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La Plata: el Plan de Garro para expulsar a los trabajadores y la juventud

Tiempo estimado 6:54 min


El ajuste de Cambiemos trae de la mano el viejo modelo neoliberal de urbanización. Boom inmobiliario, bicisendas y globos amarillos. Jóvenes y trabajadores a los márgenes.

Martes 3 de mayo de 2016 | Edición del día

El 28 de abril pasado el Intendente del PRO Julio Garro anunció frente a varias autoridades y académicos de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) la confección de un Plan Estratégico para la ciudad de las diagonales, que apunta fundamentalmente a inversiones en servicios, infraestructura de movilidad y cambio normativo en lo que respecta al uso del suelo.

Garro sabe que hablar hoy de planificación en La Plata toca fibras sensibles, no por ser una ciudad fundada con plano en mano, sino porque fueron las decisiones políticas sobre el territorio las que causaron el crimen social del 2 de abril de 2013 y por las que todavía exigimos justicia.

El Plan de origen truncado

La Plata nació planificada, fue un plan urbano en función de un puerto propio para los terratenientes y agroexportadores más ricos de la generación del ‘80. Ya en sus orígenes la ciudad de las “elites” fue fundada con ideas estéticas y paisajistas del Urbanismo Barroco Europeo del siglo XVII, el Higienismo ambiental y funcional del XIX y moderna tecnología para la época como el telégrafo o los tranvías, reconocida en todo el mundo.

Esa admiración de las “familias bien” por lo más avanzado de la modernidad era tan grande como su desprecio hacia los constructores de su paraíso. Obreros y obreras ladrilleros, de servicios, del ferrocarril, de las quintas o chacras, expulsados de la ciudad que levantaban con sus manos, para vivir en peores condiciones del otro lado de las vías, en Tolosa, Los Hornos, Berisso o Ensenada.

Nada bueno puede venir de la CEPAL

Pero el puerto que le dio origen, el plan de las familias ricas, pasó a ser puerto de escala municipal, y la ciudad se desarrolló asistiendo pragmáticamente a las inversiones privadas de distintas escalas. Solo después de 80 años con el Plan Urbis se volvió a hablar de planificación en La Plata, pero en un contexto distinto. Con el miedo a la expansión de la revolución cubana y la búsqueda espacios económicos para el gran capital, la política del imperialismo con la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe) fue una mezcla de cooptación, contención y control a través del endeudamiento. En la práctica significó el financiamiento de Planes de Desarrollo Urbano Regionales en América Latina, como los que venían aplicándose en Europa para fortalecer posiciones frente a la URSS y obtener grandes ganancias con la reconstrucción de las ciudades después de la guerra (European Recovery Program).

El plan Urbis no se implementó, así como la mayoría de los planes urbano regionales impulsados en esa época por la CEPAL en Argentina, ante un escenario de fin del boom de posguerra, movilizaciones y procesos revolucionarios, con la dictadura como contracara, los planes regionales se transformaron solo en grandes proyectos urbano/territoriales que tuvieron un importante impacto, sobre todo en el aumento de la rentabilidad de los grandes grupos económicos y contratistas.

Neoliberalismo urbano

Es en los 90 donde resurge con fuerza la idea los planes estratégicos de escala municipal. El neoliberalismo también implicó un retroceso en términos urbanos, aunque contradictoriamente ganó en metropolización. Se expresó en un aumento considerable de las áreas más degradadas de las principales ciudades, sobre todo la región metropolitana de Buenos Aires que aumentó su población el 20% en 10 años en el segundo y tercer cordón. La descentralización del estado, las privatizaciones, el libre mercado impulsó a los municipios a formular planes de desarrollo local para reconvertir su matriz económica con la idea de crear nichos favorables a la captación de inversiones sobre todo extranjeras.

Estos planes no fueron más que papeles en la mayoría de los casos, exceptuando los que tenían detrás grandes grupos económicos. Un ejemplo puede ser el Master Plan de Puerto Madero que comenzó en 1994, o en formato de Plan Estratégico en Rosario con una metodología de “participación ciudadana”, pero donde ambos recuperaron tierras y ex edificios industriales de la ribera y desarrollaron un boom inmobiliario con edificios de lujo con inversiones que venían de distintos sectores económicos importantes concentraron capitales a costa de la desocupación y pobreza de las mayorías.

Durante el kirchnerismo las políticas territoriales no distaron demasiado de esos años, incluso algunos índices empeoraron. Pero desde el punto de vista de los planes hubo una proliferación de los estratégicos de escala municipal con lógicas similares a los ‘90 aunque con mayor aire para la contención y cooptación. A nivel nacional lo máximo que se realizó en 12 años fue el Plan Estratégico Territorial que es un diagnóstico de situación y la Ley de Acceso Justo al Hábitat de la Provincia de Buenos Aires, que aunque es limitada, todavía no se implementó como debería por negativa de Scioli y ahora de Vidal.

¿Y los Planes PRO?

Aún están por verse las características de los planes en la era Macri, aunque las políticas neoliberales que vienen implementando seguramente tendrán más que ver con los planes que proliferaron en los 90 o en los que expresaron continuidad en los 2000. Los anuncios en La Plata también hablan por sí solos: el subsecretario de planeamiento urbano y desarrollo económico, Gabriel Rouillet, que era asesor de la cámara la construcción propone un cambio del Código de Ordenamiento Urbano, también carriles exclusivos para transporte público y la construcción de bicisendas. Además los proyectos que implementó el PRO en CABA favorecieron al mercado inmobiliario y expulsaron a los pobres de la ciudad, a la par de hicieron obras de infraestructura vistosas que acrediten gestión, como el MetroBus, pero que poco resuelven las problemáticas de fondo.

Pero estas políticas de intervención urbana son un problema para el macrismo hoy. Primero porque se enfrenta por abajo a las causas del desgaste del kirchnerismo, como fueron las crisis desatadas por problemas estructurales no resueltos, donde entran el problema de la vivienda, la precariedad habitacional, las infraestructuras de servicio, las inundaciones recurrentes y el transporte público deficitario y ahora más caro. Pero además, el camino de desarrollar el mercado inmobiliario es por ahora limitado porque que es una rama muy ligada al crecimiento de la economía en general y capital para invertir, cosa que no hay, y para las obras vistosas que valoricen el suelo hace falta presupuesto, cosa que tampoco.





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