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Amazonas en llamas: hipócrita preocupación de los imperialistas Macron y Trudeau

Tiempo estimado 6:14 min


Se extiende el llamado mundial por la protección de la selva y contra las políticas de Jair Bolsonaro. Cínicamente líderes mundiales y Gobiernos se muestran preocupados.

Diego Sacchi

@sac_diego

Viernes 23 de agosto | 11:15

Las llamas continúan consumiendo al “pulmón del planeta”. Las imágenes recorren el mundo, millones se indignan, llaman a actuar contra la depredación cuyo objetivo es beneficiar al agronegocio y las mineras.

Figuras internacionales como Leonardo DiCaprio o Ricky Martin expresaron su preocupación. Desde el movimiento Juventudes por el Clima, organizaciones sociales y políticas llamaron a manifestarse este viernes frente a las embajadas de Brasil en todo el mundo para reclamar contra las políticas del Gobierno de Brasil.

Pero en el medio del impacto por el récord de incendio que arrasa a la Amazonía y aviva la preocupación por la devastación medioambiental, la crisis climática y el impacto de las políticas estatales que favorecen la explotación de recursos en áreas protegidas, aparece el cinismo de los Gobiernos que en muchos casos defienden los intereses de empresas que saquean los recursos del planeta.

Uno de ellos es el presidente francés, Emmanuel Macron. En un mensaje señaló que los incendios suponen "una crisis internacional" y aseguró que la cuestión se tratará con urgencia este fin de semana durante la cumbre del G7 en Biarritz (Francia).

Más allá de las declaraciones de turno, diferentes organizaciones no gubernamentales aseguran que la supuesta preocupación por el medio ambiente de Macron no se materializa en hechos concretos. Además el gobierno francés es un gran defensor de la petrolera Total, la empresa que durante décadas ha saqueado los recursos naturales en África y es responsable de uno de los mayores desastres ecológicos en ese país cuando el Erika, un oxidado petrolero fletado por Total, se rompió en dos y se hundió en el golfo de Vizcaya, el 12 de diciembre de 1999, vertiendo parte de las 20.000 toneladas de sustancias tóxicas que llevaba en el mar.

Al mensaje de Macron se sumó el primer ministro canadiense, Justin Trudeau, que afirmó en Twitter “necesitamos actuar por el Amazonas y actuar por nuestra planeta: nuestros hijos y nietos cuentan con nosotros”.

Trudeau es presentado como un liberal preocupado por la crisis climática, llegando a declarar formalmente el estado de emergencia climática, pero en los hechos se encuentra bastante lejos de esa preocupación.

La preocupación de Trudeau por el medio ambiente parece no alcanzar el accionar de una de las multinacionales canadienses: la minera Barrick Gold, responsable de contaminar y depredar los recursos naturales en varios puntos del planeta.

Pero algo muy simbólico del cinismo del primer ministro canadiense es que, tan solo dos días después de presentar el proyecto legislativo para declarar la emergencia climática, su Gobierno decidía construir una segunda línea del oleoducto Trans Mountain. Por el oleoducto actual se transportan unos 300.000 barriles diarios de petróleo desde Edmonton (Alberta) a Burnaby (Columbia Británica). Este crudo es extraído de arenas bituminosas, conocidas por su alto impacto ambiental.

Las reacciones de distintos gobiernos, en el contexto del incendio de la selva amazónica, se transforma en un escenario más intenso de las disputas de los intereses geopolíticos capitalistas.

La hipocresía no puede ser mayor. El agronegocio en Brasil, uno de los principales responsables de la crisis actual, está completamente cartelizado por empresas imperialistas que dominan la distribución de semillas transgénicas, agrotóxicos, fertilizantes, los silos y la logística, además de su posterior comercialización. Las cuatro principales empresas que dominan el país son las estadounidenses Cargill y ADM, la francesa Dreyfuss y la holandesa Bungee. Solo esas cuatro empresas manejan el 80% del comercio de soja de Mato Gross.

Párrafo aparte merecen las declaraciones de los gobiernos de la región. Colombia le propuso a Brasil, Bolivia, Ecuador y Perú realizar un "proyecto conjunto" de prevención frente a la catástrofe ambiental. El Gobierno de Chile confirmó el ofrecimiento de ayuda de su país a Brasil para luchar contra la conflagración. El presidente argentino, Mauricio Macri, se mostró “alarmado y conmovido” en un mensaje en la red social Twitter.

Los gobiernos latinoamericanos son los principales responsables por permitir el avance de las multinacionales mineras, petroleras y del agronegocio, responsables de los peores desastres ambientales en la región. Tanto los actuales partidos oficialistas, como opositores, defienden los intereses de esas compañías.

Un ejemplo es Argentina, donde el principal candidato opositor, Alberto Fernández defendió el “modelo Barrick” cuando aseguró, junto al gobernador de San Juan, “vamos a desarrollar la minería como en San Juan”, a pesar de los múltiples derrames protagonizados por la Barrick Gold.

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La contra cara frente a la hipocresía imperialistas la muestran sectores de la juventud que en distintas partes del mundo protagonizan las manifestaciones contra los cambios climáticos producto de la devastación ambiental, como los "viernes por el futuro" de Europa.

También sectores de los trabajadores, como los del astillero Harland and Wolff, donde fue construido el Titanic, que luego de que la empresa fue declarado en bancarrota, tomaron las instalaciones y exigen la nacionalización del mismo y que se implemente el uso de energías limpias.

Como dijo Myriam Bregman, legisladora de la Ciudad de Buanos Aires por el Frente de Izquierda, "Las mineras y el agronegocio, envalentonados por la política patronal y antiecológica de Bolsonaro, son los responsables de convertir la selva del Amazonas en un mero campo productivo y saquear hasta la última gota. No es un desastre natural, es obra del extractivismo".

No se puede esperar a que la respuesta llegue desde los Gobiernos que representan los intereses de las principales multinacionales, responsables de la destrucción del planeta.





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