Economía

PANORAMA ECONÓMICO

Los buitres y el dilema oficial frente a la recesión

Tiempo estimado 8:18 min


Aunque sin convulsiones, la economía cierra el año en recesión. Los dólares para la reactivación dependen en gran medida de un acuerdo con los buitres. Es una prioridad en la agenda burguesa de 2015 junto con un mayor ajuste al salario

Pablo Anino

@PabloAnino

Martes 30 de diciembre de 2014 | Edición del día

El oficialismo festeja que terminó el año sin mayores convulsiones. No es poco. En enero había cedido a las presiones devaluatorias ajustando el tipo de cambio 23%. Esto implicó un aceleramiento del aumento de precios en los primeros meses del año.

Pero la estabilización posterior de variables como el tipo de cambio y la inflación fue al costo de empujar a la economía a zona de recesión.

Algunos cálculos estiman que la caída de la actividad en 2014 fue del 2,7%. El gobierno lo niega. Según el oficialismo la economía no está en recesión, sino simplemente estancada: en el acumulado hasta el tercer trimestre el crecimiento fue cero y en ese período la variación interanual negativa (-0,8), según anunció el INDEC durante este lunes.

En la industria la retracción es más profunda. Los datos oficiales indican una contracción de 2,6% en el acumulado a noviembre. Los privados dicen que es superior: -4,5% según Orlando Ferreres.

La comparación de las tasas “chinas” del pasado con la recesión actual debería arrojar una conclusión: el “modelo” tuvo un alcance limitado que duró mientras duraron los altos precios de la soja y las buenas condiciones internacionales. Y también mientras duró la ventaja que sacaron las patronales con la mega devaluación de Duhalde.

El relato oficial se devaluó tanto que este fin de año celebra la recesión que intenta volcarse sobre las espaldas de la clase obrera con licuación del salario real y pérdidas de puestos de trabajo.

Buitres sin vacaciones

Desde enero el gobierno tendrá menos condicionamientos para entablar una negociación con los fondos buitre.

Es que ya no estará vigente la cláusula Rufo que impide hacer una mejor oferta a los buitres que la realizada a los que aceptaron los canjes de 2005 y 2010.

En Nueva York se van sumando nuevos buitres a la causa iniciada por Paul Singer. Se trata de los denominados “me too” (yo también) que buscan beneficiarse con el fallo de Griesa. El litigio original sumaba demandas por unos u$s1.600 millones de dólares. Ahora el total a pagar sumaría u$s6.400 millones de dólares.

Esa sumatoria de buitres litigantes, si bien no son responsabilidad del ministro, es algo que Axel Kicillof le habría solicitado al mediador Daniel Pollack para negociar con todos y no sólo con una parte de los que no entraron a los canjes.

El gobierno se enfrenta a una disyuntiva. Un acuerdo dejaría en evidencia que el slogan “patria o buitres” era sólo para la tribuna.

Por el contrario, no alcanzar un arreglo prolongaría la escasez de dólares que condujo a la economía a zona de recesión.

El gobierno logró recomponer este fin de año las reservas del Banco Central que atesoraban u$s30.855 millones el viernes 19/12, casi lo mismo que hace un año.

Pero hasta 2011 las reservas crecieron persistentemente por las ganancias del comercio exterior que se han reducido notoriamente. Ahora la contingente recuperación de reservas se logró por el “swap” de monedas con China, el ingreso de dólares de las telefónicas para el negocio 4G y el ofrecimiento jugosos bonos “dólar linked” para cerealeras y aseguradoras.

El INDEC anunció este lunes que se perdieron u$s776 millones durante el tercer trimestre del año por la cuenta corriente del balance de pagos. En gran medida esa sangría se explica por las ganancias que se llevaron las empresas extranjeras: u$s2.292 millones de dólares (casi $20.000 millones al tipo de cambio oficial) en un solo trimestre. Es más que el presupuesto que tuvo la Asignación Universal por Hijo en todo 2014. Es una pequeña muestra de quienes ganan con el “modelo”.

