JUVENTUD

Psicología UNR: primeros debates en la facultad

Tiempo estimado 4:25 min


Reflexiones de una ingresante de psicología en sus primeros días de carrera.

Leiden Azar

Estudiante de Psicología - Juventud del PTS

Sábado 7 de marzo | 10:31

Este año ingresé en la facultad de psicología, tengo 24 años. En mi adolescencia, tuve que dedicarme a trabajar, por eso tuve que posponer varios años mi estudio. En el 2018 empecé la carrera de comunicación social, como primer intento de formación académica y de militancia en la universidad. Un pequeño recorrido que valió la pena.

Mi primer acercamiento a la facultad de psicología empezó con los cursillos de ingreso, en los que intentan orientar a los estudiantes en el conocimiento de la carrera y en sus primeros pasos en la universidad pública. En las clases que se fueron dando se plantearon varias problemáticas que, para un intercambio más enriquecedor, estaría bueno empezar a pensar e incluso cuestionar.

Uno de los temas que se abordó fue la salud mental como un derecho y, en relación a esto, surgió el “ataque de pánico” como problemática en la juventud del siglo XXI.

Partamos del primer punto. ¿Podemos considerar hoy en día que la salud mental sea un derecho al que todes podemos acceder?

Desde la sanción de la ley en 2010 hasta nuestros días ningún gobierno destinó el presupuesto necesario para su implementación, ninguno lo propuso como tema principal en la agenda política. Sin recursos, sin personal, sin la incorporación de insumos y de condiciones dignas para les trabajadores es difícil que realmente todos tengamos ese derecho. ¿Qué queda para les trabajadores precarizades que no pueden acceder a una consulta por salud mental, ya sea por falta de tiempo para ir o por falta de plata para sostenerlo?

La salud pública viene en deterioro hace años, que se agrava a partir del ajuste en curso y el acuerdo firmado con el FMI apoyado por el oficialismo y la oposición, quienes insisten en legitimar el robo de los recursos de nuestro país con el pago de una deuda ilegal y fraudulenta.

Por otro lado, la cuestión de los ataques de pánico o las crisis de ansiedad surgió como pregunta ante la enorme incidencia que los mismos tienen en la juventud. El debate giró en torno a si es un problema actual y si el mismo parte de una cuestión individual. No podemos pensar en claves puramente individuales desconociendo el contexto en el que se desarrollan los sujetos. El sistema capitalista desde hace años solo ofrece un futuro en el que sólo nos tenemos que conformar con la miseria de lo posible. Un futuro incierto, dónde muchas veces el tener un título universitario no
garantiza ningún tipo de seguridad. Sumado a esto, también pregona el esfuerzo individual sobre los proyectos colectivos, como forma de “llegar más lejos”, exigiéndonos muchas veces metas inalcanzables, ignorando las cuestiones de clase que demuestran la enorme desigualdad existente.

Es este contexto el que lleva a la juventud a padecer ansiedad y frustraciones que en muchos casos provocan ataques de pánico, e incluso hacen ver al suicidio como una posible salida. ¿Qué podemos hacer ante esto?

Cruzando la cordillera, Chile nos da una pista. Allí hay una juventud que nada le debe a este sistema. Los jóvenes secundarios saltando los molinetes e inundando las calles y plazas peleando por un futuro mejor son muestra de una moral imparable. Demuestra que ya no les tienen miedo a los mismos que durante años impusieron la idea que las cosas no se pueden cambiar o solo se pueden conseguir migajas. Vemos revueltas, huelgas generales en varios países de América Latina y Europa que dejan a las claras que la forma de conseguir nuestros derechos es peleando en las calles. No alcanza solo con tener una postura crítica dentro de los márgenes de las instituciones como nos quieren hacer creer. Estas luchas, que se vienen desarrollando en todo el mundo, deben ser ejemplos para pensar no solo la formación académica de futuros profesionales sino salidas a esta miseria que nos quieren vender como único futuro posible.

Nosotros tenemos la posibilidad de pelear por una vida que merezca ser vivida, por un mundo donde el desarrollo y la felicidad individual sea parte de un cambio colectivo, por una sociedad mejor para las futuras generaciones. Para ello veo necesario organizarse y salir a luchar por cambiar este sistema de base, por un futuro mejor para todes.





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