con mayor volumen de fuerza para imponerle a la clase trabajadora los planes de ajuste.

Recordemos que el Pacto Social del 73-74, tomado como modelo por la ex presidenta durante su discurso en la Feria del Libro, buscó limitar las reivindicaciones de una clase trabajadora que estaba a la ofensiva después del Cordobazo del ’69 y el retorno de Perón, por medio del congelamiento de paritarias por dos años. La burocracia sindical jugó entonces el rol de aceptar este acuerdo (que terminó en una gran crisis en el ‘75) y de integrar las bandas paraestatales de la Triple A para reprimir a aquellos que quisieran sacar los pies del plato, como se mostró en numerosas huelgas y ocupaciones de fábrica que cuestionaban el acuerdo.

La analogía histórica, como siempre limitada, tiene sin embargo otro punto de comparación esencial: un eventual triunfo de una fórmula peronista puede alentar en gran medida las expectativas de las masas que, desplazado Macri, quieran recuperar el salario y los puestos de trabajo perdidos en estos años, así como anular los tarifazos.

Es por eso que, en caso de ganar una fórmula peronista la presidencia, durante el próximo Gobierno es probable que veamos mayores niveles de lucha de clases, motivadas por la expectativa de recomponer las condiciones de vida.

Contra esas aspiraciones que no puede cumplir, el bloque político y social que busca conformar la fórmula Alberto-Cristina pretende un “contrato social” para imponerle a las grandes mayorías la aceptación de los planes que dicte el FMI.

En las garras del FMI: los economistas de Alberto Fernández ya anuncian más ajustes

Dentro del equipo económico de Alberto Fernández, sobresalen algunas figuras. Nos referiremos a dos de las centrales y al pensamiento económico que han expresado en los últimos días.

Si bien la nueva fórmula de candidatos no ha enunciado un programa de Gobierno, es importante seguir los indicios que dan sus principales referentes económicos para previsualizar el rumbo que tomarían en caso de llegar al Gobierno.

Uno de ellos es Guillermo Nielsen. Antes de ser candidato por el massismo en 2015 en la Ciudad de Buenos Aires, lo que más resalta en su trayectoria es haber sido parte de los negociadores con el FMI en los años posteriores al 2001.

En una entrevista publicada el pasado domingo, al economista le preguntaron “Qué le espera a la Argentina para después del 2019”.

Su respuesta, cruda, fue sencilla: un brutal ajuste fiscal. Cuentan también que hace poco le dijo a Cristina Kirchner que “tenemos diez años más con el FMI”.

Sobre el ajuste que se viene en caso de que lleguen al Gobierno, lo explicó así concretamente: “El Gobierno que venga necesita no déficit cero, sino superávit de tres puntos del PBI. Es decir, se necesita un ajuste de cuatro puntos del PBI y el punto de partida inicial es de un exceso y récord absoluto de presión tributaria”.

Para decirlo de otro modo: esos 4 puntos implican recortar el equivalente a dos veces el presupuesto sumado de toda la salud y la educación públicas! Como si Macri no hubiera hecho un gran ajuste, vienen aún por más, para poder destinar una gran masa de recursos al pago de deuda a los especuladores.

Estas declaraciones de Nielsen tienen el “mérito” de confirmar lo que viene denunciando el Frente de Izquierda: que el próximo Gobierno deberá pagar 160.000 millones de dólares de deuda, y que una “renegociación” con el FMI solo puede ser a costa de aceptar las recetas drásticas del organismo internacional.

Por su parte, otro referente importante vinculado al equipo de Alberto Fernández, Matías Kulfas, se viene mostrando partidario de una devaluación (que traería más tarifazos e inflación) y alertando que una recuperación económica no puede ser traccionada ni por el gasto, ni por el consumo. Es decir que para solucionar la falta de dólares de la economía nacional el que debería esperar es el salario, ya que las divisas serían para pagar la deuda.

Las tareas de la izquierda

El PTS-Frente de Izquierda se propone en el momento actual una gran campaña de agitación, propaganda y organización para organizar a miles y llegar a millones con denuncias claras y un programa de salida a la crisis. Al mismo tiempo, apoyamos con todas nuestras fuerzas cada lucha contra el ajuste, y exigimos que la burocracia sindical no haga medidas de fuerza aisladas (como este 29 de mayo), sino que convoque a un plan de lucha con continuidad hasta derrotar los planes de ajuste.

Entendemos el deseo de millones de sacarse de encima al odiado Gobierno de Mauricio Macri, pero advertimos al mismo tiempo que nada bueno puede venir de ninguna de las variantes del peronismo que, como demostramos, se proponen seguir adelante con los acuerdos con el FMI y aplicando ajustes que recaerán sobre las espaldas de las grandes mayorías.

Para tomar uno de los problemas más sentidos por millones, los tarifazos, los mismos no harían más que continuar con cualquier plan económico que priorice pagar la deuda, el ajuste fiscal y la devaluación. Lo mismo puede decirse respecto del retroceso de los presupuestos destinados a salarios, salud o educación. Si queremos revertir la “herencia recibida” del macrismo, el camino no es precisamente con el peronismo.

Menos aun podrán revertirse, con un país absolutamente condicionado por el FMI, problemas estructurales como la pobreza o la precarización laboral que no vienen de ahora, sino que también son parte de la herencia de la dictadura y el neoliberalismo que tanto el kirchnerismo como el macrismo dejaron intactas.

Al revés que el macrismo y el peronismo, para la izquierda primero están las necesidades del pueblo trabajador. Rechazamos cualquier “renegociación” con el FMI que implique más tarifazos, el aumento de la pobreza, la caída del salario, la pérdida de millones de puestos de trabajo, la condena al hundimiento de la salud y la educación públicas, y todo para que unos parásitos especuladores del capital financiero sigan saqueando al país e hipotecando el futuro de las próximas generaciones por una deuda ilegal, ilegítima y fraudulenta. Porque nuestras vidas valen más que sus ganancias.

También decimos bien claro que ningún “pacto social” puede ser con los empresarios, que ya dijeron que su programa es el de reforma laboral, reforma jubilatoria, ajuste fiscal y pago de la deuda a los especuladores hasta el último centavo. Sus intereses son opuestos a los nuestros. Toda conciliación con ellos será para seguir garantizando sus ganancias a costa de mantener a las y los jubilados con hambre, ver caer nuestro salario, salud y educación.

Bajo estas banderas, desde el Frente de Izquierda insistimos asimismo en el llamado a Luis Zamora y otras fuerzas de izquierda para potenciar también en las elecciones una unidad que en el marco de la crisis le dé más fuerza a los planteos de la izquierda anticapitalista.

La actual campaña electoral, cobra entonces un carácter preparatorio para las próximas etapas de la crisis. Si por alguna circunstancia el macrismo ganara las elecciones, iremos a un Gobierno débil que rápidamente dará lugar a una gran crisis resistencia a sus planes. Pero también el probable escenario del peronismo en el poder atacando a las grandes mayorías abrirá a una nueva experiencia histórica, y al calor de ella agudos acontecimientos de la lucha de clases y la posibilidad de construcción de un gran partido revolucionario que pelee por un Gobierno de los trabajadores, por una sociedad organizada no en función de las ganancias capitalistas, sino al servicio de las necesidades de las grandes mayorías.

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