Las tendencias indican que difícilmente se puedan recomponer reservas por el comercio como ocurría años atrás. Los dólares de las exportaciones cada vez son menos y los pagos de deuda y las ganancias imperialistas que se van del país cada vez más.

De todas formas, el oficialismo logró recomponer las reservas para defender el tipo de cambio. Así exorcizó por el momento nuevos desafíos a la política cambiaria. Pero esos dólares no son suficientes para reactivar la economía.

El equipo económico intentó hace sólo quince días emitir deuda y el mercado casi ignoró el llamado. Ese fracaso fue calificado como exitoso por el ministro Kicillof. Un desatino.

Por eso, un acuerdo con los buitres podría ser la vía más rápida para conseguir dólares.

No obstante, si es que se inician esas negociaciones, en el mejor de los casos, los dólares llegarían tardíamente.

Es que el oficialismo había puesto la proa para volver a los “mercados” hace un año atrás. Para ello hizo acuerdos con el Ciadi, Repsol y el Club de París. La deuda superó con esos compromisos los u$s215 mil millones mientras hace casi una década, luego del canje 2005, estaba en u$s126 mil millones. El “desendeudamiento” quedará como una reliquia de museo para cuando el kirchnerismo deje el poder en diciembre próximo.

Hasta ahora esos acuerdos sólo le significaron costos políticos en términos del relato, miles de millones en nueva deuda y cientos de millones de dólares que se fueron en su cancelación en cuotas. Y el oficialismo todavía no pudo usufructuar de ningún beneficio por rendir pleitesía a los “mercados” que le piden más. Y ese más que piden es un arreglo con los buitres.

Cerrar ese frente de batalla es una tarea que exige toda la burguesía, pero cerrarlo pronto para el gobierno tendría el beneficio de dólares frescos que le darían mayor capacidad de maniobra durante la transición hacia el nuevo período presidencial. Eso sí, el relato se seguiría devaluando.

Salarios por el piso y ganancias récord

El año que se termina arroja que el salario promedio se incrementó cerca del 26% en las paritarias considerando la aplicación del aumento en cuotas. Esa suba estuvo muy por detrás de la inflación que según el cálculo que se tome se ubica entre el 35% y el 40%. Esta comparación vale para los trabajadores registrados porque al tercio de la fuerza de trabajo que está sin registrar la situación es peor. Son 4,1 millones de trabajadores que no tienen aguinaldo, obra social y mucho menos pueden discutir su salario en paritarias.

En el tercer trimestre, el 70% de los ocupados (tanto los registrados como los que no lo están) obtuvo ingresos menores a $7.000 cuando se considera la ocupación principal del hogar (la situación es más grave cuando se consideran todas las ocupaciones). Mientras, la canasta familiar no baja de los $12.000.

La tasa de empleo está en los menores niveles de los últimos años. Esto significa cientos de miles de puestos de trabajo que se destruyeron.

En contraposición, las ganancias por la especulación bursátil superaron holgadamente a la inflación. Los grandes triunfadores son los bancos. Arrancaron el año sacando ventaja con la devaluación que les permitió embolsarse $10 mil millones en pocos días.

El Merval ganó 55% en el año, incluso a pesar de los retrocesos parciales que tuvo durante en diciembre. Pero hay papeles de empresas que superaron el 100% de incremento. La composición de las acciones líderes de la bolsa es una expresión, aunque distorsionada, de la economía nacional. Allí se va consolidando la predominancia de bancos y empresas ligadas a los negocios petroleros.

No todos los sectores empresariales gozan de la buena salud de sus ganancias. Como siempre, los primeros que se desangran con la recesión son los pequeños capitales y comerciantes. Muchos de ellos se apuran también a descargar los efectos sobre sus trabajadores, por lo general los peor pagos y en gran parte no registrados.

El oficialismo debería abstenerse de hablar de inclusión, distribución del ingreso y del combate a las corporaciones. Este fin de año el festejo es para las grandes patronales.





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