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Capitán Fantástico: La educación como arena de lucha

Tiempo estimado 2:38 min


Recientemente se estrenó en los principales cines “Capitán Fantástico”, la nueva película protagonizada por Viggo Mortensen, en la que interpreta a Ben, un padre que junto a su esposa, ella budista, deciden darle a sus hijos una crianza por fuera de la que exige el aparato educativo convencional.

Lunes 5 de diciembre de 2016 | 00:30

En una feroz crítica al capitalismo, en pasajes de la película se repite en boca de los niños: “El poder al pueblo. Abajo el sistema!”.

La película revitaliza la problemática marxista acerca de qué es considerado educación, el rol de la misma haciendo a los sujetos funcionales al capitalismo o sujetos en y por la ideología dominante, derriba los mitos acerca de qué debe decirse o no a los niños, y devela el rol de sumisión con que la Iglesia forma a sus creyentes.

Capitán Fantástico en un desarrollo por momentos dramático y también con mucha ironía, pone en tela de juicio a la educación como espacio de arena de lucha en tanto cómo el currículum docente, la planificación educativa, los contenidos, involucran las relaciones de poder y la puja entre el aparato educativo funcional al Estado y los sectores oprimidos, en la lucha por la definición de qué es y que no es considerado cultura o qué debe o no ser considerado válido entre las prácticas sociales.

La película desarrolla cómo la educación implica así las luchas intrínsecas por la selección, distribución y clasificación de la cultura, es en este sentido que la educación no puede ser considerada neutral sino que es per sé una práctica política.

Los movimientos de rebelión, en el mundo actual, sobre todo aquellos de los jóvenes manifiestan ésta preocupación “en torno al hombre y de los hombres como seres en el mundo y con el mundo. En torno a qué y cómo están siendo. Al poner en tela de juicio la civilización de consumo, al denunciar las “burocracias” en todos sus matices” buscando la “afirmación de los hombres como sujetos de decisión”, tal como lo expresa Paulo Freire en “Pedagogía del Oprimido”.

La docencia enseña a los niños el desarrollo de la palabra, que tal como define el semiólogo Valentin Voloshinov en “El marxismo y la filosofía del lenguaje”, es el “fenómeno ideológico por excelencia”. La palabra pasa así a convertirse en un satélite de todo acto de comprensión e interpretación del mundo. Tal como asegura Voloshinov, en la palabra “se ponen en funcionamiento innumerables hilos ideológicos que traspasan todas las zonas de la comunicación social”.





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